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martes, 19 de mayo de 2009

Permisivismo y libertad en la educación


Los adolescentes necesitan de la autoridad para su crecimiento en auténtica libertad; es como un pilar fuerte al que agarrarse cuando todo se les tambalea
La falta de autoridad en padres y profesores contribuye a acentuar la inseguridad y dificulta la libertad de los adolescentes; y parece evidente que hay crisis de autoridad en muchos padres y en bastantes profesores. Autoridad que por otro lado tampoco está demasiado potenciada por el sistema educativo que nos rige en la actualidad ni por las administraciones educativas.

Es bien cierto que muchos adolescentes hacen lo que quieren en casa y en el colegio; los padres tienden a responsabilizar a los profesores del fracaso de los hijos y con frecuencia los desautorizan, con lo cual aun les merman más su autoridad. Y los profesores son incapaces de hacer nada ante el permisivismo y la falta de autoridad de los padres. Unos por otros esa falta de autoridad también repercute negativamente en la educación de la libertad y en el ejercicio de la misma.

Aunque aparentemente la rechacen, los adolescentes necesitan de la autoridad para su crecimiento en auténtica libertad; es como un pilar fuerte al que agarrarse cuando todo se les tambalea. Algo que les da seguridad ante su inseguridad personal. Y si no la encuentran en los mayores la buscarán en el grupo o la pandilla. La coherencia y autoridad moral de los educadores es como la veleta o la referencia que les orienta en el proceloso mar de la adolescencia. Por el contrario, la falta de autoridad en quienes más cerca tienen contribuye a su inseguridad y desorientación, además de suponer una falta de referentes positivos que incide en el relativismo ético y en el indiferentismo, enemigos ambos de la verdadera libertad.

Por supuesto que no hay que confundir esta autoridad con el autoritarismo, ni con obligar a hacer las cosas porque sí, ni con lo de “la letra con sangre entra”. Ha de ser autoridad moral, basada en el ejemplo y en el prestigio. Autoridad que se tiene pero que se ejerce muy poco. Autoridad que cumple siempre lo que promete, que es justa y coherente, pero que en ocasiones sabe ser “injusta” en cuanto trata de manera desigual a personas desiguales. (¡Cómo cuesta entender esto a los adolescentes!)

La autoridad de la que hablamos es aquella que no tiene miedo a rectificar y pedir perdón si se ha equivocado. Que puede ser flexible y tolerante en algunas ocasiones, pero raras veces pasar por alto o hacer la vista gorda ante lo que está mal, sobre todo si esa actitud puede interpretarse como indiferencia. Y también es autoridad que se preocupa más de corregir que de castigar, que se ejerce con pocas palabras y con la sonrisa en los labios, y que procura siempre ser dialogante, dando razones aún a riesgo de que no sean entendidas. Y ello sin tirar nunca la toalla.

Por último, es autoridad que sabe dar libertad de forma progresiva, incluso hasta permitir que se equivoquen sin retraerles nada, pero exigiendo siempre la correspondiente responsabilidad. Es en definitiva la autoridad de un ser libre que valora sobremanera este don que Dios ha concedido al hombre y que por tanto lo quiere no solo para sí, sino para todos.

Federico Gómez Pardo
Fuente: Forum Libertas

sábado, 16 de mayo de 2009

Hijos fuertes ante las adversidades


Lo quiero todo y ahora
Hago lo que me apetece y no me supone demasiado esfuerzo
Me lo merezco todo
Trabajo, sí, pero lo justo para cubrir el "expediente"
Soy un niño, estoy aquí para jugar y divertirme

Parece que el inconsciente de nuestros hijos funciona con las premisas anteriores. El mínimo esfuerzo, el máximo placer. Desde que son pequeños les hemos acostumbrado a llevar una vida fácil y cómoda, a menudo lindante con una vida egoísta y dependiente.

Al principio no nos damos cuenta: son tan pequeños y tan vulnerables que creemos que lo mejor es darle todo tipo de comodidades y seguridad. Con el tiempo nos percatamos que no hemos sabido combinar esa comodidad con exigencia, esa seguridad con esfuerzo. Resultado: nuestros hijos crecen frágiles, con poca resistencia a la frustración y con pocas aptitudes de superación.

Es importante educar a nuestros hijos en la reciedumbre, en la capacidad de superar y afrontar dificultades. Debemos desarrollar en ellos desde pequeños una voluntad fuerte, sentido del sacrificio y fortaleza interior.

Los adultos bien sabemos que la vida no es fácil. Nos depara sorpresas, a menudo dolorosas y difíciles de soportar. Nos exige sacrificios, privaciones y nos da muchas lecciones de humildad. Y esta es la vida con la que se encontrarán nuestros hijos: con momentos buenos y momentos malos. Preparémoslos para sacar el mejor partido de todos esos instantes comenzando ya.

¿Quieres saber cómo ayudar a tu hijo a superar las dificultades del día a día?
14 reglas de oro para educar a tu hijo con reciedumbre

Para tener reciedumbre, hay que estar seguro de uno mismo. La base de la seguridad de toda persona reside en el respeto y el amor que recibe de las personas que quiere. Por eso, trata a tu hijo como a la persona más importante del mundo. Dile a menudo: "Nunca dejaré de quererte, hagas lo que hagas", lo que no quita que se le recrimine por su comportamiento negativo.

Enséñale autocontrol. Enséñale a acabar lo que empieza, a dilatar la gratificación, a controlar sus impulsos. Para ello, desarrolla con él un vocabulario de sentimientos. Muchos niños se sienten frustrados y agresivos porque no saben expresar sus sentimientos. Lloriquean, se quejan, pegan y desisten de sus intenciones. Escribe en una pizarra todos los adjetivos que muestran enfado o tristeza: enojado, irritado, enfurecido, etc. Cuando tu hijo esté enfadado, úsalas para que pueda identificar sus sentimientos: "Parece que estás realmente furioso; hoy los deberes son más difíciles que otros días ¿verdad?" Esto es suficiente para que se sienta comprendido y haga un esfuerzo "extra".

Estimula su aprobación interna. Haz que tu hijo no dependa de tu aprobación sino de su propio reconocimiento. Para ello, cambia los pronombre "yo" por "tu":

- Incorrecto: Estoy muy orgullosa porque no has caído en la provocación de tu hermano.
- Correcto: Debes estar muy orgulloso por no haber caído en la provocación de tu hermano.

Actuando de este modo, conseguirás que se mueva por sus propios objetivos y opiniones, no por lo que piensen los demás de él.

Sé modelo de autocontrol para tu hijo. Si estás en una cola y alguien se cuela, si conduciendo te pitan e insultan, si se te ha borrado el trabajo del ordenador o si tu hijo te reta a una lucha de poder recuerda que eres modelo de autocontrol para tu hijo. Tenlo en mente y aprovecha las circunstancias del día a día para enseñar autocontrol a tus hijos. La técnica de parar, pensar y actuar ayuda en este sentido.
Pregúntate si compras impulsivamente, si discutes con demasiada vehemencia, si te dejas llevar por tu estado de ánimo; si te quejas cuando las cosas no salen como deberían, si te niegas a comer lo que no te gusta o si no le das importancia a la puntualidad. Son pequeños detalles que los niños registran en sus mentes y van conformando su personalidad.

Habla con tu hijo sobre lo que es autocontrol. Explícale que cuando "se aguantan las ganas" de tomarse el postre antes de cenar, de insultar a un compañero que le ha ofendido o de jugar al ordenador cuando no toca está teniendo autocontrol. Identifica las diferentes situaciones del día en que tu hijo supera la tentación y házselo saber: Marcos te ha dicho en el colegio que hagas una cosa que tu no querías hacer y no la has hecho. Eso es autocontrol. Debes estar muy contento de haberlo conseguido. Acostúmbrate a utilizar la palabra "autocontrol" en tu casa para que aprendan a reconocer en ellos esta cualidad.

Dale responsabilidades a tu hijo, además de la de estudiar y sacar buenas notas. Reparte de manera proporcional las tareas del hogar y exige su cumplimiento con la calidad que se merecen.
No bajes el tablón de exigencia solo porque tú hijo es pequeño o porque tiene mucho que estudiar. Si tiene capacidad de realizarlas, debe cumplirlas con la máxima calidad.

No acudas cada vez que te llama porque no siempre que te llama te necesita. De hecho, tu hijo necesita llorar, equivocarse y rectificar sin tu ayuda. Dale espacio y tiempo para aprender a superar por sí mismo sus problemas.

No cedas ante sus caprichos y berrinches. Hay cosas que se pueden explicar y negociar pero hay otras que deben aprender a aceptar sencillamente por el prestigio de los padres.

Quiérelo con detalles, con tu tiempo, con tu presencia, con tu ánimo y con tus palabras pero no evitando que consiga cosas por sí mismo, esforzándose y superándose.

Enséñale a enfrentarse a la injusticia. Utiliza para ello las reuniones familiares. En ellas tus hijos se implicarán y podrán defender sus puntos de vista, respetando los de los demás. El objetivo es que, con el tiempo, sean capaces de defender sus principios y actuar en consecuencia.

Enséñale deportividad, enséñale a jugar limpio. El deporte es una gran herramienta para fomentar el esfuerzo, la perseverancia y la superación de uno mismo.

Establece unas normas claras y sus consecuencias. Asegúrate que todos las conocen y trata de cumplirlas, tú el primero. Un solo consejo: sé consecuente con ellas.

Fomenta el sentido del humor. Evita sobredimensionar los problemas con buen humor y alegría. Un padre o una madre divertidos y alegres son tan o más dignos de crédito que aquellos padres huraños y culpabilizadores.

Formula y comparte un enunciado familiar que guie vuestro comportamiento: Esta familia hace lo que debe, no solo lo que le apetece
Fuente: Solo Hijos News

martes, 10 de junio de 2008

Niño consentido = Adolescente agresivo

Un niño consentido puede terminar siendo adolescente agresivo. La violencia real no está en las calles ni en los institutos sino en el hogar, dijo hace una década, Javier Urra, psicólogo de la Fiscalia del Menor de Madrid.



Es en el hogar donde se puede cambiar el perfil actual del mundo. Autoridad, competencia y confianza son las armas de los padres educadores

Javier Urra Portillo repitió hasta la saciedad que los niños eran generalmente, las víctimas de esta violencia pero, también ocasionalmente, los agresores. Aquel "ocasionalmente" se ha ido acentuando con el tiempo.

Al despacho de Javier Urra llegan ya, con una frecuencia cada vez más alarmante, padres pidiendo ayuda, padres que no saben cómo controlar a hijos apenas adolescentes, padres que han perdido toda autoridad, y lo que es peor, padres tan angustiados como asustados porque ya han sufrido los primeros embates de una criatura sin control alguno que para conseguir lo que quiere, aquí, ahora, ya, no duda en utilizar no ya el chantaje, el engaño, y las amenazas, sino la violencia física pura y dura.

Sobre todo ello Javier Urra ha escrito un libro desolador y también ejemplar que muchos padres deberían aprenderse de memoria para evitar su propia infelicidad y la de sus hijos. Lleva por título, «El pequeño dictador»,




En realidad los pequeños dictadores que él conoce y de los que habla son criaturas despóticas y crueles que si nadie les abre la mente a tiempo con una buena ración de disciplina y racionalidad terminarán llenando los reformatorios primero y las cárceles después.

«Seguramente el título es demasiado blando para la realidad que denuncio» explica Javier Urra, «aunque ya se aclara en los dos subtítulos: Cuando los padres son las víctimas y Del niño consentido al adolescente agresivo. Yo soy consciente de que seré criticado por muchos, que me llamarán alarmista y me acusarán de estigmatizar a niños y jóvenes... Ya sé que en la mayoría de los hogares la relación padres/hijos funciona muy bien y que ambos se sienten mutuamente orgullosos, se comprenden, se respetan y se quieren. Pero no tengo mas remedio que denunciar una realidad que está creciendo exponencialmente ante mis ojos, día a día, y eso pese a la resistencia de los padres a asumirla. Es muy duro para un padre o una madre admitir que su hijo le pega porque delata un clamoroso fracaso educativo».

P.- ¿De qué tipo de niños hablamos?

R.- Se trata en su mayoría de hijos únicos, o hijos últimos, cuyos hermanos han abandonado ya el hogar y que tratan de imponer su propia ley en casa. Son niños caprichosos, sin límites, que dan órdenes a los padres, que organizan la vida familiar, que quieren ser constantemente el centro de atención. Son desobedientes, desafiantes, no aceptan frustración alguna... Lo que quieren, lo quieren al instante... y si no se les pone límite, si los padres no ponen coto a sus desmanes seguramente se convertirán en adolescentes conflictivos mucho más difíciles de controlar.

P.- ¿En qué momento se da ese primer paso que luego ya es imparable?

R.- Se da a edades muy tempranas y por cosas absolutamente normales en un niño. Es normal que un niño tenga una rabieta cuando no consigue lo que quiere. Lo que no es normal es que el padre y la madre no sepan encauzar esas rabietas, no sepan que un niño debe aprender a no tener todo cuanto quiere, no consigan enseñarle cómo afrontar una frustración, algo que necesariamente el niño tendrá que aprender para poder desenvolverse el día de mañana en la vida...

P.- Así que empieza con rabietas inocentes mal llevadas por los padres...

R.- Ese niño que tira el bocadillo que lleva de casa porque lo que quiere es un donut, y va la madre y se lo compra. Ese niño que no cede el columpio en un jardín público sin que la madre haga la menor señal para obligarle a dejarlo y enseñarle a compartir las cosas. Ese niño que pega desde muy crío sin que nadie le enseñe que eso nunca debe hacerse... Esta mañana en el aeropuerto he visto una familia con un crío que no tendría más de tres años que le dio una patada a su abuelo cuando le dijo que no pusiera los pies en el asiento, ante la absoluta impasibilidad de sus padres... Jamás se debe hacer una broma sobre un niño que pega incluso si es pequeñito. El niño no es responsable a esa edad, pero sí sabe cuándo se le habla en serio. Los padres son los responsables de su educación. Si nadie le enseña desde pequeñito que nunca, nunca, se debe tratar con violencia a una persona, crecerá ignorante, creerá que pegar es un derecho adquirido y seguirá pegando mientras con ello consiga lo que quiere.

P.- ¿Qué realidad contradictoria se está dibujando? Hay que proteger niños maltratados por sus padres y a padres maltratados por sus hijos...

R.- Hemos pasado de una educación de respeto absoluto, casi de miedo al padre, al profesor, a las autoridades que la sociedad establece, en la que ciertamente se han cometido y se siguen cometiendo muchos abusos de autoridad, a una sociedad permisiva que educa a los niños en sus derechos pero no en sus deberes. De los niños traumatizados hemos pasado a la parálisis educativa por no traumatizar al niño. Se les cede, se les permite, se les ofrece todo lo que sus padres no tuvieron y ahí, en ese toma y daca, es donde muchos padres han perdido el norte, la autoridad y la fuerza moral.

«Niño agenda» y «niño llave»

P.- La vida de muchos padres es difícil: el trabajo, los horarios, las propias tensiones personales...

R.- Lo sé, lo sé... Vivimos contra reloj, no hay tiempo de escuchar, de contar cuentos o jugar con los hijos... Estamos demasiado cansados. Los niños viven ese estrés, son «niños-agenda» que van de una actividad extraescolar a otra, o niños que pasan mucho tiempo solos, o niños que deambulan entre la casa de un padre y una madre separados... Y luego los problemas de la propia estructura familiar, familias con uno o dos hijos, con lo que los «reyes de la casa» seguirán reinando toda su vida, familias nucleares, madres primerizas que se encuentran solas en su tarea, parejas separadas que ceden para evitar conflictos...

P.- Y el mundo, además, se ha hecho mucho más complejo...

R.- Y las diferencias educativas, los modelos, son múltiples y van desde los «niños-llave» que llevan colgada al cuello la llave de casa y pasan solos el resto de la jornada, frecuentemente ante el televisor, o niños superprotegidos a los que se les acompaña a todo sitio en todo momento...

P.- Autoridad, competencia y confianza eran las armas de los padres educadores. ¿Ya no sirven?

R.- ¡Claro que sirven! Lo que ocurre es que muchas veces, cuando escucho a los padres que vienen a mi despacho a lamentarse, tengo la sensación de que no sé quién es más adolescente, si los padres o los hijos. Hace un momento, donde tu estás sentada ahora, he tenido unos padres. Llegaron con un hijo de 14 años que entró el primero en mi despacho y sin mediar palabra se sentó en una de las dos sillas que hay. «Levántate de ahí, le dije, y deja ese sitio a tu madre». El chaval, obedeció al instante, y se corrió a la otra silla. «Ahí, tu padre. Tú de pie», tercié. Se levanto sin protestar. Le parecía lo más normal del mundo ocupar él el asiento. Luego hablé con unos y otros por separado. Los padres estaban asombrados, creían que eran unos buenos padres: «le damos lo que quiere, me decía el padre, le compramos ropa de marca con grandes esfuerzos porque aunque tengo un buen puesto de camarero en un buen restaurante, no me sobra la paga... Le paso 70 euros a la semana para sus gastos, su madre le compra una caja de tabaco rubio al día. Nada le basta y está comenzando a ser agresivo y ya no quiere ir a la escuela, no sabemos qué hacer con él...» El chico por su parte encontraba lo mas normal del mundo sus peticiones, eran sus padres y tenían que atender a sus necesidades...

P.- ¿Se querían?

R.- Escuchando al chico llegue a la misma conclusión que ya he llegado en otros casos. Son chicos que crecen en una gran desvinculación afectiva. No es que rechacen a sus padres, es que no tienen con ellos vínculo afectivo alguno.

P.- ¿Y eso ocurre en toda circunstancia?

R.- Esta desvinculación y las consiguientes agresiones no se dan en los niveles socioeconómicos bajos, no se da entre los gitanos... Se da sobre todo en hijos únicos, o en hijos que han tenido una equívoca relación edípica con su madre, una ambigua relación en la que la madre le consiente todo, permite que duerma en su cama, y no hablo de relación incestuosa, pero sí como una situación que el chico vive como diciendo «soy el rey de la casa». También algún niño que ha sido maltratado y cuando es mayor lo devuelve y pega a su madre. También porque ve que su padre pega a su madre para obtener dinero y el hijo hace otro tanto para obtener lo que quiere. En casos de separación mal llevados en los que el padre le dice al chico, «no hagas caso a tu madre, es una loca», y cuando su madre le obliga a ducharse, a estudiar, a llegar a la hora a casa, se rebela, da un portazo, da un empujón, y si ve que no hay respuesta, se crece y va a mayores.

Primero yo y siempre yo

P.- ¿Pasa con padres adoptivos?

R.-
Poco pero pasa. Pasa con esos padres adoptivos que se creen sin fuerza moral para educar. «Si se me enfrenta, a fin de cuentas no soy su padre...», se dicen, y ahí mismo está el problema: es el padre el que no se ha terminado de creer que realmente sí es el padre, no ha asumido sus responsabilidades de padre... De todas formas, el grupo principal que yo trato en mi consulta no provienen de estos sectores que hemos hablado sino entre hijos de nuevos ricos.

P.- ¿Nuevos ricos?

R.- Si, ese hijo de padres que han llegado a tener un poder adquisitivo que sus padres no tuvieron y que quieren dar a su hijo todo lo que ellos no tuvieron. Este hijo es el rey de la casa: primero yo, luego yo y siempre yo... Se admiten con normalidad cosas fuera de todo sentido. Mi mujer y yo cenamos la otra noche con un grupo de amigos. Sonó un móvil de uno de los reunidos. «Me tengo que ir, lo siento, pero tengo que recoger a mi hijo de la discoteca y no me lo había advertido antes...» Son niños que hacen y deshacen y disponen de los padres para todo sin pararse a consultar primero. La filosofía es lo que quiero, lo quiero ya, ahora mismo. Lo lleva pidiendo así desde que era un crío enrabietado. A los 4 años, hace gracia y la gente que le rodea, padres, abuelos... se ríe y le da lo que quiere. A los 7 años, un buen día, pega una patada a su madre porque no le da lo que quiere y no pasa nada: «cosas de críos». A los 13 el niño se ha convertido en el tirano de la casa, dice que no le da la gana ir al colegio y vuelve a las tantas, piensa que su casa es un hotel en el que entra y sale cuando quiere, abre la nevera y come cuando y cuanto quiere. Marca su territorio constantemente desbordando a sus padres, a su madre sobre todo, porque esos padres no suelen ni aparecer...

Jamás han sufrido un castigo

P.- ¿Y qué hace la Fiscalía cuando vienen padres a pedir ayuda?

R.- A veces si la relación con sus padres está muy emponzoñada, lo mejor es separar al chico, distanciarlo de sus padres y enviarlo a otro núcleo familiar, a un tío.... Son chicos que jamás han sufrido un castigo y ese primer castigo les impacta mucho. Nosotros sabemos que los chicos son los chivos expiatorios de una relación fallida, algo ha fallado en su entorno, hay que volver a reestablecer los lazos familiares de respeto y afectos perdidos. El problema es que muchos padres que vienen aquí pidiendo ayuda, no saben en realidad lo que quieren porque cuando el problema es serio y les proponemos hacernos cargo del chico, se retraen. «No, no, te dice el padre, es que parece como si le hubiéramos denunciado» «Oiga, les digo, es que usted lo está denunciado porque si no lo denuncia no puede entrar aquí».

P.- ¿El encierro es necesario?

R.- No siempre. A veces basta enviar a los servicios sociales cuyos profesionales estudian la situación, ven cómo se manejan los conflictos, por qué se calientan las cosas, qué errores hay por medio... Y entonces empieza una terapia de recuperación.

P.- ¿Se puede obligar a querer?

R.- Esa es la cuestión. No puedes obligar a querer. Tenemos padres que no saben ser padres. Más aún: nos encontramos con adultos que no son adultos y que siguen anclados en una adolescencia inmadura. El chico lo sabe y busca fuera ese norte, esa orientación que todo chico necesita. Lo busca en la calle, en las pandillas, en la droga... Por eso es bueno que los padres se cuestionen sobre ellos mismos: ¿son un buen ejemplo? porque hasta la adolescencia son los principales referentes de sus hijos. Por eso siempre he creído que para evitar futuros comportamientos violentos no hay nada tan rentable como la prevención con los niños más pequeños. Es en el hogar donde se puede variar el perfil arisco del mundo, si en ese hogar brilla el cariño, la comprensión y el respeto

Autor: solidaridad.net

miércoles, 5 de diciembre de 2007

Seguridad para niños solos en el hogar- Guía para padres


Consejos especiales para padres, sobre todo si por el trabajo u otras razones deben dejar solos a los niños

Su hijo de diez años regresa a casa de la escuela a las tres de la tarde y se ocupa de sus necesidades -- come algo, habla por teléfono, hace sus deberes, ve televisión -- hasta que usted llega a las seis.

El niño es demasiado grande para ir a una guardería infantil pero aún no es un adulto. Usted se preocupa, pero ¿qué puede hacer?

Usted no está solo.

Los padres que trabajan -- que son la mayoría en las familias de hoy en día -- comparten la ansiedad, frustración y aún el temor proveniente de dejar a los niños librados a si mismos cuando termina el horario escolar, cuando los arreglos con vecinos y parientes son imposibles o cuando, simplemente, no hay otras alternativas.

¿Están ellos capacitados?
¿Pueden sus niños...
cumplir estrictamente la orden de ir directamente a la casa luego de salir de la escuela?
usar facilmente el teléfono y los aparatos de la cocina y abrir cerraduras?
cumplir reglas y seguir bien las instrucciones?
enfrentar situaciones inesperadas sin caer en el pánico?
quedarse solos sin tener miedo?

Converse estos asuntos con ellos y escuche atentamente sus preocupaciones e ideas. Lleguen a un acuerdo sobre reglas a seguir al invitar a sus amigos, cumplir con las tareas de la casa, hacer los deberes y ver televisión. Recuerde que quedarse solo en casa puede fortalecer la auto - estima, el sentido de responsabilidad y las habilidades prácticas de su niño.
Asegúrese de que sus niños estén capacitados para cuidar de si mismos.
Enséñeles las reglas básicas de seguridad.
Sepa dónde están sus niños, qué están haciendo y con quién están.

Una palabra sobre la curiosidad...

¿Existen cosas que usted no desea que sus hijos toquen?
Dedique tiempo a hablarles sobre las consecuencias mortales de jugar con armas de fuego y herramientas eléctricas, o ingerir medicinas, bebidas alcohólicas y productos de limpieza. Asegúrese de mantener estos artículos en un lugar seguro, fuera de la vista y bajo llave o candado.

Enseñe a los niños que quedan solos en casa

Cómo llamar 911 o el número para emergencias de su área o cómo llamar a la operadora.
Cómo dar las direcciones para llegar a su casa en el caso de producirse una emergencia.
A llamarlo a usted o a un vecino inmediatamente después de llegar a la casa.
Que no deben aceptar regalos o subir al vehículo de alguien a quien no conozcan bien.
Cómo utilizar las cerraduras de puertas y ventanas y el sistema de alarma si hubiera alguno.
Que no deben dejar entrar a nadie en la casa sin antes pedirle permiso a usted.
Que no deben decir a nadie que llame o venga de visita que están solos (dirán «Mi mamá no puede atenderlo ahora»).
A llevar una llave de la casa en un lugar seguro (en el bolsillo de la camisa o en un calcetín) y a no dejarla bajo un felpudo o en una ranura.
Cómo escapar en caso de incendio.
A no entrar en una casa o apartamento vacío si las cosas no parecieran estar en orden ¿si ven una ventana que ha sido forzada, una lámpara rota o una puerta abierta.
A comunicarle a usted cualquier cosa que los asuste o les haga sentir incómodos.

¡
Asuma una posición!

Colabore con las escuelas, instituciones religiosas, bibliotecas, centros recreativos y comunales y las organizaciones de jóvenes en la creación de programas que le proveerán a los niños mayores de 10 años un lugar a donde ir y una ocupación a la cual dedicarse después de las clases, un lugar seguro para hacer los deberes, practicar deportes, tomar clases de manualidades, o donde les den tutoría. Y ¿no sería interesante un proyecto de mejoramiento de la comunidad que los mismos jóvenes pudieran diseñar y llevar a cabo?

Pídale a la empresa donde trabaja que auspicie una clase de Destrezas de Supervivencia para los hijos de los empleados. Se puede iniciar el programa con un desayuno o almuerzo para los padres y los hijos.

¿Su comunidad tiene una línea telefónica de auxilio para casos de crisis? Pida que se experimente con una línea de apoyo a la que los niños que están solos en la casa pueden llamar para solicitar ayuda en la ejecución de sus deberes o de comidas o simplemente para hablar con alguien.

Colabore con la compañía telefónica en la distribución de tarjetas 911 con espacio para que el niño escriba las instrucciones para llegar a su casa y los números de teléfono de los trabajos de sus padres.


El teléfono de lugar donde trabaja mamá o papá (Vecino)
Pariente o amigo que viva o trabaje cerca
Policía
Bomberos
Centro para casos de envenenamientos
Emergencia médica
Ayuda en caso de emergencia 911 u operadora

NOTA: Aquí transcribimos consejos de protección del
NCPC de USA. En casi todos los países latinoamericanos existen organizaciones similares, que brindan ayuda y la misma clase de consejos.

Fuente: Foro de Profesionales Latinoamericanos de seguridad