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jueves, 21 de octubre de 2010

El temor a los hijos


No podemos negar que las familias absorben, de la sociedad, la ausencia de autoridad, como así también el autoritarismo. Ambos extremos mantienen un hilo en común: el temor.

Esto sumerge a la familia en una crisis, que provoca que los padres no actúen con responsabilidad frente a ciertas conductas demandantes de los hijos.

Los padres temerosos se consideran erróneamente tolerantes y dejan que sus hijos tomen sus propias decisiones, establezcan sus propias normas y regulen solos su propio comportamiento.
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sábado, 2 de octubre de 2010

Terapia sistémica / Entrevista con el doctor Alfredo Canevaro- La familia como recurso terapéutico


"Intento promover un encuentro intenso y liberar los obstáculos para que el paciente pueda desarrollar el impulso natural y espontáneo que todos los seres humanos tienen de ir hacia el mundo.

Esto muchas veces está frenado por los conflictos no resueltos con la familia de origen", dijo el doctor Alfredo Canevaro, psiquiatra y psicoterapeuta argentino que desde hace 40 años trabaja intensamente en la terapia familiar. Canevaro, que recientemente visitó la Argetina para dictar un seminario sobre la terapia individual sistémica en la Fundación de Lactancia y Maternidad (Fundalam), es uno de los pioneros de esta disciplina.

Fue el primer presidente de la Sociedad Argentina de Terapia Familiar y director fundador de la revista Terapia f amiliar. Desde hace varios años, está radicado en Italia y es docente de la Escuela de Psicoterapia Mara Selvini Palazzoli, en Milán.

"Los seres humanos necesitamos la nutrición afectiva y la confirmación de nosotros mismos en nuestro proyecto existencial. Y esto, si bien es propio de cada uno, lo aportan nuestros padres, es decir, nuestra familia de origen, aunque muchas veces ellos no lo puedan brindar por miedo a quedarse solos, desprotegidos o abandonados", explicó el especialista que promueve sesiones compartidas para tratar de resolver los conflictos y las carencias afectivas.

"Es rehacer las valijas y partir nuevamente más seguros hacia su propio proyecto", subrayó.

Encuentro emocional

El experto enfatiza la importancia de la familia de origen como recurso terapéutico. En todos los modelos de la psicoterapia individual, el terapeuta busca valorizar las capacidades del paciente para creer en sí mismo y para buscar la propia identidad de manera libre y espontánea. En cambio, en este modelo de trabajo se intenta que sean también los padres o los demás familiares quienes den un fundamental mensaje de aceptación y confirmación. Este proceso no puede ocurrir solamente en el plano cognitivo, sino a través de un intenso encuentro emocional.

Según Canevaro, una familia es un sistema en el que las partes interactúan y se modifican recíprocamente. El ser humano adulto se debate permanentemente entre dos ejes fundamentales: la necesidad de pertenencia a un sistema familiar que nos ha dado la vida, el código genético y el nombre, con el que hemos acumulado infinitas interacciones. Y por otro lado, la necesidad de diferenciación, que es el impulso espontáneo que nos lleva a explorar el mundo y a diseñar un proyecto existencial autónomo.

Quien no tenga resueltas sus necesidades básicas puede hacer una sintomatología de cualquier tipo: depresiva, fóbica, obsesiva, ataque de pánico, problemas psicosomáticos, o "engancharse" en relaciones insatisfactorias, porque se busca en esos vínculos aquello de lo que se carece. Estas personas tienden a creer en el amor romántico, caen en la idealización recíproca, y a veces los malentendidos terminan inevitablemente en una frustración.

"La persona que hace una separación física de su seno familiar, a pesar de los conflictos irresueltos, intenta vanamente resolverlos a través de la relación afectiva con otras personas en el mundo. El cónyuge o el partner se siente maltratado cuando se le exige algo que no es suyo. De ahí nacen muchos problemas; entonces, lo que hago con las parejas es tratar de eliminar los conflictos no resueltos con cada familia de origen, que los lleva a la frustración, y promover una unión genuina entre ambos", explicó Canevaro.

Si un joven adulto tiene dificultad para organizar su proyecto existencial, o tiene conflicto con su familia y no puede diferenciarse ni insertarse en el mundo, sus amigos y terapeutas le aconsejarán, en general, apartarse de su núcleo familiar para poder realizar su proyecto personal. "En cambio, en mi filosofía terapéutica la diferenciación de cada individuo debe hacerse en el marco de la familia", enfatizó.

El psiquiatra acaba de publicar un libro que tiene mucho éxito en Italia - Cuando vuelan los cormoranes -, que trata de cómo aprovechar los recursos de la familia de origen y del partner en la terapia. Mientras los padres viven y no importa cuál sea su edad, un encuentro terapéutico que pueda abordar los nudos no resueltos y eventualmente logre desatarlos podría cambiar una vida.

"He visto -dijo- muchos pacientes que vinieron luego de varios fracasos terapéuticos. Cuando hay un sincero reconocimiento del daño cometido y existe un genuino pedido de perdón, se produce un vuelco extraordinario en la vida de la persona."

La técnica de la mochila

Canevaro se apoya en el trabajo con la familia de origen, a la que considera muy importante, para que cada paciente se desprenda y pueda volar libremente hacia su propio destino. A lo largo de todos estos años, ha creado técnicas experienciales que favorecen este trabajo para promover una relación afectiva que intensifique el proceso terapéutico.

Hace 15 años, Canevaro inventó la técnica de la "mochila". La utiliza cuando el joven adulto ya ha resuelto su conflicto y está enfrentando su proyecto existencial original. Entonces, llama a los padres a una sesión y les propone un breve ejercicio que debe hacerse "en el momento justo".

El ejercicio consiste en que el padre y la madre del paciente se sienten frente al hijo o a la hija, se tomen de las manos y se miren a los ojos. Los progenitores deben buscar dos o tres cosas de su propio carácter que hayan forjado a lo largo de sus vidas y de las cuales estén orgullosos. Luego, le darán esos dones a su hijo, que los llevará en su mochila en el largo camino de la vida.

"En ese momento, le digo al hijo que deje de sí a los padres dos o tres cosas de su propio carácter, de sus hobbies o de sus sueños. El ejercicio termina con el pedido de un abrazo, en silencio, y que cada uno apoye la cabeza sobre la espalda del otro el tiempo necesario. Se producen encuentros muy intensos y emotivos. Es un espaldarazo a la vida. Todos los pacientes me dicen que ese momento fue fundamental para sus vidas", concluyó Canevaro.

Fuente: La Nación

lunes, 13 de septiembre de 2010

El desarrollo del sentido moral en los niños

Distinguir el bien del mal es fundamental para vivir en sociedad. El sentido moral es el conjunto de valores que rigen el comportamiento. Mediante ellos, las personas deciden qué está bien y qué está mal. Pero para el recién nacido, nada es bueno o malo desde un punto de vista moral. Algunos expertos en psicología infantil consideran que el bebé nace sin ningún tipo de sentido moral. Es el caso del psiquiatra y padre del psicoanálisis Sigmund Freud, del psicólogo evolutivo Jean Piaget o del psicólogo estadounidense Lawrence Kohlberg.

Para el recién nacido, según estos autores, nada es bueno o malo desde un punto de vista moral. El proceso de socialización permite que los niños interioricen las normas sociales que ayudan a distinguir el bien del mal. A pesar de las diferencias que tienen sus respectivas teorías, todos coinciden en señalar que la moral se desarrolla en cada persona a medida que pasa por una serie de fases, que son las mismas para todos los seres humanos y que se dan en el mismo orden.

Osito bueno u osito malo

Sin embargo, estas opiniones no son las únicas e, incluso, hay ideas contrarias. Según las conclusiones de una investigación dirigida por Paul Bloom, de la Universidad de Yale (EE.UU.), los bebés nacen con un código ético embrionario. El trabajo se llevó a cabo en el Infant Cognition Center, donde se estudia el desarrollo psicológico de los niños. Allí se realizaron varios experimentos en los que, según concluyen los autores, los niños de seis meses elaboraron juicios morales. En el primero de ellos, los bebés contemplaban cómo una bola roja intentaba subir una montaña mientras era ayudada por un triángulo amarillo. En otras ocasiones, un cuadrado azul impedía que la bola roja subiera y ésta se veía obligada a descender. La mayoría de los bebés (80%) eligieron el triángulo amarillo como su personaje preferido. De este modo, aseguran los investigadores, habían elegido al personaje que se había comportado bien.

En la infancia y en la adolescencia se aprenden e interiorizan normas y valores que jugarán un importante papel en la identidad y la personalidad

En el siguiente experimento, los bebés observaban dos escenas. En una de ellas, un perro intentaba abrir una caja y un osito -ambos de peluche- le ayudaba. En otra escena, el osito se sentaba encima de la caja para que el perro no pudiera abrirla. Por último, en el tercero de los experimentos, un gato jugaba a la pelota con dos conejos. Cuando la pelota se le escapaba, uno de los dos conejos se la traía enseguida, mientras que el otro intentaba quedársela. La mayoría de los bebés escogieron como personaje preferido al peluche que ayudaba, es decir, que había obrado bien.

Tras analizar estos resultados, los investigadores creen que autores como Freud, Piaget o Kohlberg están equivocados y que los bebés nacen con ciertas nociones, aunque muy básicas, sobre qué está bien y qué está mal. Para Montserrat Conde, profesora de psicología en la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), "la adquisición del sentido moral y de la expresión de la conducta moral está en manos de los agentes socializantes y, sobre todo, de la familia. No obstante, hay autores que creen que el niño nace con un sentido moral rudimentario. Es difícil demostrar cualquiera de las dos posturas pero considerar como verdadera esta última supone aceptar que hay un código moral universal". En su opinión, esto sería una afirmación controvertida.

Desarrollo del sentido moral

Aída Pérez, psicóloga y directora de la Fundación Sorapán de Rieros, entidad sin ánimo de lucro que trabaja por las personas con enfermedad mental, puntualiza que el desarrollo del sentido moral es fruto de varios factores interrelacionados: el desarrollo cognitivo, las experiencias del niño con su entorno (sobre todo, los hechos que provoquen en él reflexión) y rasgos de comportamiento genéticamente condicionados.

Es muy difícil establecer a qué edad los niños son capaces de empezar a distinguir el bien del mal. Conde considera que la adquisición de estos valores, aunque se dé al inicio de la infancia, "se estabiliza a lo largo de un período de tiempo bastante largo y no coincidente para todos". A su entender, el período que transcurre durante la socialización (infancia y adolescencia) resulta vital para ello.

En estas etapas, el niño aprende e interioriza un repertorio de normas y valores, entre ellos la idea del bien y el mal, que jugarán un importante papel en la constitución futura de su identidad y de su personalidad. En algo coinciden todos los investigadores: es fundamental el papel que juegan los agentes socializantes. Entre ellos, destaca el de los padres. "La interacción entre padres e hijos en la vida diaria facilita esta transmisión de valores", señala Conde.

La importancia de la escuela

Los padres son fundamentales en el desarrollo moral del niño. Pero, a medida que éste crece, el papel de la escuela y de sus iguales adquiere más relevancia. Los niños pasan muchas horas en el colegio y, en la adolescencia, encuentran sus principales referencias entre sus iguales. Pérez afirma que en "primaria se plantean asambleas periódicas para estimular la reflexión y el diálogo sobre valores. Lo mismo ocurre en secundaria con las tutorías grupales". De manera transversal, los valores están presentes en todas las materias y asignaturas escolares.

Por otro lado, muchos progenitores no pueden o no saben cumplir con su función de educadores. La falta de tiempo, sus propias crisis personales o valores erróneos pueden entorpecer eldesarrollo moral de los hijos. Se mira a la escuela para que ésta corrija las posibles carencias morales que los niños tienen en casa.

¿Se pueden compensar en clase estas carencias morales? Depende de la edad del niño, de la capacidad de influencia que las figuras educativas tengan en él y de su grupo de compañeros. "En una situación óptima, en un niño menor de doce años, cuando los educadores tienen mucho peso y siempre que desde casa se valore el papel de éstos, es posible si además el pequeño, cuenta con buenos compañeros", apunta Pérez. En la adolescencia resulta bastante complicado.

No siempre copian a sus figuras de referencia

¿Se puede fumar delante de los hijos? ¿Tomar una copa? ¿Decir una palabrota? Numerosos padres creen que deben mostrar siempre un comportamiento inmaculado ante sus hijos. Para Conde, el hecho de que el aprendizaje observacional tenga buenos resultados en el niño no significa que todos los actos del adulto se copien. "Por norma general, los niños entienden bastante bien su rol", subraya. Los pequeños conocen las diferencias entre qué pueden hacer los adultos y qué actuaciones no son apropiadas para los niños.

Respecto a su exposición a los medios de comunicación y el seguimiento que hacen en ellos de sus ídolos, como cantantes, futbolistas o actores, propicia que estos se convierten en figuras que cobran importancia en el mundo interior de los pequeños. ¿En qué medida influye el comportamiento de los ídolos infantiles en el desarrollo moral de los niños? Pérez considera que los menores pueden querer imitar la conducta de sus ídolos, pero el desarrollo moral se refiere a cuestiones más profundas y amplias. "Los ídolos son personas que no están en su entorno inmediato, por lo que su influencia es relativa, aunque pueden convertirse en una motivación para el éxito", agrega.

El papel de la empatía

La empatía es la capacidad de penetrar de manera profunda, a través de la imaginación, en los sentimientos y en las motivaciones del otro. Sin empatía, no se puede desarrollar el sentido moral. No se puede discernir qué está bien y qué está mal, porque estos juicios dependen, en gran medida, de distinguir entre qué es bueno y qué es malo para los demás. "Alrededor del año y medio de vida, el niño comienza a tener empatía", afirma Montserrat Conde. Su familia, profesores y amigos, entre otros, influirán sobre él para que aprenda a tener en cuenta los deseos de los demás, ser participativo y colaborador en los juegos y expresar emociones negativas y positivas. "Todo ello para que, en suma, aprenda a ponerse en el lugar del otro", añade.

Expertos como Martin Hoffman, psicólogo de la Universidad de Nueva York (EE.UU.), colocan la empatía en el centro del desarrollo moral de los niños: "El afecto moral o la empatía es el factor más importante que mueve a ayudar a otros". Determinados trastornos psicológicos impiden que se desarrolle la empatía. Uno de ellos es el trastorno de personalidad antisocial, más habitual en personas procedentes de ambientes familiares desestructurados y sin referentes que, según Conde, "muestran un comportamiento carente por completo de remordimientos". La especialista precisa que son personas que tienden a crear códigos propios, por lo que sólo sienten culpa al infringir sus propias reglas, pero no los códigos comunes establecidos por la sociedad.

José Andrés Rodríguez
Fuente: Consumer

martes, 31 de agosto de 2010

La ansiedad en los niños dificulta el aprendizaje escolar


La ansiedad infantil es hoy en día un trastorno muy común que, no tratado como corresponde, interfiere en el aprendizaje escolar de los niños.

La ansiedad se desarrolla en los niños ante nuevas situaciones que no pueden gestionar y, sobre todo, cuando tienen sensación de inseguridad. Además de la oscuridad y de los ruidos fuertes, los niños aumentan su nerviosismo cuando detectan que algo no va bien. A pesar de que la situación que les ocasiona inquietud se puede superar con la ayuda de un adulto, es muy útil aprender o enseñarles cómo afrontar sentimientos de nerviosismo y desasosiego.

Desde los ocho meses, un bebé es capaz de distinguir entre un familiar y un desconocido. Se inquieta al separarle de las personas que le cuidan. Algunos tienen miedo a estados específicos o a animales, como los perros, y otros a situaciones indeterminadas, como vivir sus propias experiencias.

Los cambios repentinos e inesperados les ponen nerviosos. Ayudar a un niño a sentirse seguro en su día a día es una prioridad que consiste en seguir determinadas rutinas, tan sencillas como fijar un horario para comer, cenar y dormir.

Para los menores que sufren un trastorno de ansiedad, desde la asociación de salud mental de Westchester (EE.UU.) lanzan una serie de recomendaciones:

•A los menores les preocupa qué les pasará a ellos y a sus seres queridos. Hay que escuchar siempre qué quieren saber y contestar de manera franca a sus preguntas. Los adultos no siempre tienen respuesta para todo, por ello hay que explicarles que, en ocasiones, no se entiende la razón de determinados eventos (una muerte traumática). Es una buena ocasión para enseñar valores e ideas.

•Hay que animarles a que expresen sus inquietudes, aunque pocos quieren hablar sobre sus miedos. Otros lo hacen mejor con dibujos o mediante juegos.

•Cuando aprenden a expresar sus sentimientos, conviene poner nombre a las sensaciones que tienen. Si se quiere iniciar una conversación sobre un tema con los hijos, son preferibles varias conversaciones cortas que una prolongada. Nunca hay que insistir si el pequeño no está preparado.

•Dibujar o jugar son actividades que ayudan a los niños a disipar la energía que les causa la ansiedad. En el caso de que un hecho traumático la provoque, les es útil escribir cartas a los afectados porque les satisface la necesidad de ayudar o hacer algo importante por ellos.

•Los niños necesitan escuchar el mismo mensaje repetidas veces, incluso, reiterar sus inquietudes con frecuencia. Algunos niños repiten el mismo juego una y otra vez cuando han estado implicados en un accidente. Se les puede ayudar si se les enseña un resultado diferente y positivo. Una posibilidad es aportar la visión de un miembro del equipo de rescate.

•Hay que vigilar que no vean imágenes en la televisión que les provoquen miedo, como programas de noticias demasiado dramáticas, sobre todo, si un adulto no les acompaña. Hay que escoger qué ven y escuchan.

•Por último, los adultos tienen que solucionar sus propias inquietudes para ayudar a los pequeños a superar las suyas.

Fuente: Consumer

viernes, 30 de julio de 2010

Trastornos de ansiedad social en los niños


Paradójicamente, la explosión de la tecnología de la información y la comunicación podría aislar a los chicos, más aún en aquellos que posean ciertas tendencias,podría favorecer la aparición de trastornos como la ansiedad social o fobia social.

La Lic. Gabriela Martínez Castro, directora del Centro de Estudios Especializados en Trastornos de Ansiedad (CEETA) afirma que son tres las causas que pueden desencadenar la aparición de la fobia: la primera es genética; la segunda tiene que ver con el medio socioambiental donde se ha crecido; la última está compuesta por los estresores desencadenantes, aquellos factores estresantes que determinan las situaciones (desaprobar un examen, ser criticado en público, hacer un papelón, etc.).

Si se favorece el crecimiento de los chicos en un ambiente que no proponga la comunicación de modo directo, pueden carecer luego de los recursos sociales para interactuar. No debe pensarse en este punto sobre circunstancias complejas; pueden presentar problemas hasta para pedir un favor, al saludar, comportarse en la mesa, acordar salidas, ir a un baño público, hablar en presencia de otras personas.

La exacerbación del uso de los modos virtuales de comunicación -en todas sus variantes: redes sociales, messenger, sms, chats- puede tener un rol negativo en la maduración como personas.

Internet brinda protección –esto es aparente, también conlleva algunos riesgos-, la pantalla da anonimato, los chicos no necesitan para desenvolverse a través de ella la componente gestual del lenguaje, les permite evitar el temor a ser rechazados, a ser criticados. Si se encierran en ella, y no se los estimula para desarrollar destrezas sociales, podrían aislarse y hasta perder los recursos para contactarse cara a cara.

“En muchos casos, vemos chicos -cada vez más pequeños, de 9, 10 u 11 años- que ven facilitado o promovido el acceso a estas tecnologías, lamentablemente” afirma Martínez Castro, “no quiere decir que el uso de Internet sea malo, sólo que debe combinarse con el desarrollo de las otras formas de comunicación. Se verifica, en la escuela, que chatean –aún a escondidas- con compañeros de curso, presentes en la misma aula”.

Algunos consejos para que los padres puedan encontrar un equilibrio, entre la necesidad de integrar y educar digitalmente a los chicos y la obtención de competencias sociales:

* No favorecer el acceso a estas modalidades de comunicación en edades muy tempranas
* Impulsar la interacción cara a cara
* Poner tiempo límite para el uso de Internet (en todas las modalidades) ´

Y sobre todo

* Dar ejemplo: la familia debe desarrollar una vida social rica. Los chicos deben crecer en un ambiente donde se reciba gente, donde lleguen amigos, donde se los visite. Los padres deben mostrar una vida social lógica.

Más información en: www.ceeta.com.ar
Fuente: Infancia hoy

lunes, 23 de noviembre de 2009

Suicidios adolescentes


Es la primera vez que me motiva escribir el espanto. En la mayoría de los países desarrollados, el suicidio de adolescentes constituye la segunda causa principal de muerte, después de los accidentes.

Investigué, leí artículos y no pude salir del asombro. La imagen de la arena escurriéndose entre los dedos la asocio a cómo se nos escapan, a padres y educadores, los problemas que adolecen nuestros niños y jóvenes hoy.

Unos días atrás, un adolescente de 14 años, de una pequeña localidad de la provincia de Neuquén, en el sur de la Argentina, se disparó un tiro en el pecho. Lo hizo, frente a una profesora y un preceptor, en la escuela a la cual concurría.

Según informó la policía, un "disparo en el pecho, a la altura del corazón, con un revólver calibre 32 milímetros" ocasionó la muerte del adolescente. Paradójicamente, la escuela se llama Dr. René Favoloro, un suicida que, de igual manera que el adolescente, se disparó en el corazón.

Un estudio reveló que, en el último año, Neuquén fue la tercera provincia del país con mayor número de suicidios de adolescentes (34 casos). Como sociedad, en primer lugar, debemos hacer un “mea culpa”, ya que el suicidio de los adolescentes es un tema que suele callarse y evadirse, pues impacta y cuestiona el sistema familiar y social en que vivimos.

El suicidio contradice la inclinación natural del ser humano a conservar y perpetuar su vida. Por eso, se torna imprescindible reflexionar y conocer cuáles son los motivos que llevan a un adolescente a cometer semejante acto y cómo puede prevenirse.

La adolescencia es una etapa del desarrollo psicosocial del ser humano de mucho estrés, debido a que se producen importantes pérdidas: duelo por el cuerpo infantil, duelo por los padres infantiles y duelo por la identidad y el pensamiento infantil; cambios físicos y hormonales, y nuevas conductas sexuales. Esto genera perturbación en las ideas y en los sentimientos, además de miedo e incertidumbre, influyendo en sus capacidades para resolver problemas y tomar decisiones.

Algunos adolescentes, la mayoría, logran atravesar este período sin mayores dificultades. Otros, sin embargo, quedan presos de tanta angustia y depresión, que llegan hasta el extremo de suicidarse (se considera que, por cada adolescente que comete suicidio, lo intentan cerca de trescientos).

Las ideas suicidas son muy frecuentes en la adolescencia, sin que ello constituya un peligro inminente para la vida. No obstante, si se asocian a factores de riesgo, adquieren un carácter mórbido y pueden desembocar en un acto suicida.

Fernando Quintanar, en su libro Comportamiento Suicida, cita los postulados suicidas de Sneiman:
El suicidio es la búsqueda de solución a un problema que genera sufrimiento.
Es una manera de cesar la conciencia, no necesariamente la vida.
El dolor que no controlamos es un riesgo de suicidio para acabar con ese dolor incontrolable.
Para el suicida, el acto siempre es lógico.
La emoción del suicidio es la desesperanza y el desamparo.
Su actitud: la ambivalencia. Vivir y morir a la vez, pero uno de los sentimientos surge con más fuerza.
El estado cognitivo es la "visión de túnel" antes nombrada.
El suicidio es un acto de comunicación interpersonal con "pistas", a modo de señales, que ha ido dejando el ejecutor.
Las señales que menciona el postulado 8 aluden a:

· Cambios en los hábitos alimenticios y del sueño.
· Pérdida de interés en las actividades habituales.
· Retraimiento respecto de los amigos y miembros de la familia.
· Manifestaciones de emociones contenidas y alejamiento o huida.
· Uso de alcohol y de drogas.
· Descuido del aspecto personal.
· Situaciones de riesgo innecesarias.
· Preocupación acerca de la muerte.
· Aumento de molestias físicas frecuentemente asociadas a conflictos emocionales, como dolores de estómago, de cabeza y fatiga.
· Pérdida de interés por la escuela o el trabajo escolar.
· Sensación de aburrimiento.
· Dificultad para concentrarse.
· Deseos de morir.
· Falta de respuesta a los elogios.
· Aviso de planes o intentos de suicidarse, incluyendo los siguientes comportamientos:
-Verbaliza: "Quiero matarme" o "Voy a suicidarme".
-Expresa señales verbales como: "No seré un problema por mucho tiempo más" o "Si me pasa algo, quiero que sepan que ...".
-Regala sus objetos favoritos; tira sus pertenencias importantes.
-Se pone alegre repentinamente, luego de un período de depresión.
-Puede expresar pensamientos extraños.
-Escribe una o varias notas de suicidio.

Llevar a cabo una tarea de prevención se hace casi ineludible. Todos tratamos de enseñar a nuestros chicos, desde la más temprana infancia, a cuidar la única vida que tienen. Amándose y respetándose aprenderán, por consiguiente, a respetar y amar a los otros, tanto como dejarse amar y exigir ser respetados.

Para esto, necesitan de adultos que los acompañen, los contengan y, por sobre todo, que no los juzguen.

Una de las causas más comunes que conducen al suicidio adolescente es la baja autoestima y el descubrimiento de una orientación sexual diferente. La tendencia al suicidio no se vincula a factores económicos o culturales, sino a factores psicosociales, como la homofobia que provoca una extrema autodesvalorización.

La implementación de talleres para padres y docentes los capacitaría para detectar, prematuramente, a posibles suicidas, además de desterrar el mito de que el suicidio resulta un acto impulsivo e interpretarlo como un proceso con una historia y con una decisión largamente pensada y analizada.

A su vez, es preciso trabajar este tema desde la currícula educativa y suministrar, a los adolescentes, literatura especializada para orientarlos en caso de que se encuentren en una situación de crisis suicida.

Llegó la hora de hablar y de hacer. Propongamos, por este medio, alguna campaña de prevención, así, entre todos, nos ayudamos y ayudaremos a nuestros adolescentes que hoy ven la vida sin futuro.

por Joaquín Rocha
Psicólogo especialista en Educación para la Comunicación
Fuente: San Pablo on line

martes, 6 de octubre de 2009

Resiliencia: es más que sólo resistir


por Joaquín Rocha
Psicólogo especialista en Educación para la Comunicación
joacorocha05@yahoo.com.ar



Una vez más, las ciencias sociales y humanísticas piden prestado un vocablo a otras ciencias para explicar conductas del hombre y de la mujer. El término resiliencia se refiere originalmente, en ingeniería, a la capacidad de un material para adquirir su forma inicial después de someterse a una presión que lo deforme. Aplicado a los seres humanos, describe la capacidad de sobreponerse a las dificultades y, al mismo tiempo, aprender de sus errores. Las personas resilientes superan situaciones adversas; no así las personas vulnerables, que, ante las mismas situaciones, no saben cómo enfrentarlas y terminan frustradas.

La resiliencia no atañe sólo al individuo, sino también a los sistemas sociales, que logran desarrollarse positivamente en dificultosas condiciones de vida y pueden salir fortalecidos y modificados por ellas.

El concepto encierra dos elementos. Uno frente a la destrucción: que es la capacidad de proteger la propia integridad ante las presiones deformantes, el otro se refiere a la capacidad para construir conductas vitales positivas, pese a las circunstancias difíciles.

Los estudios sobre esta capacidad son recientes; no obstante, debemos afirmar que, en cuanto realidad humana, es tan antigua como la humanidad. Esto respondería a por qué el hombre llegó adonde llegó y por qué tantas civilizaciones subsisten a través del tiempo. La cristiandad es un ejemplo de ello.

Este modelo de desafío, frente a las adversidades, comprende factores que son decisivos. La educación, el modo de crianza, es el primero y principal. Es un proceso dinámico, donde interactúan el medio ambiente y el individuo, donde la influencia más positiva son las relaciones afectivas y estrechas con adultos significativos.

De estos vínculos, surge el primer pilar de la resiliencia: la autoestima. Una autoestima positiva es fuente de origen de los otros pilares: creatividad, independencia, autonomía, pro-actividad, introspección y capacidad de vincularse sanamente.

El humor, que merece un artículo aparte, es otro de los pilares de la resiliencia. Según la filósofa y educadora Helena Combarías, “las personas que son capaces de reírse de sus males llevan la mitad del camino recorrido. La base del sentido del humor es el mismo sufrimiento. La gracia suele implicar el reconocimiento y la ternura ante lo imperfecto, el fracaso, la capacidad de admiración ante lo inesperado, y cuando la respuesta es una sonrisa, tal vez, no acabe con el sufrimiento, pero tampoco éste acabará con quien lo padece. Quien logra reírse de sí mismo ganará en libertad interior y fuerza. Con el humor, se dinamiza el potencial humano en situaciones límite. Valoración de la diferencia. La ternura que implica no sólo el respeto, sino también el amor a la diferencia, se convierte, sin duda, en un factor protector por excelencia de la superación humana”.

Las siguientes afirmaciones pueden ayudar a descubrirse resiliente o no:

• Cuando sufro una derrota, examino mis limitaciones para que no vuelva a suceder.
• Cuando tengo un problema serio, lucho.
• Cuando alcanzo el éxito, siento que comparto el mérito con todos los que participaron conmigo.
• Cuando sobrevienen cambios, los tomo como un desafío interesante.
• Si me piden ayuda es porque cuentan conmigo.
• Yo me encuentro optimista.
• Actúo de acuerdo con lo que constituyen mis metas.
• Mi vida está llena de sentido.
• La mayor parte del tiempo controlo mi vida.
• Cuando enfrento desafíos nuevos, espero el mejor momento para actuar.
• Mis fortalezas, cuando estoy en dificultades, son mis recursos internos y mi experiencia.
• Para encarar un problema, me aproximo metódicamente.
• Cuando resuelvo el problema, guardo mi experiencia y lo olvido.

Es importante tener presente con qué herramientas se cuenta, a la hora de enfrentar una adversidad:

Desde los vínculos (Yo tengo):

- Personas que me quieren
- Personas que me ponen límites
- Modelos para actuar
- Personas que quieren que sea autónomo
- Personas que me auxilien, si estoy en peligro

Desde lo personal (Yo soy)

- Alguien que otros quieren
- Feliz cuando hago algo bien
- Respetuoso de mí mismo y del otro
- Dispuesto a responsabilizarme de mis actos
- Seguro respecto a que saldré bien

Desde las habilidades sociales (Yo puedo)

- Hablar sobre lo que me asusta
- Buscar maneras de resolver mis problemas
- Controlarme cuando tengo ganas de hacer algo peligroso
- Buscar el momento apropiado para actuar o hablar
- Encontrar a alguien que me ayude

El cuento Las ranitas, de Mamerto Menapace, ilustra, de mejor manera, el comportamiento resiliente.

“Había una vez dos ranas que cayeron en un recipiente de crema. Inmediatamente sintieron que se hundían (...). Al principio, las dos patalearon en la crema para llegar al borde del recipiente pero era inútil (...).
Una de ellas dijo: —No puedo más. Es imposible salir de aquí (...) Ya que voy a morir, no veo para qué prolongar este dolor... qué sentido tiene morir agotada por un esfuerzo estéril. Dicho esto, dejó de patalear y se hundió con rapidez.
La otra rana se dijo: —¡No hay caso! Nada se puede hacer para avanzar. Sin embargo, ya que la muerte me llega, prefiero luchar hasta mi último aliento (...). Y siguió pataleando y chapoteando siempre en el mismo lugar. De pronto, de tanto patalear... la crema se transformó en manteca. La rana dio un salto y llegó hasta el borde del pote. Alegremente regresó a su casa.


¿Cuál de las dos ranas eres frente a las dificultades?


Fuente: San Pablo On Line

jueves, 5 de febrero de 2009

Educación y psicoeducación

por Dr. Roberto Federico Re
Médico especialista en Psiquiatría

Educación: consideraciones generales

La educación es un proceso que acompaña al hombre en todos los momentos de su vida, le enriquece y le provee las herramientas para una sana existencia, como también para la prevención, la promoción de la salud, la resolución de sus cambios, crisis, salud, enfermedad incluida la convalecencia.

Fundamentos generales de la educación

Los cuatro pilares básicos de la educación son la piedra angular de la psicoeducación:

1- Saber Conceptual: Aprender a conocer:

Es aprender a aprender, aprender a reaprender.
Comprender para cambiar-se.
Actitud receptiva y proactiva.
Cultura especializada y generalista.
Actitud aprendiz y formación permanente.
Estimular el pensamiento crítico.

2- Saber procedimental: Aprender a hacer

Poner en acto las ideas y los conocimientos.
Educarse es conducirse para la acción transformadora.
Promoción de la iniciativa.
Actitud es poner en acto para cambiar lo que se puede.
Hacer uso activo del conocimiento.

3 - Saber actitudinal: Aprender a ser

Aprender a ser persona.
Motivarse para la educación integral.
Desarrollo de todas las potencialidades específicamente humanas.
Formación ética en valores: solidaridad, justicia.
Educación humanizadora.
Humanística y espiritual.

4 – Saber relacional: Aprender a convivir

Aptitud para trabajar con los demás.
Educar en paz, por la paz.
Estimular las competencias sin competencias.
Convivencia comunitaria.
Relaciones recíprocas en red.
Antecedentes educativos

Recogemos estos textos que con mucha claridad aluden al factor educativo respecto a lo que nos convoca:

Juan Bautista Alberdi nos marca, en el inicio de la organización nacional, una realidad indiscutida hoy en día: “Que la riqueza no reside en el suelo ni en el clima. El territorio de la riqueza es el hombre mismo”.

Guillermo Jaim Echeverry en “La tragedia educativa”, propone que: “El conocimiento científico nos transforma, y que en una población cuanto más firmes sean sus conocimientos de los principios básicos, más fácil les resultará afrontar las situaciones complejas de la vida adulta, tanto si se dedican a las ciencias, como si se proponen comprenderla como ciudadanos informados”.

En su libro “Haciendo caminos” Guillermo Fernández D´Adam destaca el valor de la información para la comprensión global por parte del paciente. “La tarea psicoeducativa promueve que el problema sea afrontado, que la situación problemática sea aceptada, y que por ende sea asumida, que la persona pueda posicionarse críticamente frente al problema y que comience a pensar en nuevo proyecto vital”.

Juan Yaría aporta al tema: “Se hace necesario una gran capacitación, una educación y formación así como una supervisión, pero fundamentalmente una madurez personal para entender el tema del límite, la muerte y el sentido de la vida en grandes masas poblacionales”.

Raúl Domingo Motta de la UNESCO, reafirma su convicción de la necesidad de crear una sociedad del conocimiento para lo que señala cuál sería el primer gran obstáculo-desafío para reconstruir la relación del conocimiento con la sociedad; “... considerar dos estrategias, primero iniciar una articulación de conocimientos, es decir la relación de los conocimientos con el bienestar social, y segundo asumir que en Latinoamérica en general, no hay una clara relación entre los conocimientos impartidos y los problemas por resolver...”. “... personalmente creo que la sociedad del conocimiento necesita de un ciudadano estratega, problematizador, innovador, si queremos creación...”.

El epistemólogo Mario Bunge dice: “Yo creo que hay cuatro modelos básicos y cada uno de ellos tiene aspectos positivos que hacen necesario combinar los cuatro. Uno es el desarrollo biológico: consiste básicamente en la mejora de la salud globalmente considerada. Entonces implica mejor alimentación, prevención de enfermedades, más hospitales. Otro es el desarrollo económico: desarrollo de todas las riquezas, aprovechamiento de los recursos naturales. El tercero es el desarrollo cultural: por ejemplo más escuelas, más institutos de investigación, más compromiso de actividades artísticas. El cuarto es el desarrollo político: más libertad y más participación política en todos los niveles”.

Nuevas fronteras

La educación estimula en la aptitud crítica, el desarrollo de las potencias específicamente humanas para lograr una plena conducción de la persona y su integración comunitaria, en este especial y difícil momento de la historia.

La mente a través del pensamiento y de las inteligencias múltiples nos permite conocer y comprender los desafíos permanentemente cambiantes que enfrentan la condición humana y la civilización.

Prever es ver previamente y para ello se necesita del conocimiento, que debe ser adaptado a un lenguaje cotidiano, de fácil lectura, comprensión, aprendizaje y elaboración del público en general, con métodos adecuados.

Organizaciones líderes como la OMS (Organización Mundial de la Salud) y la APA (American Psychiatric Association) prevén una nueva concepción para la salud mental en los centros sanitarios, hospitalarios y/o comunitarios.

La promoción y difusión de la salud mental a nivel personal, familiar y comunitario deberá orientarse a propiciar y difundir conocimientos centrados en la prevención y promoción, como también en la resolución de problemas específicos.

Estos centros educativos desplazarán al modelo anterior asistencialista, personalista y paternalista, centrado en que la salud es patrimonio exclusivo del saber profesional.

Redes universitarias constituidas por casas de altos estudios que propician la información desarrollada por alumnos pasantes, con material de distintas áreas, apuntando a la creación de nuevos conocimientos.

Dentro de estos nuevos paradigmas, la educación sin lugar a dudas se asociará indisolublemente a la salud en generaly a la salud mental en particular.

Creación de ciudades preventivas: esto debiera permitir el acceso a la concreción de un plan comunitario de prevención constituyendo un intento científico de promoción y desarrollo, para integrar al municipio con objetivos e intervenciones en una atención particular al problema de las drogas, sin perder de vista el contexto social en toda su dimensión.

La promoción evita epidemias en salud mental. La psicoeducación es la herramienta estratégica. Este es el desafío de cara al siglo XXI para la defensa de la vida de la persona y de la salud.

Educación básica para la salud

Los seres humanos, tanto en su individualidad “sana” como en sus “enfermedades”, son cada uno el producto de su genoma, único, y el conjunto, también único, de experiencias.

Ambioma: (ambiom), (del latín ambiens-ambientis), conjunto de elementos no genéticos, cambiantes, que rodean al individuo y que junto con el genoma conforman el desarrollo y construcción del ser humano o pueden determinar la aparición de una enfermedad.

La persona es la integración de su biofilia, biografía y de sus dimensiones y además nosotros somos el fruto del ambioma (interacción de nuestro potencial genético con el entorno), de nuestro cerebro, desarrollo, conductas y experiencias de aprendizaje. Esta integración nos va marcando desde la infancia y adolescencia, y está en permanente cambio a lo largo de toda la vida.

El ambioma está constituyendo ya, una nueva área de conocimiento poderosa que nos llevará a una medicina revolucionaria predictiva. (*).

Carga genética: La carga genética es la información hereditaria que se encuentra en nuestros genes. Esta carga nos hace vulnerables a padecer las mismas enfermedades y trastornos que hayan padecido a través de la herencia nuestros familiares consanguíneos (padres, tíos, abuelos).
La vulnerabilidad genética es la predisposición a sufrir enfermedades hereditarias.

Tenemos predisposición a sufrir determinadas patologías ante determinada carga ambiental pero de ninguna manera se puede asegurar que vayamos a sufrirla.

Para desarrollar una enfermedad es condición necesaria además la carga ambiental:

Carga ambiental: Es la influencia del medio ambiente donde hemos vivido y nos hemos desarrollado.

Muchos de nuestros pensamientos están relacionados con concepciones culturales, sociales y familiares, aprendidas en edades tempranas de nuestra vida. Esto tiene que ver con:

1) Cómo fuimos tratados por los demás.

Ejemplo: –De chico me decían que era torpe con las manos, que rompía todo... hoy que trabajo en un laboratorio, pienso todo el tiempo en que voy a romper los tubos o maniobrar mal una máquina y me da miedo a perder mi empleo. –Mi papá decía que cuando nos miraba fijo era porque habíamos hecho algo mal... hoy me cuesta mucho poder dar exámenes, tener entrevistas laborales e inclusive mirarla a usted... me diagnosticaron fobia social... –Mi madre siempre me repetía la frase “no aclares que oscurece”, hoy me siento muy insegura con lo que digo, ya que siempre tenía que dar explicaciones de todo.

2) Cómo se sienten nuestros modelos de rol (padres, abuelos, educadores, familiares cercanos, etc.) respecto de sí mismos y lo que se dicen a sí mismos.

Ejemplo: –Mi mamá solía decir: “yo quería estudiar... no quería ser sólo una dueña de casa y criar a hijos... me siento frustrada...
–Mi abuela repetía sin cesar: “las mujeres nacimos para sufrir”.
–Mi papá nos decía a mí y a mis hermanos: “los hombres no lloran”.
Vemos a menudo que esta forma de pensar de nuestros familiares respecto de sí mismos pueden afectar nuestro modo de pensar.

3) Lo que se nos ha dicho acerca de nosotros mismos.

Ejemplo: “¡No sirves para nada!”, “Nunca se puede contar contigo”, “Cállate, no digas tonteras”, “Tienes que aprender de tu hermano, él sí que es un buen hijo...”.

4) Nuestras experiencias generales de la vida.

Ejemplo: Este último factor, considerado de gran importancia ya que tiene que ver con nuestra capacidad de enfrentar al mundo y los mecanismos puestos en marcha para tal objetivo.

Los logros en los estudios, el empleo digno, las relaciones familiares, los lazos sociales, los vínculos amorosos, las actividades recreativas, la vida espiritual, la postura frente a la vida, las metas y objetivos, todos ellos son algunas de las experiencias que marcan nuestro modelo de creencias.

Vulnerabilidad: Vulnerar proviene del latín vulnerare, herir, perjudicar. Vulnerable se define como alguien susceptible de ser herido. Persona vulnerable es aquella capaz de ser herida dada su condición previa genética asociada a una carga ambiental negativa. Se sabe, por diversos estudios, que las causas genéticas así como circunstancias adversas en la infancia, resultan un factor de gran vulnerabilidad para la persona.

El distrés se suma a la predisposición genética, para activar genes tempranamente marcados, desarrollándose el primer episodio de enfermedad. Este primer episodio con síntomas bien puede desaparecer durante algún tiempo o permanecer latente hasta que un nuevo distrés genera un segundo episodio, provocando cambios moleculares dentro de la célula, especialmente en la célula nerviosa, causando el aumento de la vulnerabilidad, conjuntamente con el desarrollo y persistencia de la enfermedad.

Estudios recientes han demostrado que algunos individuos condicionados por factores genéticos y circunstancias adversas resultan muy vulnerables. Una persona puede haber tenido una crianza saludable y una infancia feliz y haber desarrollado un sano esquema de pensamiento hasta que sus experiencias generales de la vida se encargan de modificarlo negativamente.

Esta modificación puede dar origen a múltiples trastornos al afectar el sistema de pensamientos. Debemos estar atentos para activar nuestra inmunidad cognitiva. Los estilos de vida y una mente saludable asociados a un proyecto-trayecto positivo de vida son el antídoto natural de la salud.

Fuente: Dr. Roberto Federico Ré. Acompañamiento terapéutico en salud mental. Guía de la Red Sanar. Editorial SAN PABLO. 2009.
Foto: www.vidapositiva.com

viernes, 1 de agosto de 2008

Niños con problemas de aprendizaje


Llegada la mitad del año lectivo es un buen tiempo para reflexionar sobre la marcha escolar de los niños en general. Muchos son los padres que se ocupan cuando su hijo tiene problemas de aprendizaje en la escuela y otros, por ignorancia o desidia, desatienden el tema.

Cuando un niño presenta dificultades en el ámbito educativo, existe la tendencia a centralizar la problemática en ese niño, descuidando la idea básica de que sobre él operan distintas variables y realidades. Es parte de todo un sistema por lo tanto, nada es ajeno a este.

¿Cuál es la mejor manera de reaccionar frente a estos problemas? Desde ya no es mandar al niño a un maestro particular sacándose el problema de encima y trasladárselo a otro.
Las causas de un fracaso escolar pueden ser externas o internas. Ambas pueden incidir en forma conjunta o no.

Las externas las comprenden los hechos sucedidos dentro del núcleo familiar, en la sociedad o en la escuela. Los problemas familiares pueden ir desde la falta de atención por parte de los padres, que inciden directamente en la autoestima del niño, hasta problemas entre los cónyuges pasando por violencia familiar, abusos o falta de autoridad. El ocuparse de esta variable, en lo inmediato, minimiza las consecuencias y trae aparejado cambios en la conducta personal y escolar del niño.

No es necesario hacer una descripción exhaustiva de cómo influye la sociedad sobre la vida de los niños. La publicidad, los medios de comunicación masiva provocan necesidades que desembocan en distracción y ansiedad.

Por último, la pregunta que surge es: ¿hemos elegido bien la escuela a la cual asiste nuestro hijo/a? No toda escuela es para cualquier niño. Cada una tiene sus objetivos, valores, programas educativos, un sistema de creencias y un perfil de niño que desea obtener. Puede que la capacidad o inteligencia, no necesariamente poca o mucha esté de acuerdo con lo exigido, provocando así un desgano o estancamiento frente al aprendizaje.

Debemos tener cuenta en este apartado el vínculo que se establece entre el niño y su docente. De aquí, a veces, depende el éxito del aprendizaje.

Las causas internas o personales hay que clasificarlas en físicas, psicológicas y dentro de estas las intelectuales. Entre las primeras se debe incluir problemas de visión, de audición, dislexia, dislalia, desorientación, problemas de equilibrio, alguna enfermedad crónica que provoque cansancio, o la desnutrición o mala alimentación.
A su vez, existe la creencia de que los problemas del aprendizaje son causados por alguna dificultad con el sistema nervioso que afecta la recepción, el procesamiento o la comunicación de la información. De ser así solo faltaría una “medicación mágica” que haría de nuestros niños excelentes alumnos.

La baja autoestima como consecuencia de la falta afectividad o de la presión demandante ejercida por parte de los padres es la causa psicológica más común que produce problemas de aprendizaje.

Lo importante es tener en cuenta que cada niño es una persona diferente y que no se lo debe encasillar en tal o cual deficiencia. Rotular a un niño es condenarlo a que no pueda modificar sus funciones cognitivas y pueda desarrollar sus potencialidades de aprendizaje.

Tomado a tiempo, cualquier problema de aprendizaje, ayudara al niño/a a no educarse en el fracaso y, de esta manera, no dejar que un sentimiento de “yo el peor de todos” se adueñe de él o ella. Este tipo de sentimiento se encuentra siempre detrás de problemas de conducta y disciplina.

Muchos padres son los que viven esta situación escolar de sus hijos como una frustración personal, una herida narcisista en su paternidad “perfecta”. Este sentimiento es captado por los niños y ayuda a empeorar las cosas.

Conocer qué es lo que está viviendo el niño/a es ya ayudarlo a salir de sus problemas de aprendizaje. Lo demás lo hace el amor...

Joaquín Rocha
Psicólogo
Fuente: San Pablo Online