jueves, 11 de septiembre de 2008

Día del maestro


Podría haber buscado una hermosa poesía, alguna reflexión ya elaborada para este día tan especial pero no, me puse a pensar en aquellos maestros y maestras que tuve a lo largo de mi vida, porque tenerlos en el recuerdo es el mejor homenaje que puedo hacerles.

Recuerdo a mi maestra de primer grado, la señorita Pileggi, que también había sido maestra de mi hermano y me enseñó las primeras letras y los primeros números.

También recuerdo a Inés Silvia Bernatá, una dulce rubia que tuve en tercer grado; a la Sra. Aída de Nardi en cuarto grado, que se encariñó tanto con nosotras en que la volvimos a tener en quinto; a la Sra de Rodríguez en sexto, que me dejó un imborrable recuerdo y una lección de vida.

La cuento: resulta que a mí siempre me gustó mucho escribir y en aquellos tiempos se acostumbraba a tener un tiempo para la redacción.Las redacciones más sobresalientes eran enviadas al Consejo Nacional de Educación y de sexto grado, siempre elegían las mías.

Yo estaba muy contenta porque era un premio y un estímulo para seguir esforzándome pero, la señorita Rodriguez me sorprendió un día cuando preguntó ¿a que no saben de quién es nuevamente la redacción elegida?, y todas mis compañeras gritaron ¡de Maceratesi!; la maestra dijo "sí, pero no voy a enviarla al Consejo, voy a enviar otra si están de acuerdo" y todas dijimos que sí.

Realmente no me importó, no quería que siempre eligieran la mía pero me alegró que lo hubiera dicho y escuchar a mis compañeras también fue muy bueno. La lección que me dejó fue precisamente ésa: que tenemos que tender hacia la mejor meta y dar todo lo mejor de nosotros mismos en lo que sabemos hacer bien, pero también entender que no es una distinción lo que cuenta sino el reconocimiento de nuestros talentos por parte de quienes nos tienen afecto.

Me doy cuenta cuenta a esta altura del relato, que no menciono a la maestra de segundo grado, realmente no me acuerdo y no sé por qué.

Luego vinieron otros maestros, en la escuela secundaria. Los denominaban y denominan aún: "Profesores", pero no todos eran profesores, algunos y algunas eran "maestros", la diferencia la dejo a criterio de quien esté leyendo este relato.

Así tuve maestros muy importantes en mi vida: Angel Alberto Tabbia, que nos enseñaba Historia pero a través de relatos y de vivencias muy didácticas; el Dr. Humberto Podetti y el Dr. Alberto A. Delgado, abogados y luego juez el primero,que enseñaban Instrucción Cívica y Educación Democrática y a quienes debo el espíritu de dignidad, justicia y civilismo que me transmitieron.

Y más adelante y ya más adulta, cuando decidí estudiar en el seminario catequístico: los profesores Juan Adot, Luis Pérez Bahamonde, Juan Pedro Lumerman, Clara Freitag, Juan Carlos Meinvielle, José Luis Duhourq, Francisco Leocata, José María del Corral, fueron los que me motivaron a seguir una formación más profunda.

Y de la UCA recuerdo a Beatriz Tagtachian, Susana Salazar Gauna, Catalina della Rolle, Carlos Galli, Lorenzo García Samartino, Carlos Scarponi,y muchos más. Aún hoy sigo nutriéndome del pensamiento que generosamente nos regalan tantas personas que saben tanto.

Porque el conocimiento está hoy en ciertos ambientes, algo devaluado; se apunta más bien al sentimiento y a la subjetividad pero lo cierto, es que el conocimiento contribuye a que podamos ser más objetivos y no a guiarnos simple y únicamente por lo que sentimos u opinamos sin fundamento.

Desde aquí y por haber contribuido a que hoy yo sea la persona que soy, agradezco a todos los nombrados y también a los no nombrados por error u omisión ya que algunos fueron muy duros conmigo en momentos clave de mi vida pero, con su actitud de incomprensión, también me dejaron una enseñanza de vida.

¡Feliz día del maestro! y que Dios los bendiga

2 comentarios:

Laura dijo...

Es la primera vez que entro a tu blog.
Creo que estudié en el mismo Seminario Catequístico. Duhourq y Adot ¡qué linda gente! Maestros realmente! En la clase daban más que su materia, dejaban vida!
Encantada de haber llegado a tu blog.
Laura

María Inés Maceratesi dijo...

Laura: muchas gracias por comunicarte y compartir este mensaje. Ojalá hubieras dejado tu mail para responderte de manera más personal. Cuando quieras, volvé a comunicarte.
Un abrazo
María Inés