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martes, 6 de mayo de 2014

Proteger a los chicos de las drogas



Muchos jóvenes expresan que la droga apareció en sus vidas en el viaje de egresados al concluir el séptimo grado de la primaria, ingreso que se produjo como consecuencia de no querer quedar marginados del grupo de compañeros que, supuestamente, eran los "piolas". ¿Quién querría quedar al margen y no ser y sentir como ellos?. Al principio se comienza con la cerveza y más tarde aparece la marihuana, el pegamento, la nafta y toda sustancia que sirva para drogarse.

Un sector cada vez más amplio de niños, adolescentes y jóvenes buscan en la droga una felicidad ilusoria mediante el efecto transitorio de ciertas drogas. Por simple curiosidad, para enfrentar la inseguridad, por no encontrar un lugar en el mundo, muchos emprenden un camino de difícil retorno. Las sustancias psicoactivas como la marihuana, cocaína, ácido lisérgico, éxtasis, e inhalantes, descomponen todo el equilibrio psicofísico. Según la droga y el nivel de consumo, las sustancias psicoactivas producen un transistorio estado alterado de la conciencia con sensaciones que oscilan desde entre el júbilo y la depresión desembocando en pérdida de memoria y de otras funciones cognitivas, falta de coordinación que puede llegar al extremo de incapacidad psicomotriz, alteración cardiorrespiratoria por sobrecarga del corazón y colapso del sistema nervioso central entre otras consecuencias. A este cuadro se le suman las consecuencias sociales de la adicción: violencia y delito.

Innumerables intentos se han realizado con el objetivo de definir por qué una persona cae en manos de estas sustancias que existen desde siempre y cuyo uso depende de la época y la cultura. Mientras los neurólogos se centran en la química del cerebro, los estudiosos de la conducta se inclinan por definir una serie de factores que predisponen, ya sean familiares, sociales o de personalidad, cuya articulación define la dependencia psicológica.

Lo que comienza como una curiosidad a edades que cada vez se instalan más cerca de la infancia, termina convirtiéndose en una trampa porque las drogas tienen sustancias altamente adictivas que generan un círculo vicioso difícil de romper. La droga pide más y más y el adicto no encuentra cómo frenar un consumo que lo consume. Por la droga, el adicto pierde familia, amigos, principios y como plantea el Dr. Hugo Míguez en su libro "Uso de sustancias psicoactivas" "el trastorno mayor no está en la toxicidad de la droga sino en el abandono que hace el adicto de cualquier otra forma de recuperar su capacidad de entusiasmo". Por lo único que el adicto pelea es por la droga que le sirve para olvidar, sentirse bien, festejar, superar estados de ánimo negativos pero que a la vez le hace perder un montón de cosas e inclusive introducirlo en el delito.


La familia del adicto

Mucho se ha dicho y escrito sobre la familia del adicto y coinciden todos los especialistas en los siguientes aspectos: fallas en la puesta de límites, dificultades en la comunicación, ausencia de respeto por las jerarquías y conductas familiares adictivas son peligrosos trampolines que muchas veces conducen a la adicción.
"Tanto la permisividad como la sobreprotección son nocivas porque tienden a anular a la persona, retrasar el crecimiento e impedir que aprenda a afrontar situaciones. Se trata de un proceso que va influyendo en la formación de la persona, porque, habitualmente, el mal manejo de los límites no empieza cuando el hijo entra en la adolescencia; eso viene desde siempre y cada situación se va sumando a las anteriores.(Verónica De Lucchi. Terapeuta familiar.)


Los hijos necesitan ser sostenidos, tenidos en cuenta, protegidos y cuidados por adultos que cumplan sus funciones dentro de una normativa clara.

Guia para padres



  • No tomar remedios sistemáticamente delante de los menores, son conductas contagiosas
  • Restringir el consumo de alcohol como forma de relajación y evasión de problemas.
  • Dejar fuera del alcance de los menores los tranquilizantes y medicamentos en general.
  • Enseñar a tomar decisiones, a elegir y a decir que no, desde chicos.
  • Proponer y realizar actividades (leer, conversar, escuchar música, salir) que eviten el vacío existencial y emocional, generando un espacio compartido entre padres e hijos.
  • Realizar deportes al aire libre
  • Comunicarse con los hijos. Hablar con ellos tanto de sus actividades como de sus sentimientos.
  • Mantener una cohesión familiar no simbiótica, es decir, respetando las individualidades.
  • Acompañar, sostener, cuidar y proteger a los adolescentes en el natural proceso de transición, con el respeto por sus pérdidas, dolor y sufrimiento inevitables.
  • Asumir que la oferta de droga es masiva y que cualquiera puede ser tentado.
  • Buscar ayuda si se descubre alguna adicción. Los padres solos no pueden sacar a un hijo dela carrera adictiva.

Bibliografía: este artículo ha sido compilada de un Dossier (que conservo en papel) publicado en los años 90 en la desaparecida Revista Luna de la Editorial Perfil.

miércoles, 19 de octubre de 2011

La violencia no es la respuesta



por Joaquín Rocha

La violencia es hoy en día uno de los grandes problemas que padecemos como parte del precio que tenemos que pagar por vivir en un contexto de modernización y tecnología en los albores del nuevo siglo. Ella, como arrastre del pasado, no es legada sin poder rechazarla.

Nos estamos acostumbrando y por ello, en ocasiones, perdemos nuestra capacidad de asombro y llegamos a confundir la realidad con la fantasía. Se trata de una forma de vincularse que cala hondo en los valores que marcan un estilo de vida y enferman cualquier proceso de sociabilización.

No sólo te la topas en las calles, sino también en el hogar y en las instituciones, como la escuela, que son cimiento fundamental de nuestra sociedad.

Las conductas violentas surgen en el seno de las relaciones tempranas dentro una familia violenta. Es el motor de vida necesario para sobrevivir, ya que en la cotidianidad el “actuar” ocupa el lugar del “dialogar”.

Estas relaciones intrafamiliares manifiestan la existencia de diferentes quiebres que devienen en crisis y, en muchos casos, constituyen la expresión estructural de los conflictos que surgen del entorno social. Una conciencia de déficit entre la familia y las demandas de la sociedad que la rodea originan comportamientos antisociales que recaen directamente en la formación de la personalidad del violento. Esto se debe a que la familia determina los procesos vinculares e interviene directamente sobre el fracaso de esa sociabilización, generando comportamientos agresivos a veces para sí mismo o casi siempre dirigidos hacia los demás.

"El núcleo familiar es el centro más pequeño de la sociedad, y gran parte de nuestras dificultades comienzan ahí, en la familia. Si los padres no disciplinan a sus hijos, estos se vuelven irrespetuosos, en menor o mayor medida. Pero si tienen una formación sólida con principios morales y éticos en donde el respeto a los demás sea el principio entre ellos, así actuarán en cada situación de su vida", aseguró a Infobae.com la licenciada Mariela Goldszmidt (MN 29900), integrante del equipo profesional del Instituto de Psicología Argentino.

Los hechos de violencia, ocurridos en el ámbito escolar, no pueden ser vistos sólo unicausalmente, sino que, al mismo tiempo, son el resultado de múltiples sucesos, también violentos, que se articulan y se potencian entre sí. Como manifestación de una alteración individual, como resultado de carencias familiares, como resultado de fallas en la socialización, como presiones económico-sociales del entorno. De ahí que el análisis del comportamiento violento requiera un trabajo inter y multidisciplinario que permita la explicación de las causas.

“Sin embargo, está claro que la raíz del problema y, consecuentemente, su solución pasa por algo demasiado evidente: el resquebrajamiento del respeto al principio de autoridad del docente, la evaporación de los límites entre alumno y maestro, y entre hijos y padres. Al fin, la pérdida de valores en un país cuya sociedad observó, entre otros casos paradigmáticos, como el poder premió a quien tomó una comisaría o a quien decide bloquear el funcionamiento de una empresa o, cosa de todos los días, interrumpir el derecho a la libre circulación… El viejo y tácito acuerdo de padres y educadores en procura de formar a niños y jóvenes parece cada día más lábil. El respeto a la autoridad se ha desdibujado casi por completo y quienes tienen la obligación de restablecerlo están paralizados por el miedo a ser tildados de autoritarios y, consecuentemente, ser sancionados por sus superiores o mal mirados por la sociedad” (fuente: Diario La Nación).

Desviar toda la responsabilidad hacia el gobierno de turno es el mejor pretexto que tenemos a mano para no vernos como individuos que formamos parte de una sociedad de la cual somos cocreadores y la más de las veces como cómplices por “pensamiento, obra u omisión” de violencias cotidianas; y hasta algunas socialmente aceptadas.

Los límites entre la familia y la escuela no suelen estar correctamente definidos, dado que la primera deposita en la segunda la impotencia que siente al no poder enseñar a sus hijos los hábitos necesarios para que se desarrollen como personas y ciudadanos de bien.

No se puede esperar que la escuela resuelva todos los problemas de la sociedad. El aprendizaje más efectivo se produce cuando docentes y padres trabajan juntos y coherentemente en un misma escala de valores.

“Nuevamente aparecen en los medios, escenas de violencia en las escuelas que nos interpelan a todos en general y a los docentes en particular. Estigmatizar a los jóvenes como violentos o circunscribir la violencia al ámbito escolar es para nosotros un reduccionismo porque consideramos que la violencia escolar no esta disociada de la violencia social… Tampoco perdamos de vista que el tema es complejo y tiene distintas dimensiones y el contexto social es muy importante. Por ello, debemos interrogarnos y preguntarnos si estamos construyendo una matriz socio cultural violenta en donde se ponderan valores que priorizan el Tener en lugar del Ser” (Lic. Marcelo Albornoz).

Otro aspecto que se debe tener en cuenta es que todas las sociedades, en menor o mayor grado, viven sacudidas por una violencia social; y esta no se aplica solamente a lo físico. Violación de los derechos humanos, desvalorización de la vida en general, insultos y maltratos, la presencia cotidiana de la muerte, del miedo, de la inseguridad. Todo ello crea un constante estado de angustia que cerrando el círculo provoca más violencia.

Alguien debe romperlo. Preguntémonos cada día qué hacemos para que la violencia sea la única respuesta posible.

Fuente: San Pablo

jueves, 18 de agosto de 2011

Polémica por un proyecto para repartir preservativos en la escuela primaria


La iniciativa, de la diputada de Encuentro Popular para la Victoria María José Lubertino, propone distribuir preservativos a partir de sexto grado en los establecimientos educativos porteños como forma de educación sexual.

Las legisladoras porteñas María José Lubertino (Encuentro Popular para la Victoria), María Elena Naddeo (Diálogo por Buenos Aires) y Laura García Tuñón (Movimiento Proyecto Sur) presentaron un proyecto que propone distribuir preservativos en las escuelas de la Ciudad a partir de sexto grado.

La iniciativa, denominada de "Accesibilidad de los Preservativos en el Ambito Escolar", se fundamenta en que los niños tengan “una adecuada educación sexual”, según explicó Lubertino, y será difundida este viernes a las 17 en la escuela Técnica 5 "María de Los Remedios Escalada de San Martín", situada en Alberdi 1845, con la presencia de expertos en el tema y también de alumnos.

La diputada explicó que tanto las familias como la escuela son responsables de la educación sexual del niño, y fundamentó el proyecto alegando que “la mayoría de los chicos donde más concurren es a la escuela”.

En sus argumentos, Lubertino señala que el mismo "fue concebido como un medio útil para que se incentiven y provean herramientas -útiles, información y acceso a métodos anticonceptivos en los establecimientos educativos- para prevenir la transmisión de enfermedades, permitir el control responsable de la natalidad, y defender los derechos sexuales y reproductivos".

En este sentido, opinó que los anticonceptivos y preservativos deberían estar disponibles para todos y en todos lados para lograr una “adecuada educación sexual”, y puntualizó que, en el caso de los colegios, los pondría en las aulas o en los baños, donde serían entregados junto a información sobre prevención de embarazo y enfermedades de transmisión sexual

Además, Lubertino señaló que “los chicos probablemente hablen más con las maestras que con las mamás” sobre este tema.

"Nuestra principal preocupación es que no se está cumpliendo con la Ley de Educación Sexual en las escuelas y es justamente la educación una de las maneras de prevenir los embarazos adolescentes y los abortos", precisó la legisladora.

También agregó que su planteo "responde a la urgencia y necesidad de promover políticas públicas tendientes a generar hábitos y prácticas responsables entre los jóvenes, acentuando la prevención y permitiéndoles un acceso inmediato" a los preservativos.

Cabe destacar que Lubertino trabaja en el tema de la prevención de VIH y también brinda talleres de educación sexual. La diputada también había presentado con anterioridad un proyecto para la distribución de preservativos en los boliches porteños.

Comentario sobre esta medida:

¿Es una buena medida repartir preservativos en la escuela a partir del sexto grado como lo proponen las legisladoras?

Estamos hablando de niñas y niños de infantes que muy bien pueden haber llegado a la pubertad pero que están en el inicio de un cambio físico que no necesariamente va acompañado de una maduración psíquica y mental.

La edad de los niños y niñas que asisten a un sexto grado es de once años, edad que tiene -como cada etapa de la vida - características, intereses, objetivos diversos que no tienen por qué relacionarse necesariamente con el hecho de que vayan a iniciar relaciones sexuales.

El rol de la familia en esta etapa es clave porque es un momento en que, amparándose en la Ley de Educación Sexual, el estado se entromete en la vida privada de cada familia y pretende hacer con sus hijos lo que supuestamente no hacen los padres, ésto es, cuidarlos, orientarlos, educarlos, acompañarlos en su crecimiento y maduración integral.

Repartir preservativos no es y nunca será una solución pero sí es la más fácil y también la que justifica el gasto de partidas presupuestarias que podrían destinarse a otros ámbitos. En pos de evitarles el contagio de enfermedades de transmisión sexual, se les proveen soluciones que pueden ser interpretadas como mágicas, del tipo: "protegidos con ésto podemos hacer cualquier cosa" sin advertir que como todo en la vida, se necesita estar suficientemente maduro y adquirir una cierta responsabilidad para ejercer una vida sexual activa. Los niños y niñas de once años están en la edad de ocuparse de sus estudios, de practicar algún deporte, de desarrollar sus capacidades artísticas, a todo ello debería dedicarse la escuela, como así también de tratar que no se acerquen a la droga, el alcohol y a las diversiones dañinas.

Los preservativos no son la panacea universal, pueden romperse, pincharse, estar vencidos y provocar lo contrario de lo que se quiere evitar.

Una buena y efectiva educación sexual pasa, a mi entender, por respetar los tiempos de crecimiento, conversar con nuestros hijos para que comprendan que tienen toda una vida por delante antes de embarcarse en relaciones sexuales como diversión y placer únicamente. Que tienen la posibilidad de comenzar una relación más adelante, con alguien a quien amen y no para establecer una especie de maratón para ver quién lo hace primero y con más compañeros sexuales.

La vida sexual es una dimensión muy delicada y hermosa que no debe relegarse pero tampoco debe apresurarse, repito, la solución más fácil nunca es la más acertada, aprender a esperar también forma parte de la educación integral. Y el argumento tan remanido de que los pobres no tienen la posibilidad de una familia que los acompañe y el estado tiene que suplir su rol puede ser que así sea pero no por éso debe aplicarse una medida de tal magnitud masivamente porque podría hacer más mal que bien.

María Inés Maceratesi



sábado, 15 de enero de 2011

Descontrol juvenil: preocupa el aumento del consumo de alcohol a más temprana edad


Especialistas aseguraron que cuando llegan al hospital por intoxicación aguda de alcohol son casos de pacientes que vienen de sus casas sin haber pasado por la disco. Entre los 13 y 15 años hay un 65 por ciento de adolescentes que ya lo consumen. La falta de límites y controles de los padres

Una tendencia alarmante hay en el país debido a que los chicos arrancan a consumir alcohol cada vez a más temprana edad e incluso los casos de muchachos que llegan a los hospitales con un coma alcohólico se da antes de ir a los boliches, o sea en la previa.

"Muchos de los casos de intoxicación aguda por ingesta de alcohol que atendemos en la guardia son casos de chicos que vienen desde sus casas, no del boliche", explicó Ana María Girardelli, jefa del servicio de Toxicología del Hospital de Niños de La Plata a diario Clarín.

La especialista sostuvo que hay una falta de control en los padres, quienes "se preocupan mucho más por drogas ilegales que por el alcohol, y éste puede tener un alto riesgo para la salud y la vida".

Hace algunas semanas se hizo la encuesta Mundial de Salud Escolar y sobre un total de 1.980 alumnos de entre 13 y 15 años, los resultados indicaron que ya a los 13 años ya tomó alcohol el 30 por ciento de los chicos, a los 14 un 50% y a los 15 un 65.

Por su parte, Fernando Zingman, coordinador del Programa Nacional de Salud Integral en la Adolescencia, la ecuación de los chicos ahora es "más cantidad de alcohol en menos cantidad de tiempo para lograr mayores efectos".

En tanto, hubo otra encuesta de la Fundación Proyecto Padres que informó que uno de cada tres adolescentes empieza a hacer la previa entre los 12 y los 14 años y sólo el 4% lo hace a partir de los 17 años.

Para más de la mitad de los chicos la previa forma parte de "un momento de diversión y encuentro con amigos" y para ello los especialistas afirman que es fundamental el control de las bocas de expendio y el rol de los padres.

Por último, indicaron que para los adolescentes "sin la previa no se puede acceder a cierto mundo relacionado con la diversión y la interacción con otros chicos. Y quizás la razón por la que toman alcohol sea justamente que son muy chicos y no están preparados para ese mundo".

Fuente: Infobae

sábado, 2 de octubre de 2010

Terapia sistémica / Entrevista con el doctor Alfredo Canevaro- La familia como recurso terapéutico


"Intento promover un encuentro intenso y liberar los obstáculos para que el paciente pueda desarrollar el impulso natural y espontáneo que todos los seres humanos tienen de ir hacia el mundo.

Esto muchas veces está frenado por los conflictos no resueltos con la familia de origen", dijo el doctor Alfredo Canevaro, psiquiatra y psicoterapeuta argentino que desde hace 40 años trabaja intensamente en la terapia familiar. Canevaro, que recientemente visitó la Argetina para dictar un seminario sobre la terapia individual sistémica en la Fundación de Lactancia y Maternidad (Fundalam), es uno de los pioneros de esta disciplina.

Fue el primer presidente de la Sociedad Argentina de Terapia Familiar y director fundador de la revista Terapia f amiliar. Desde hace varios años, está radicado en Italia y es docente de la Escuela de Psicoterapia Mara Selvini Palazzoli, en Milán.

"Los seres humanos necesitamos la nutrición afectiva y la confirmación de nosotros mismos en nuestro proyecto existencial. Y esto, si bien es propio de cada uno, lo aportan nuestros padres, es decir, nuestra familia de origen, aunque muchas veces ellos no lo puedan brindar por miedo a quedarse solos, desprotegidos o abandonados", explicó el especialista que promueve sesiones compartidas para tratar de resolver los conflictos y las carencias afectivas.

"Es rehacer las valijas y partir nuevamente más seguros hacia su propio proyecto", subrayó.

Encuentro emocional

El experto enfatiza la importancia de la familia de origen como recurso terapéutico. En todos los modelos de la psicoterapia individual, el terapeuta busca valorizar las capacidades del paciente para creer en sí mismo y para buscar la propia identidad de manera libre y espontánea. En cambio, en este modelo de trabajo se intenta que sean también los padres o los demás familiares quienes den un fundamental mensaje de aceptación y confirmación. Este proceso no puede ocurrir solamente en el plano cognitivo, sino a través de un intenso encuentro emocional.

Según Canevaro, una familia es un sistema en el que las partes interactúan y se modifican recíprocamente. El ser humano adulto se debate permanentemente entre dos ejes fundamentales: la necesidad de pertenencia a un sistema familiar que nos ha dado la vida, el código genético y el nombre, con el que hemos acumulado infinitas interacciones. Y por otro lado, la necesidad de diferenciación, que es el impulso espontáneo que nos lleva a explorar el mundo y a diseñar un proyecto existencial autónomo.

Quien no tenga resueltas sus necesidades básicas puede hacer una sintomatología de cualquier tipo: depresiva, fóbica, obsesiva, ataque de pánico, problemas psicosomáticos, o "engancharse" en relaciones insatisfactorias, porque se busca en esos vínculos aquello de lo que se carece. Estas personas tienden a creer en el amor romántico, caen en la idealización recíproca, y a veces los malentendidos terminan inevitablemente en una frustración.

"La persona que hace una separación física de su seno familiar, a pesar de los conflictos irresueltos, intenta vanamente resolverlos a través de la relación afectiva con otras personas en el mundo. El cónyuge o el partner se siente maltratado cuando se le exige algo que no es suyo. De ahí nacen muchos problemas; entonces, lo que hago con las parejas es tratar de eliminar los conflictos no resueltos con cada familia de origen, que los lleva a la frustración, y promover una unión genuina entre ambos", explicó Canevaro.

Si un joven adulto tiene dificultad para organizar su proyecto existencial, o tiene conflicto con su familia y no puede diferenciarse ni insertarse en el mundo, sus amigos y terapeutas le aconsejarán, en general, apartarse de su núcleo familiar para poder realizar su proyecto personal. "En cambio, en mi filosofía terapéutica la diferenciación de cada individuo debe hacerse en el marco de la familia", enfatizó.

El psiquiatra acaba de publicar un libro que tiene mucho éxito en Italia - Cuando vuelan los cormoranes -, que trata de cómo aprovechar los recursos de la familia de origen y del partner en la terapia. Mientras los padres viven y no importa cuál sea su edad, un encuentro terapéutico que pueda abordar los nudos no resueltos y eventualmente logre desatarlos podría cambiar una vida.

"He visto -dijo- muchos pacientes que vinieron luego de varios fracasos terapéuticos. Cuando hay un sincero reconocimiento del daño cometido y existe un genuino pedido de perdón, se produce un vuelco extraordinario en la vida de la persona."

La técnica de la mochila

Canevaro se apoya en el trabajo con la familia de origen, a la que considera muy importante, para que cada paciente se desprenda y pueda volar libremente hacia su propio destino. A lo largo de todos estos años, ha creado técnicas experienciales que favorecen este trabajo para promover una relación afectiva que intensifique el proceso terapéutico.

Hace 15 años, Canevaro inventó la técnica de la "mochila". La utiliza cuando el joven adulto ya ha resuelto su conflicto y está enfrentando su proyecto existencial original. Entonces, llama a los padres a una sesión y les propone un breve ejercicio que debe hacerse "en el momento justo".

El ejercicio consiste en que el padre y la madre del paciente se sienten frente al hijo o a la hija, se tomen de las manos y se miren a los ojos. Los progenitores deben buscar dos o tres cosas de su propio carácter que hayan forjado a lo largo de sus vidas y de las cuales estén orgullosos. Luego, le darán esos dones a su hijo, que los llevará en su mochila en el largo camino de la vida.

"En ese momento, le digo al hijo que deje de sí a los padres dos o tres cosas de su propio carácter, de sus hobbies o de sus sueños. El ejercicio termina con el pedido de un abrazo, en silencio, y que cada uno apoye la cabeza sobre la espalda del otro el tiempo necesario. Se producen encuentros muy intensos y emotivos. Es un espaldarazo a la vida. Todos los pacientes me dicen que ese momento fue fundamental para sus vidas", concluyó Canevaro.

Fuente: La Nación

lunes, 13 de septiembre de 2010

El desarrollo del sentido moral en los niños

Distinguir el bien del mal es fundamental para vivir en sociedad. El sentido moral es el conjunto de valores que rigen el comportamiento. Mediante ellos, las personas deciden qué está bien y qué está mal. Pero para el recién nacido, nada es bueno o malo desde un punto de vista moral. Algunos expertos en psicología infantil consideran que el bebé nace sin ningún tipo de sentido moral. Es el caso del psiquiatra y padre del psicoanálisis Sigmund Freud, del psicólogo evolutivo Jean Piaget o del psicólogo estadounidense Lawrence Kohlberg.

Para el recién nacido, según estos autores, nada es bueno o malo desde un punto de vista moral. El proceso de socialización permite que los niños interioricen las normas sociales que ayudan a distinguir el bien del mal. A pesar de las diferencias que tienen sus respectivas teorías, todos coinciden en señalar que la moral se desarrolla en cada persona a medida que pasa por una serie de fases, que son las mismas para todos los seres humanos y que se dan en el mismo orden.

Osito bueno u osito malo

Sin embargo, estas opiniones no son las únicas e, incluso, hay ideas contrarias. Según las conclusiones de una investigación dirigida por Paul Bloom, de la Universidad de Yale (EE.UU.), los bebés nacen con un código ético embrionario. El trabajo se llevó a cabo en el Infant Cognition Center, donde se estudia el desarrollo psicológico de los niños. Allí se realizaron varios experimentos en los que, según concluyen los autores, los niños de seis meses elaboraron juicios morales. En el primero de ellos, los bebés contemplaban cómo una bola roja intentaba subir una montaña mientras era ayudada por un triángulo amarillo. En otras ocasiones, un cuadrado azul impedía que la bola roja subiera y ésta se veía obligada a descender. La mayoría de los bebés (80%) eligieron el triángulo amarillo como su personaje preferido. De este modo, aseguran los investigadores, habían elegido al personaje que se había comportado bien.

En la infancia y en la adolescencia se aprenden e interiorizan normas y valores que jugarán un importante papel en la identidad y la personalidad

En el siguiente experimento, los bebés observaban dos escenas. En una de ellas, un perro intentaba abrir una caja y un osito -ambos de peluche- le ayudaba. En otra escena, el osito se sentaba encima de la caja para que el perro no pudiera abrirla. Por último, en el tercero de los experimentos, un gato jugaba a la pelota con dos conejos. Cuando la pelota se le escapaba, uno de los dos conejos se la traía enseguida, mientras que el otro intentaba quedársela. La mayoría de los bebés escogieron como personaje preferido al peluche que ayudaba, es decir, que había obrado bien.

Tras analizar estos resultados, los investigadores creen que autores como Freud, Piaget o Kohlberg están equivocados y que los bebés nacen con ciertas nociones, aunque muy básicas, sobre qué está bien y qué está mal. Para Montserrat Conde, profesora de psicología en la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), "la adquisición del sentido moral y de la expresión de la conducta moral está en manos de los agentes socializantes y, sobre todo, de la familia. No obstante, hay autores que creen que el niño nace con un sentido moral rudimentario. Es difícil demostrar cualquiera de las dos posturas pero considerar como verdadera esta última supone aceptar que hay un código moral universal". En su opinión, esto sería una afirmación controvertida.

Desarrollo del sentido moral

Aída Pérez, psicóloga y directora de la Fundación Sorapán de Rieros, entidad sin ánimo de lucro que trabaja por las personas con enfermedad mental, puntualiza que el desarrollo del sentido moral es fruto de varios factores interrelacionados: el desarrollo cognitivo, las experiencias del niño con su entorno (sobre todo, los hechos que provoquen en él reflexión) y rasgos de comportamiento genéticamente condicionados.

Es muy difícil establecer a qué edad los niños son capaces de empezar a distinguir el bien del mal. Conde considera que la adquisición de estos valores, aunque se dé al inicio de la infancia, "se estabiliza a lo largo de un período de tiempo bastante largo y no coincidente para todos". A su entender, el período que transcurre durante la socialización (infancia y adolescencia) resulta vital para ello.

En estas etapas, el niño aprende e interioriza un repertorio de normas y valores, entre ellos la idea del bien y el mal, que jugarán un importante papel en la constitución futura de su identidad y de su personalidad. En algo coinciden todos los investigadores: es fundamental el papel que juegan los agentes socializantes. Entre ellos, destaca el de los padres. "La interacción entre padres e hijos en la vida diaria facilita esta transmisión de valores", señala Conde.

La importancia de la escuela

Los padres son fundamentales en el desarrollo moral del niño. Pero, a medida que éste crece, el papel de la escuela y de sus iguales adquiere más relevancia. Los niños pasan muchas horas en el colegio y, en la adolescencia, encuentran sus principales referencias entre sus iguales. Pérez afirma que en "primaria se plantean asambleas periódicas para estimular la reflexión y el diálogo sobre valores. Lo mismo ocurre en secundaria con las tutorías grupales". De manera transversal, los valores están presentes en todas las materias y asignaturas escolares.

Por otro lado, muchos progenitores no pueden o no saben cumplir con su función de educadores. La falta de tiempo, sus propias crisis personales o valores erróneos pueden entorpecer eldesarrollo moral de los hijos. Se mira a la escuela para que ésta corrija las posibles carencias morales que los niños tienen en casa.

¿Se pueden compensar en clase estas carencias morales? Depende de la edad del niño, de la capacidad de influencia que las figuras educativas tengan en él y de su grupo de compañeros. "En una situación óptima, en un niño menor de doce años, cuando los educadores tienen mucho peso y siempre que desde casa se valore el papel de éstos, es posible si además el pequeño, cuenta con buenos compañeros", apunta Pérez. En la adolescencia resulta bastante complicado.

No siempre copian a sus figuras de referencia

¿Se puede fumar delante de los hijos? ¿Tomar una copa? ¿Decir una palabrota? Numerosos padres creen que deben mostrar siempre un comportamiento inmaculado ante sus hijos. Para Conde, el hecho de que el aprendizaje observacional tenga buenos resultados en el niño no significa que todos los actos del adulto se copien. "Por norma general, los niños entienden bastante bien su rol", subraya. Los pequeños conocen las diferencias entre qué pueden hacer los adultos y qué actuaciones no son apropiadas para los niños.

Respecto a su exposición a los medios de comunicación y el seguimiento que hacen en ellos de sus ídolos, como cantantes, futbolistas o actores, propicia que estos se convierten en figuras que cobran importancia en el mundo interior de los pequeños. ¿En qué medida influye el comportamiento de los ídolos infantiles en el desarrollo moral de los niños? Pérez considera que los menores pueden querer imitar la conducta de sus ídolos, pero el desarrollo moral se refiere a cuestiones más profundas y amplias. "Los ídolos son personas que no están en su entorno inmediato, por lo que su influencia es relativa, aunque pueden convertirse en una motivación para el éxito", agrega.

El papel de la empatía

La empatía es la capacidad de penetrar de manera profunda, a través de la imaginación, en los sentimientos y en las motivaciones del otro. Sin empatía, no se puede desarrollar el sentido moral. No se puede discernir qué está bien y qué está mal, porque estos juicios dependen, en gran medida, de distinguir entre qué es bueno y qué es malo para los demás. "Alrededor del año y medio de vida, el niño comienza a tener empatía", afirma Montserrat Conde. Su familia, profesores y amigos, entre otros, influirán sobre él para que aprenda a tener en cuenta los deseos de los demás, ser participativo y colaborador en los juegos y expresar emociones negativas y positivas. "Todo ello para que, en suma, aprenda a ponerse en el lugar del otro", añade.

Expertos como Martin Hoffman, psicólogo de la Universidad de Nueva York (EE.UU.), colocan la empatía en el centro del desarrollo moral de los niños: "El afecto moral o la empatía es el factor más importante que mueve a ayudar a otros". Determinados trastornos psicológicos impiden que se desarrolle la empatía. Uno de ellos es el trastorno de personalidad antisocial, más habitual en personas procedentes de ambientes familiares desestructurados y sin referentes que, según Conde, "muestran un comportamiento carente por completo de remordimientos". La especialista precisa que son personas que tienden a crear códigos propios, por lo que sólo sienten culpa al infringir sus propias reglas, pero no los códigos comunes establecidos por la sociedad.

José Andrés Rodríguez
Fuente: Consumer

lunes, 26 de julio de 2010

Cómo educar a nuestros hijos en un mundo hiperexigente



“Vivir apurados no es vivir, sino sobrevivir”.

Hoy en día hay un exceso de perfeccionismo y de vanidad en la educación de nuestros hijos.Se busca llenar su agenda hasta límites abusivos de clases extra-escolares, deberes y actividades que solo cansan y “machacan” a los niños y que, en muchos casos, refuerzan el ego de los padres que proyectan en ello posibles frustraciones personales.

Está muy bien que aprendan tecnología suficiente e idiomas para enfrentarse al mundo, pero lo más importante es crear niños y luego adultos con pasión por aprender, descubrir y llegar a ser seres humanos completos.

“Cuando los adultos controlan al milímetro la infancia de los niños, éstos pierden todo lo que da satisfacción y sentido a la vida: pequeñas aventuras, disfrutar del sentimiento anárquico, viajes secretos, juegos, contratiempos, momentos de soledad e incluso de aburrimiento. Sus vidas se convierten en extrañamente sosas, sin logros personales y en cierta medida aburridas y artificiales”

“A muchos niños se les diagnostica déficit de atención e hiperactividad por motivos equivocados: en la actualidad, antes que cambiar el entorno donde vivimos, preferimos alterar nuestros cerebros para que se adapten al entorno. Consideramos la timidez, la tristeza, la duda, la culpa o la ira como enfermedad en lugar de rasgos inherentes a la condición humana.

De hecho, cada vez más padres llevan a sus hijos de uno o dos años al psicoterapeuta para que les curen las rabietas;nuestros hijos no son “trozos de barro a los que moldear” a nuestro gusto, sino personas a las que acompañar en la vida. Tenemos miedo, pero no somos capaces de darnos cuenta de que las incertidumbres y las dudas son ingredientes básicos de la tarea de educar.

Muchos padres viven a través de sus hijos. Sus éxitos son los nuestros y sus fracasos también. Estamos demasiado involucrados en sus vidas... en cierto modo los chicos han pasado a ser mi mismo yo, un proyecto de vanidad. La línea entre padres e hijos se borra y cuando eso pasa, algo tan importante como la disciplina, las reglas, el saber decir “no”, lo tiramos por la ventana. Los niños necesitan límites para sentirse seguros y también para desenvolverse en la sociedad y para relacionarse con los otros.

La mayor expresión del amor hacia nuestros hijos es estar con ellos. Conocerse. La paternidad es un viaje hacia el descubrimiento y como todos los viajes comporta incertidumbres, dudas, errores. La gente que acepta eso transforma la paternidad y la maternidad en una aventura muy rica,y el resultado entonces, son niños más completos y más sanos.

Hoy,nuestros hijos no aceptan las normas y tampoco las críticas,no saben comportarse y los padres no saben lo que quieren, hemos perdido la brújula y el control y eso a los chicos les hace daño, les perjudica y les preocupa. Ser padre es difícil, duro y agobiante. No es un sueño de vacaciones. El problema es que en lugar de pensar y aceptar que todo saldrá bien, invertimos en el lugar equivocado

Fuente: Nueva Escuela para Padres

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Educar en la afectividad


La educación de la afectividad es un aspecto de decisiva importancia en la educación del carácter.

Y para educar correctamente la afectividad es cuestión clave que los padres se quieran mucho entre sí y que quieran mucho a los hijos.

— ¿No es un poco tópico todo eso?

No creas, porque se comprueba continuamente cómo un ambiente familiar frío, desconfiado, o excesivamente rígido, puede hacer que un chico o una chica nunca lleguen a adquirir un sano equilibrio en su afectividad.

Cuando a los hijos les faltan en su infancia y adolescencia modelos claros de lo que es el cariño, no aciertan a captarlo bien tampoco después.

— Pero no siempre nos lo ponen fácil. Hay temporadas en que no se dejan querer, que son auténticos erizos...

No es para tanto. Además, ellos mismos se dan cuenta de que están raros, pero les cuesta vencerse. Compréndeles. Interésate por lo que a ellos les interesa, aunque te parezcan bobadas. Cuando conozcas un poco su mundo, descubrirás que es algo vivo y atractivo, y disfrutarás con ello, les entenderás mejor y te sorprenderás de los avances.

— Pero a veces tienen unas actitudes poco respetuosas y no se les puede comprender todo...

Comprender no es consentirlo todo. La convivencia familiar debe edificarse sobre un gran respeto por las personas: por el marido, por la mujer, por cada hijo, por el abuelo o la abuela si viven también allí.

Normalmente no hará falta explicarle que debe tratar bien a todos: lo ve, no hay que decírselo.


Sería interesante examinar con qué cuidado tratamos a cada uno. Si hay la suficiente consideración con todos. Si hablamos a todos y de todos con respeto y cariño. Si actuamos con justicia y lealtad también en su ausencia, de forma que si el interesado estuviera presente, quedara agradecido por el modo en que se habla de él; y que si hablaran de nosotros y pudiéramos escucharlo, quedáramos también agradecidos.

Saber llevarse bien es más importante de lo que parece.

— Creo que hay bastante gente que sabe ser agradable, y en las relaciones sociales son muy comunicativos y grandes conversadores, pero luego en su casa son intratables. Supongo que siempre es más fácil ser amable con los de fuera un ratito...

Cualquier persona inteligente sabe que las relaciones sociales más importantes son las de su propia casa. Por eso conviene estar vigilantes ante las grietas de la convivencia y del cariño dentro de la familia, ante esos enfrentamientos estúpidos, ante esa discusión idiota, ante esa sequedad de afecto, ante ese egoísmo de fondo o aquel orgullo tonto..., porque tontamente pueden estropear cosas muy valiosas.

Alfonso Aguiló
http://www.interrogantes.net/

domingo, 1 de noviembre de 2009

En sexualidad y libertad, cada cosa a su tiempo


Los tiempos cambian pero...

Ayer nomás era común ver que las niñas imitaban a sus madres en sus actitudes, su modo de vestir y de hablar, era una manera de ir creciendo hasta alcanzar su propia identidad y en este proceso, la madre era su "modelo".

En otro tiempo, en algún momento libre, la mamá enseñaba a su hija a hacer alguna labor manual como tejer o coser alguna prenda para su muñeca, por ejemplo. Y no estamos hablando de tiempos prehistóricos sino de hace poco. Hoy los tiempos cambiaron y muchas veces recordamos con nostalgia alguna que otra situación como la mencionada pero, evitando caer en la falsa ilusión de creer que ese tiempo volverá.

Actualmente, cuando aún no han concluido aún su escuela primaria, muchas mamás se ocupan de promover, junto con otras madres del curso, la organización de fiestas o bailes cuando quizá lo ideal sería, impulsar la participación de las niñas en eventos deportivos, obras culturales, sociales y en lo posible, realizadas por ambos sexos en común, para aprender a relacionarse sanamente.

Los programas de televisión contribuyen a exacerbar esta situación de adelantar a las niñas e impulsarlas a realizar algo que no les es propio ni acorde a su edad y etapa madurativa. Así se van acostumbrando a frecuentar locales bailables para menores con la complacencia de sus padres quienes, en el mejor de los casos, únicamente se toman el trabajo de ir a recogerlas al final del baile con muy pocas ganas.

La niña que alimentó ilusiones con las telenovelas de la tarde y los idilios de sus personajes -la mayoría preadolescentes- comienza a vestirse provocativamente para suscitar el interés de los varones y concretar la ilusión alimentada: tener un romance rápidamente tal como la heroína de turno.

¿Y los varones?

Los varones también alimentan su despertar sexual apelando a cuanto medio tienen a mano: internet incluida. Pero hay algo que aún no ha cambiado: los padres y madres de varones no consideran que eso sea algo desestimable, por el contrario, aún vivimos en una cultura predominantemente machista (aunque no nos guste) en la cual ésto es un signo de virilización altamente deseable.


Iniciada la etapa de las salidas a partir de la medianoche con su vuelta a la madrugada se constituyen en un campo ideal para sostener relaciones de parejitas que desean reproducir lo visto en la telenovela, el video, la película o el sitio de internet. El clima del boliche, la música ensordecedora, el alcohol, la caricia cada vez más directa y prometedora, van anunciando un final fácilmente imaginable que puede concluir en un embarazo.

¿Qué sucede con los padres cuando se enteran?

Si la hija está embarazada, algunos no se hacen cargo, algunos se ofenden y aún las expulsan del hogar tal como se comprueba en maternidades a las cuales acuden a tener su hijo, siempre y cuando el embarazo llegue a término. Ésto en el mejor de los casos porque generalmente, estas situaciones las resuelven las protagonistas con ayuda de sus amigas, sin dar participación a sus familias, con las consecuencias sabidas: aborto, peligro de enfermedad o muerte femenina, abandono del varón, posterior culpa y problemas psicológicos.

¿Qué ha pasado?

Si se ha cuidado tanto a los hijos durante la primera infancia, ¿por qué luego detentan una libertad que no está de acuerdo con su edad? ¿A algún papá o mamá se le ocurriría dejar elegir a su hija jugar con un instrumento que no sepan usar y pueda dañarla?. Lo mismo sucede cuando se les ha estimulado para comportarse como adultas anticipadamente, usando ropas inadecuadas y precipitando salidas. El resultado es que salen dañadas.

No necesariamente hay que buscar culpables pero quizá muchos adultos estén tan infantilizados y confundidos ante una cultura que promueve cierto tipo de conductas y actividades, que sería el momento de sentarse a pensar si no se debería modificar la percepción de la vida actual y, aunque se vaya contra la corriente, aprender a dejar a los hijos e hijas disfrutar de su infancia, de sus juegos con muñecas y no con muñecas de carne y hueso que no están preparados para tener.

Que los adolescentes pierdan la cordura está dentro de lo esperable y posible pero que la pierdan sus padres es una triste falta de responsabilidad.


Crecer y hacerse cargo de nuevas responsabilidades no es fácil en un mundo que cambia tan rápidamente; necesitamos ayuda todos, los chicos y los adultos. Ayuda para poder cuidarnos y cuidarlos aprendiendo a tomar de la cultura actual lo bueno, lo deseable, lo necesario y acorde a la etapa de nuestra vida, desechando lo que consideramos que no se condice con nuestro estilo de vida aunque los de afuera nos marquen lo contrario y tengamos que sufrir burlas por ello.


Decir es la salida más fácil, un NO a tiempo puede evitar muchas lágrimas.
Textos: María Inés Maceratesi

lunes, 28 de septiembre de 2009

Los padres, los protagonistas naturales más inmediatos en la tarea educativa


Por: Javier Úbeda Ibáñez
Escritor

La familia es el ámbito más próximo tanto biológica como espiritualmente hablando, de la persona humana individual y concreta, a la cual pertenece primariamente la titularidad de los derechos de índole natural. La conveniencia de comprender esta tesis resulta en la actualidad tanto más clara cuanto que no es lícito desconocer que hoy por hoy se ataca a la familia desde muy varios frentes y que existe, por otra parte, una fuerte tendencia a absorber los derechos de la persona humana individual en los cometidos propios de la sociedad en su conjunto y del Estado como su gestor y promotor.

La tarea educativa encuentra sus protagonistas naturales más próximos o inmediatos en los padres, porque éstos son, por principio, quienes más cerca se hallan de quien tiene el derecho a ser educado. En la vida de la familia este derecho coincide con un deber de los padres como responsables primarios de la formación de sus hijos. Pero adviértase que, al hacer esta afirmación, no pretendemos estar tratando de la actividad educativa como un complemento natural de la generación de la prole. De este aspecto ya hemos hablado en otro artículo. Ahora se trata, tan sólo, del argumento basado en la máxima proximidad existente, en el caso de los padres y los hijos, entre el educador y el educando. Queremos decir, en suma, que el primer titular del derecho a ejercer la educación lo es quien tiene la mayor proximidad respecto de quien posee primariamente el derecho a que se le eduque.

Y se trata, sin duda, de una proximidad que alcanza el grado de la intimidad. No es tan sólo, de hecho, una cercanía física, ni ésta representa propiamente la única ni la mejor forma de estar próximos los hombres entre sí. El hogar, la familia, constituye indudablemente un cierto ambiente físico en el sentido más material y topográfico de la palabra; pero no es ese su sentido fundamental. Más decisiva es la proximidad de carácter biológico y, sobre todo, esa cercanía de los espíritus en que la esencia de la intimidad consiste.

Una auténtica y efectiva educación requiere necesariamente la existencia de una auténtica y efectiva intimidad. Naturalmente, estamos tomando aquí la educación, no en el mero sentido de lo que se llama la instrucción o enseñanza, sino en sus más hondas dimensiones, que sin duda son las formativas. Hablamos, en una palabra, de la educación como formación de la persona en sus más altos valores. Pues bien, tal formación exige la máxima intimidad entre el educador y el educado: la que puede y debe darse, por principio, en el ámbito familiar.

En relación con ello, no parece que resulte improcedente, sino muy oportuno, el tener en cuenta las graves deformaciones y trastornos mentales dimanantes, a la corta o a la larga, de que los hijos, sobre todo en los primeros años de su vida, no sean tratados suficientemente por sus padres. Tales deformaciones y trastornos son sencillamente el resultado de la falta de una intimidad indispensable para la salud mental del educado. Y todo esto quiere decir, por tanto, que no son suficientes los cuidados físicos y las demás atenciones que los hijos pueden recibir fuera del seno de la vida de la familia.

La intimidad compartida es la condición indispensable para poder superar el egoísmo. Es ésta una condición que representa el más primario elemento en la formación moral del ser humano. Incluso cabe decir que toda la formación moral no es otra cosa sino el proceso en el que se va desarrollando la superación del propio yo y de sus exclusivos intereses meramente particulares. Hoy se habla mucho de la necesidad de realizarse pero tal vez se olvida que la realización de la persona es un continuo abrirse a los horizontes que gradualmente trascienden la vinculación al propio yo.

En la intimidad de la familia, comienza el aprendizaje de la virtud de la solidaridad. Claro que la necesidad de esta virtud para el íntegro desarrollo de la persona humana puede y debe justificarse con razones de valor objetivo, y ello de tal manera que la solidaridad no se convierta en un puro y simple sentimiento, por muy generoso que éste fuera. Pero es un hecho innegable que, tanto en esta virtud como en las otras, el ejemplo puede más que las palabras. De ahí que el calor y la fuerza del ejemplo que constituye la íntima solidaridad de la familia no puedan ser reemplazados por argumentos abstractos, que no poseen el apoyo de una experiencia iniciada en los primeros años de la vida.