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lunes, 2 de agosto de 2010

Soluciones concretas para los jóvenes marginados


Sin educación y sin trabajo, deambulan por calles y plazas miles de chicos y adolescentes, por lo que es posible imaginar que son presa fácil de la droga, el alcohol y la violencia, como respuesta a esa situación indeseada. Muchas veces a sus familias les resulta difícil llegarles con un mensaje claro de valores, como el esfuerzo sostenido, la responsabilidad y el respeto, ya que son varias las generaciones que padecen el flagelo del empobrecimiento, la marginalidad y la falta de trabajo .
La realidad indica que
hoy en Argentina hay más de 700.000 menores fuera del sistema educativo.

Esto equivale ni más ni menos que a la población total de la provincia de Jujuy o de San Juan. Por eso estamos convencidos de que la educación es la clave para disminuir los índices de pobreza, violencia, desocupación e inseguridad . Estas problemáticas afectan a toda la sociedad y debemos dar soluciones efectivas.

Como una respuesta a esta situación, se implementó en Mendoza el Servicio Cívico Voluntario . Este programa aunó esfuerzos de la provincia, el ministerio de Defensa y las universidades y ofreció herramientas para que adolescentes (18 a 25 años) tuvieran una oportunidad justa, recibiendo terminalidad educativa y capacitación en oficios . Muchos de ellos -padres de familia- nos expresaban su deseo ferviente de que sus hijos no tuvieran su mismo destino.

La mayoría de estos cursos de estudios y oficios se hicieron en los talleres y con profesores del Ejército Argentino, aprovechando sus instalaciones y la capacidad ociosa de las mismas. Este esfuerzo compartido generó un acercamiento de las fuerzas armadas a la sociedad, llevando a cabo una importante función social. Los jóvenes que participaron en el Servicio Cívico permanecían en jornadas completas en las instalaciones del ejército, donde almorzaban y participaban en talleres de valores. La formación en valores fue uno de los pilares fundamentales del programa, buscando que los jóvenes asumieran como propio el desafío de la superación personal y la autoestima.

Valores como honestidad, solidaridad, respeto, compromiso y esfuerzo por el trabajo son modeladores de buenos hábitos y repercuten directamente en la persona y en la vida que ésta desarrolla en la sociedad.

Por eso, esta experiencia ofreció un marco integral de educación y contención , permitiéndoles a muchos de ellos continuar en la educación media, acceder a un trabajo digno y fundamentalmente formarse como persona.

Aquellos alumnos que por distancia o falta de cupo no podían acceder a las instalaciones del ejército, lo hacían en dependencias del Estado, las cuales se mejoraron y equiparon con las últimas herramientas necesarias para aprender un oficio y así acceder al mercado laboral.
Las universidades públicas y privadas promovieron la concurrencia de estudiantes, que fueron invitados a participar como voluntarios , dando clases de apoyo, organizando talleres de temas relacionados con sus estudios o simplemente compartiendo jornadas con aquellos que -siendo sus pares en edad- no habían tenido las mismas posibilidades. De este modo, los jóvenes universitarios devolvieron a la sociedad parte de lo que recibieron de la misma y todos contribuyeron en el proceso de construcción de un futuro mejor.
A los hombres y mujeres que formaron parte del Servicio Cívico, se les dio una respuesta concreta a sus problemas y una posibilidad de superarlos . También aprendieron que es tan importante brindar como recibir, por lo que se los instó a ejercer la solidaridad y el voluntariado. Ellos donaron sus productos y aplicaron el trabajo aprendido para ayudar a aquellos que estaban más necesitados. Es así como muchas escuelas, hospitales, hogares de ancianos e instituciones varias se vieron favorecidas con tareas de soldadura, carpintería, electricidad, costura industrial, entre otras, y que los estudiantes del Servicio Cívico ofrecieron, orgullosos de contribuir activamente con su comunidad.

El Servicio Cívico Voluntario constituye una idea sencilla, que cuenta con una experiencia previa positiva , que invita a no bajar los brazos frente a las dificultades y a redoblar los esfuerzos. Este programa es una propuesta concreta para construir desde la solidaridad un destino mejor para aquellos que, por falta de educación y formación, hoy se encuentran ante la imposibilidad de acceder a un trabajo.

A partir de estos buenos resultados y con el deseo de extender esta experiencia , se presentaron proyectos de ley para establecer a nivel nacional el Servicio Cívico Voluntario , contemplando las distintas necesidades y problemáticas zonales. Uno de ellos en Diputados, por la entonces diputada Laura Montero, el diputado Enrique Thomas y otros legisladores. Asimismo, en la Cámara de Senadores ingresaron dos proyectos, uno del senador José Pampuro y el segundo de los senadores Ernesto Sanz, Juan Carlos Marino, junto a otros parlamentarios.

Sería muy importante que acompañemos esas propuestas , que dan soluciones concretas a estas problemáticas sociales y construyen desde la educación y la solidaridad una Argentina más justa y equitativa.

Julio César Cobos

Fuente: Artículo escrito y publicado por el Vicepresidente de la Nación Argentina en su perfil de Facebook el 2 de Agosto de 2010

Foto: CADAL

domingo, 2 de agosto de 2009

El problema de los adolescentes de hoy




El grave problema de los adolescentes; algunas propuestas


Tenemos un grave problema con buena parte de nuestros adolescentes y jóvenes. Negarlo es quedar ciego ante la luz de la verdad. Y ese problema no se arregla solo rebajando la edad penal, porque es demasiado extenso y profundo, y porque su raíz está en la sociedad y los poderes públicos.

Cuando somos niños pequeños nos enseñan a discernir entre lo que es un bien para nosotros o los demás, y lo que representa la incitación a un deseo. Esta es la base de la educación (exégesis) “no comas esto,” “no bebas aquello”, “no hagas esto otro”. Desarrollar aquella capacidad de discernimiento es el fundamento de la educación.

También sabemos que cualquier práctica que deseemos emprender con posibilidades de éxito, en la ganadería, jugando al ajedrez, o ser empresario, exige inexorablemente conocer cuáles son los bienes relacionados con la práctica –y, por tanto, los males-. Un agricultor no puede pecar de inconstante porque las vacas necesitan el ordeño diario al igual que la alimentación de los animales; la paciencia es necesaria para el ajedrez; y la confianza básica para el empresario. Se necesita además la práctica y los medios necesarios para alcanzar aquellos bienes. Para conseguir todo esto nuestros deseos deben ser encauzados, educados, y que ésta solo pueda ser una actitud permanente.

Pues bien, ser humano, vivir la propia vida, es más decisivo que cualquier actividad concreta, lo que vale cuando éramos niños, y después, para ser ganadero, ajedrecista o empresario, todavía es más necesario para realizarnos como personas. Es evidente que exige saber distinguir entre lo bueno y el simple deseo, como aprendimos, o así debería haber sido en la infancia. El problema que padecen un número creciente de adolescentes es que tal aprendizaje les ha sido negado y deformado, por incapacidad de sus padres, primero; maestro, después; y la sociedad, en general, o por la actitud deliberada que considera que aquellas condiciones que son las que razonablemente nos exigimos para el desempeño de cualquier tarea, incluso el más sencillo de los hobbys, no debe aplicarse a la educación de las personas. Por esta causa violan tanto, agreden y son cada vez más violentos. Se drogan más y más pronto e incurren en una dañina promiscuidad Asumiendo hábitos dañinos que les pasarán factura a los 30, 40 años.

Por consiguiente, debemos recuperar la educación del deseo, la capacidad de discernir el bien y practicarlo. Para ello es necesario ayudar a que cada uno entienda y descubra cuál es la mejor forma de vivir para nosotros, porque con nuestras actitudes expresamos alguna manera de lo que cada uno entiende por felicidad, en términos de bienes, no de deseos, de manera que sepamos cuál es nuestro gran bien último, como nos organizamos en relación a los otros bienes y qué estamos dispuestos a sacrificar.

En nuestra cultura clásica el fin último -la felicidad- podía alcanzarse por medio de la sabiduría, como Platón; con su ejercicio en la política; mediante las virtudes adquiridas, como Aristóteles; o en una relación perfeccionada con Dios, como Tomás de Aquino; o en las tres. En cualquier caso, la felicidad nunca podía surgir de la búsqueda sistemática del placer, el poder o el dinero –como fin último, como hiperbién-, lo que no niega las posibilidades de cada uno como medios secundarios. De ahí la importancia de la educación para reconocerse en uno mismo si se está haciendo algo para alcanzar el fin bueno, o realmente en la práctica solo estamos enmascarando nuestro deseo de placer, poder, dinero. Y esto es, sobre todo, una reflexión práctica.

Y porque se trata de práctica y la pregunta no puede sólo formularse sobre el yo -¿qué debo hacer?- sino sobre el nosotros, debe entrar en juego la razón deliberativa porque el criterio del otro nos ayuda a superar nuestras concepciones erróneas sobre la manera de alcanzar nuestro fin último, de manera que cuando persigamos fines genuinamente buenos, sepamos ver cuando no los perseguimos por este motivo sino porque redundará en dinero o en poder. Por esto es tan importante la deliberación en el proceso educativo, siempre y cuando no degenere en corrupción; es decir, cuando los demás se esfuercen en ejercitar las virtudes de la objetividad.

El escultismo clásico -no, evidentemente algunas mutaciones posteriores- es la gran escuela de formación de niños y adolescentes, porque encauza, entre otras, la tendencia al pandillismo, al liderazgo y socialización del adolescente en el sistema de patrullas que funciona bajo criterios de bien muy poderosos, la Ley Scout y su promesa, el raciocinio y la corrección deliberativa, las reuniones de patrulla, los consejos de honor, constituyen un proceso de deliberación racional compartida para lograr bienes últimos: el honor, la lealtad, el servicio a los demás, la fraternidad entre scouts; la cortesía el amor a los animales y a la naturaleza, la obediencia, el espíritu de sacrificio y de superación, la formación de la personalidad y del cuerpo, mediante la práctica, esto es, la acción, el testimonio y el compromiso

En una cultura desvinculada y su expresión, las políticas del deseo y la burocracia de la despersonalización, recuperar el estudio y divulgación de los grandes educadores de la sociedad como Aristóteles y Tomás es tan necesario como lo fue en las épocas más negras de la historia humana, en otro plano, el de la vida cotidiana, la profundización de la naturaleza y métodos como los del escultismo clásico, sin las deformaciones que incorporaron las crisis post sesenta y ocho.


Josef Miró
Fuente: Forum Libertas
Comentario Editorial:
Este es un excelente artículo para reflexionar sobre la profundidad de la problemática adolescente en la sociedad actual. Como ya lo veníamos perfilando en otros artículos publicados en este blog, el punto de partida para la formación de personas fuertes y capaces de obrar persiguiendo el bien propio sin ignorar el bien ajeno, pasa por la formación desde muy pequeños, de una conciencia recta capaz de expresarse y elegir libremente el bien. En esta cruzada, los padres -primeros educadores- tienen un papel irreemplazable.

viernes, 30 de enero de 2009

¿Ficción o realidad?


Hoy amanecimos en Buenos Aires enterándonos de la muerte violenta de otro adolescente a la salida de un local bailable; ayer en un confuso episodio, un joven de veintitres años fue degollado en la calle por otro de la misma edad. Ésto ocurre en lugares de veraneo en la costa atlántica, pero también en el conurbano bonaerense y en la ciudad. Los noticieron de televisión no escatiman noticias como las citadas que reflejan "una" realidad, solamente "una", la peor, la más sórdida, la que protagonizan adolescentes, en su mayoría entre los dieciocho y veinticuatro años.

La pregunta es ¿por qué?. Siempre existieron hechos violentos, violaciones, consumo de sustancias nocivas, pero nunca como actualmente. Y si sumamos los accidentes automovilísticos protagonizados por algunos jóvenes, llegaremos a alguna conclusión a la que nos lleva el sentido común. Todos hemos sido o somos jóvenes pero no todos nos hemos expuesto al peligro extremos día a día quizá porque había un alerta que nos generaban los adultos y a los cuales adheríamos, a veces con mucha rebeldía, no sin evitarnos tropiezos, dificultades y burlas pero, siempre nos cabía la opción de llegar a nuestra casa y poder confiar nuestras dudas, nuestras preocupaciones y vicisitudes a nuestros padres o a algún referente mayor que podía ser algún hermano o hermana, y hasta algún vecino en el que confiábamos.

No es fácil hoy ser adolescente, pero tampoco es fácil ser adulto porque nos encontramos con innumerables dificultades, comenzando por la violencia que nos provoca la imposibilidad de conseguir trabajo por ser considerado fuera del target solicitado, o sea joven de menos de treinta años. Pero este es otro tema. La televisión -dicen- puede ser un factor desequilibrante para los adolescentes por la temática de los programas y series emitidas. Y es posible debido a la inmadurez de muchos televidentes (jóvenes y no tanto) que suelen confundir ficción con realidad y poseen una falta de personalidad que los lleva a imitar todo cuanto ven.

Si en cambio se nos inculcara desde el hogar y desde la escuela la posibilidad de hacer una lectura crítica de lo que se ve en televisión y se oye en la radio, sería diferente. No quiero pasar por ingenua ni minimizar los riesgos de una programación decadente pero estoy convencida que falta educación para canalizar la fantasía, comprenderla como tal y una vez concluido el programa en cuestión, volver a la realidad propia de cada uno y seguir siendo la misma persona, es la clave. También estoy convencida de que se necesita un compromiso serio de los Medios de Comunicación y del estado pero sobre todo, de la FAMILIA, que es anterior al estado y a todo. ¿Estaré tan equivocada?.

Vale la pena leer esta nota publicada por "La Nación"

El furor por las series adolescentesLos pobres chicos ricos del cable

Dueños de una situación económica privilegiada y una vida personal turbulenta



lanacion.com Espectáculos Jueves 29 de enero de 2009

Los niños y la TV en la Argentina

Los chicos están desprotegidos ante la TV en la Argentina


El dato es claro: en la Argentina los chicos ven un promedio de cuatro horas diarias de televisión, pero en los canales de aire prácticamente no hay programas producidos y pensados para ellos.

La evidencia es sólo una de las muestras de la desprotección que los niños y las niñas sufren ante el medio de comunicación más poderoso, según denunció una decena de organizaciones de la sociedad civil preocupadas por la situación.

"Hoy nuestros niños a través de la televisión no tienen un contacto con su propia identidad. No existe una programación siquiera que los entretenga y los divierta. No hablemos ya de contenidos educativos. Un niño que no juega no piensa, la actividad más importante de la niñez es jugar y la televisión, cuando emite entretenimientos, no piensa en ellos. Se mete así con la salud del niño porque se meten en el área lúdica", advirtió Alejandro Malowicki, titular de la Sociedad Audiovisual para la Infancia y Adolescencia Argentina (SAVIAA).

Y junto a la Defensoría del Pueblo de la Nación propusieron y reclamaron una serie de medidas para revertir esa situación.

"Por un lado, los canales de televisión no cumplen con la normativa vigente. Pero además, debería haber un marco regulatorio como existe para este tema en países como Colombia, Brasil, Chile, Venezuela o España", sostuvo Malowicki.

Los impulsores de la iniciativa destacan, según informó NA, que en esos países, por ley, deben destinarse "espacios específicos para buenos contenidos para la niñez". Y que además existe una "participación del Estado destinando recursos, pero también obligando a las empresas, como son los canales de televisión, a destinarlos a este tipo de contenidos, en virtud de que están haciendo uso de una frecuencia pública".

La falta de contenidos destinados a los niños deriva en problemas concretos, según destacaron las entidades lideradas por SAVIAA, existe un estudio reciente del COMFER -el organismo que regula a los canales- constata que el índice de Violencia en la TV abierta es del 68% en los programas de la categoría Entretenimiento, de 75% en los Noticieros y que 7 de cada 10 programas de ficción contienen violencia. ( La Opinión Rafaela )

jueves, 10 de julio de 2008

Derecho contra la explotación económica de la niñez


Detrás de cada chico que trabaja o pide hay un padre desocupado. Podemos definir al trabajo infantil como aquel que "priva a los niños de su infancia y su dignidad, impide que accedan a la educación y adquieran calificaciones, y se lleva a cabo en condiciones deplorables y perjudiciales para su salud y desarrollo".

La Convención de los Derechos del Niño establece en su Art. 32 - Inc. 1: "Los Estados partes reconocen el derecho del niño a estar protegido contra la explotación económica y contra el desempeño de cualquier trabajo que pueda ser peligroso o entorpecer su educación, o que sea nocivo para su salud o para su desarrollo físico, mental espiritual, moral o social".
Si bien nuestro país ratificó los Convenios de la OIT, que establecen las edades mínimas de admisión al empleo, cumpliendo con lo pedido por la Convención de los Derechos del Niño en su art. 32 inc. 2, el trabajo infantil es un fenómeno que crece a pasos agigantados en consonancia con la crisis económica y social que viene atravesando la Argentina.

La pobreza, la marginación y las pautas culturales son las principales causas que se toman en consideración a la hora de comprender la problemática de la explotación económica infantil, más allá de que en la misma confluyan una multiplicidad de factores, tanto económicos como sociales.

Se observa que los ingresos obtenidos con el trabajo de los niños muchas veces contribuyen a la subsistencia familiar. Sin embargo, cuando se habla de trabajo infantil no sólo se incluye a los chicos que trabajan en la calle sino también a los que realizan tareas dentro de sus casas, cumpliendo roles y tareas que no corresponden con su edad, por ejemplo cuidando a sus hermanos para que sus padres puedan tener un trabajo rentado fuera del hogar.

En la Argentina trabajan casi dos millones de niños. En la última década el trabajo infantil se multiplicó por ocho. La mitad de estos chicos termina abandonando la escuela para trabajar y ayudar a su familia a obtener los recursos económicos mínimos y necesarios para la supervivencia del núcleo familiar. Esto deja en claro que el problema trasciende el incumplimiento de las leyes de protección del trabajo infantil.

Hay un problema estructural que tiene que ver con la falta de políticas destinadas a la creación de empleo que tiendan a fortalecer el trabajo de los adultos y, por ende, a evitar la explotación económica de los chicos. Cuando los chicos no se vean obligados por las circunstancias a trabajar para ayudar a su familia, disminuirá la deserción escolar por esta causa.Es necesario, por un lado, recuperar la cultura del trabajo y permitir el acceso a un empleo digno a todos aquellos que hoy se encuentran excluidos del mundo laboral y, por el otro, asegurar el acceso a una educación de calidad que les permita a los chicos romper el círculo vicioso que los mantiene, a ellos y a las generaciones futuras, en la pobreza y la indigencia.

Fuente: Comisión Niñez y Adolescencia en Riesgo del Arzobispado de Buenos Aires