lunes 19 de marzo de 2012

Apostar por el ciclo primario


Históricamente, la escuela primaria cumplió con una tarea esencial en nuestro país: construir una experiencia común entre los argentinos, tanto desde la gestión pública como privada. En ese ámbito, las familias y los docentes coincidían en un acuerdo tácito: la escolaridad significaba inclusión, ascenso social y conformación de lo ciudadano. Pero la esperanza en la educación se deterioró cuando las políticas sociales y económicas debilitaron al Estado, y la confianza en las aulas se volvió una ilusión. Sin embargo, pese al clima cultural reinante de incertidumbre que desafía a todas las instituciones, incluida la de la enseñanza, la escuela debe recuperar su espacio de oportunidades y de encuentro entre generaciones y grupos sociales, atendiendo también a los enormes desafíos que le plantean las nuevas tecnologías, la sociedad de consumo, el poder de los medios de comunicación. Enorme y compleja tarea pero no por ello menos necesaria y urgente.Leer más

viernes 3 de febrero de 2012

La capacidad de compromiso se adquiere en la infancia

Estamos viviendo una época difícil en cuanto a la forma de relacionarnos y como consecuencia de ello surgen algunas cuestiones que no podemos explicarnos. Una de esas cuestiones es la falta de compromiso que notamos en muchas personas que no son capaces de adoptar una conducta madura y cumplir con lo que prometen por ejemplo, o ser constantes en el estudio, en un trabajo o con una relación. Este artículo puede ayudarnos a reflexionar y comprender el tema.




Por José Andrés Rodríguez

Cada vez más personas optan por estilos de vida muy diferentes al tradicional, como vivir solos o mantener relaciones abiertas (que permiten relaciones sexuales con otras personas), entre varias opciones. Da la impresión de que el compromiso no es, precisamente, uno de los valores que cotizan al alza hoy en día. Se ha analizado mucho el porqué de la falta de implicación, ya sea en la esfera de las relaciones de pareja o en otros ámbitos de la sociedad actual.

La falta de compromiso es uno de los factores que anuncian el final de una relación

Los sociólogos explican que hoy se vive en una época de la posmodernidad caracterizada por el individualismo, la falta de verdades absolutas y la incertidumbre, ya sea en el mercado laboral o en las relaciones personales. Esta manera de obrar y vivir con independencia de los demás, destacan numerosos investigadores, dificulta que las parejas puedan durar toda la vida, ya que para muchas personas, sus propios deseos y proyectos serán más importantes que la propia relación sentimental.

Por otro lado, los psicólogos alertan del aumento del número de personas que sufren el síndrome de Peter Pan. El psicólogo estadounidense Dan Kiley bautizó como "peterpanes" a los hombres adultos que son incapaces de comprometerse porque aún se comportan como niños.
La clave: una buena relación con la madre

Pero, aparte de un contexto social que parece favorecer el individualismo, ¿hay otras causas que puedan explicar la falta de compromiso de algunas personas? Según un estudio publicado en la revista "Psychological Science", los problemas de hombres y mujeres para mantener el compromiso con sus parejas podrían tener origen en la infancia. Para este estudio, los investigadores entrevistaron a 78 personas de 20 o 21 años de edad y analizaron qué nivel de compromiso tenían en su relación actual.

También entrevistaron a sus respectivas parejas para cotejar las respuestas. Antes, los investigadores habían recabado información sobre dos aspectos importantes del pasado de las personas entrevistadas: cómo había sido la relación con sus madres en la infancia y cómo manejaban las discusiones en los años adolescentes. Las personas que disfrutaron de una relación cariñosa y responsable por parte de su madre y que fueron capaces de resolver con eficacia los conflictos con sus amigos en la adolescencia estaban más comprometidas en sus relaciones sentimentales.

Mismo nivel de implicación, unión más estable

Otro de los interesantes resultados que arrojó el estudio fue que un factor fundamental para que una pareja dure es que tenga un nivel de compromiso similar, ya sea este nivel bajo o alto. Para analizarlo, cada pareja tuvo que debatir sobre un tema que fuera importante para ella y sobre el que no había logrado un acuerdo. Los investigadores grabaron la discusión. Las uniones en las que ambos tenían un bajo nivel de compromiso tenían más posibilidades de éxito que otras en las que uno quiere poca implicación en la relación y el otro mucha.

Los expertos concluyen que la ausencia de compromiso por parte de uno de los miembros puede poner en serio riesgo la relación. Según el psicólogo estadounidense George Levinger, el defecto de compromiso es uno de los cuatro factores que anuncian el final de una relación. Los otros tres son: creer que una nueva vida es la mejor solución para los problemas sentimentales, tener parejas alternativas y la expectativa de que la relación fracase.

El apego entre madre e hijo

Una mala relación entre madre e hijo durante la primera infancia provoca, con mucha probabilidad, que el futuro adulto tenga serios problemas en sus relaciones personales. Una interesante demostración de la importancia del apego fue el experimento que realizó el psicólogo Harry Harlow. Separó a un grupo de crías de monos Rhesus de sus madres. Debido a la ausencia de estas, las crías se abrazaban a unas almohadillas que había en el suelo de las jaulas.

Harlow tuvo entonces la intuición de que la relación madre-hijo tiene una función primordial para la supervivencia psicológica de las crías. Así que formó cuatro grupos de crías. Los monos de un grupo estarían en contacto con una madre de madera vestida con ropas suaves y que proveía de leche. Otros estarían con una madre parecida, pero sin aporte de leche. Un tercer grupo estaría con una madre realizada con alambre y que daba leche. Y, por último, otras crías estarían con una similar, que además no proporcionaba leche. El resultado fue que los monos preferían el contacto con la madre de ropas suaves que no daba leche. Optaban por pasar hambre antes que renunciar al contacto.

Como señaló Harlow, "cuando la madre cubierta de ropas suaves estaba presente, los bebés corrían rápidamente hacia ella, se cogían a su cuerpo, se frotaban contra las ropas, se apretaban contra ella... Pero cuando estas madres estaban ausentes, los bebés corrían de un lado a otro, se agarraban a sus caderas y cuerpos, y gritaban de aflicción". Ya adultos, fueron incapaces de realizar con éxito el acto sexual. Según el especialista, tenían problemas en sus relaciones personales por culpa de una mala relación materno-filial en la infancia.

Fuente: Consumer.es

La violencia no es la respuesta


Por Joaquín Rocha

La violencia es hoy en día uno de los grandes problemas que padecemos como parte del precio que tenemos que pagar por vivir en un contexto de modernización y tecnología en los albores del nuevo siglo. Ella, como arrastre del pasado, no es legada sin poder rechazarla.

Nos estamos acostumbrando y por ello, en ocasiones, perdemos nuestra capacidad de asombro y llegamos a confundir la realidad con la fantasía. Se trata de una forma de vincularse que cala hondo en los valores que marcan un estilo de vida y enferman cualquier proceso de sociabilización.

No sólo te la topas en las calles, sino también en el hogar y en las instituciones, como la escuela, que son cimiento fundamental de nuestra sociedad.

Las conductas violentas surgen en el seno de las relaciones tempranas dentro una familia violenta. Es el motor de vida necesario para sobrevivir, ya que en la cotidianidad el “actuar” ocupa el lugar del “dialogar”.

Estas relaciones intrafamiliares manifiestan la existencia de diferentes quiebres que devienen en crisis y, en muchos casos, constituyen la expresión estructural de los conflictos que surgen del entorno social. Una conciencia de déficit entre la familia y las demandas de la sociedad que la rodea originan comportamientos antisociales que recaen directamente en la formación de la personalidad del violento. Esto se debe a que la familia determina los procesos vinculares e interviene directamente sobre el fracaso de esa sociabilización, generando comportamientos agresivos a veces para sí mismo o casi siempre dirigidos hacia los demás.

"El núcleo familiar es el centro más pequeño de la sociedad, y gran parte de nuestras dificultades comienzan ahí, en la familia. Si los padres no disciplinan a sus hijos, estos se vuelven irrespetuosos, en menor o mayor medida. Pero si tienen una formación sólida con principios morales y éticos en donde el respeto a los demás sea el principio entre ellos, así actuarán en cada situación de su vida", aseguró a Infobae.com la licenciada Mariela Goldszmidt (MN 29900), integrante del equipo profesional del Instituto de Psicología Argentino.

Los hechos de violencia, ocurridos en el ámbito escolar, no pueden ser vistos sólo unicausalmente, sino que, al mismo tiempo, son el resultado de múltiples sucesos, también violentos, que se articulan y se potencian entre sí. Como manifestación de una alteración individual, como resultado de carencias familiares, como resultado de fallas en la socialización, como presiones económico-sociales del entorno. De ahí que el análisis del comportamiento violento requiera un trabajo inter y multidisciplinario que permita la explicación de las causas.

“Sin embargo, está claro que la raíz del problema y, consecuentemente, su solución pasa por algo demasiado evidente: el resquebrajamiento del respeto al principio de autoridad del docente, la evaporación de los límites entre alumno y maestro, y entre hijos y padres. Al fin, la pérdida de valores en un país cuya sociedad observó, entre otros casos paradigmáticos, como el poder premió a quien tomó una comisaría o a quien decide bloquear el funcionamiento de una empresa o, cosa de todos los días, interrumpir el derecho a la libre circulación… El viejo y tácito acuerdo de padres y educadores en procura de formar a niños y jóvenes parece cada día más lábil. El respeto a la autoridad se ha desdibujado casi por completo y quienes tienen la obligación de restablecerlo están paralizados por el miedo a ser tildados de autoritarios y, consecuentemente, ser sancionados por sus superiores o mal mirados por la sociedad” (fuente: Diario La Nación).

Desviar toda la responsabilidad hacia el gobierno de turno es el mejor pretexto que tenemos a mano para no vernos como individuos que formamos parte de una sociedad de la cual somos cocreadores y la más de las veces como cómplices por “pensamiento, obra u omisión” de violencias cotidianas; y hasta algunas socialmente aceptadas.

Los límites entre la familia y la escuela no suelen estar correctamente definidos, dado que la primera deposita en la segunda la impotencia que siente al no poder enseñar a sus hijos los hábitos necesarios para que se desarrollen como personas y ciudadanos de bien.

No se puede esperar que la escuela resuelva todos los problemas de la sociedad. El aprendizaje más efectivo se produce cuando docentes y padres trabajan juntos y coherentemente en un misma escala de valores.

“Nuevamente aparecen en los medios, escenas de violencia en las escuelas que nos interpelan a todos en general y a los docentes en particular. Estigmatizar a los jóvenes como violentos o circunscribir la violencia al ámbito escolar es para nosotros un reduccionismo porque consideramos que la violencia escolar no esta disociada de la violencia social… Tampoco perdamos de vista que el tema es complejo y tiene distintas dimensiones y el contexto social es muy importante. Por ello, debemos interrogarnos y preguntarnos si estamos construyendo una matriz socio cultural violenta en donde se ponderan valores que priorizan el Tener en lugar del Ser” (Lic. Marcelo Albornoz).

Otro aspecto que se debe tener en cuenta es que todas las sociedades, en menor o mayor grado, viven sacudidas por una violencia social; y esta no se aplica solamente a lo físico. Violación de los derechos humanos, desvalorización de la vida en general, insultos y maltratos, la presencia cotidiana de la muerte, del miedo, de la inseguridad. Todo ello crea un constante estado de angustia que cerrando el círculo provoca más violencia.

Alguien debe romperlo. Preguntémonos cada día qué hacemos para que la violencia sea la única respuesta posible.


Fuente: San Pablo on line

El castigo corporal en los niños aumenta su tendencia a mentir




Según un reciente estudio, los niños expuestos a un ambiente escolar donde se aplican castigos corporales utilizan la mentira para ocultar sus faltas y protegerse, y son mejores mentirosos que aquellos que estudian en escuelas donde los castigos son simbólicos.

La investigación, publicada en el periódico Child Development ("Desarrollo infantil"), muestra que en un ambiente punitivo los niños aprenden a mentir de modo más convincente que quienes están sometidos a una disciplina más tolerante.

El estudio, dirigido por la profesora Victoria Talwar, de la Universidad McGill, y el profesor Kang Lee, de la Universidad de Toronto, examinó el comportamiento engañoso en dos grupos de niños de tres y cuatro años provenientes del mismo vecindario. Un grupo concurría a una escuela privada tradicionalista, donde se golpeaba a los niños con una vara, o recibían coscorrones y pellizcos públicamente de modo rutinario por faltas que iban desde olvidar un lápiz a provocar desorden en el aula. En la otra escuela, también privada, los niños eran disciplinados con detenciones, retos y, en casos más graves, con la reprimenda del director.

Los investigadores compararon el comportamiento de los niños en ambas escuelas, entrevistándolos individualmente. Durante la entrevista se pedía a los niños que no miraran un juguete que había en la sala. Los niños no podían resistir la tentación una vez que estaban solos. Cuando los investigadores les preguntaban si habían mirado al juguete, casi todos los que venían de un ambiente escolar punitivo mentían, en tanto sólo la mitad de los niños mentía en el otro grupo. Más aún, luego de la mentira inicial, los primeros eran mucho más hábiles y decididos a la hora de sostener la mentira, dando respuestas erróneas o simulando ignorancia.

El trabajo sugiere que "los castigos físicos no sólo promueven la deshonestidad, sino que también aumentan la habilidad de los niños para ocultar sus transgresiones", afirman Talwar y Lee.

De hecho, los niños mentirosos de tres y cuatro años en la escuela punitiva eran capaces de mentir como niños de seis y siete, según los describen otros estudios. "El resultado es sorprendente", comentan los autores, porque "estudios previos han demostrado consistentemente que los niños de ambientes punitivos tienden a sufrir retardos en su desarrollo cognitivo".

"Una posibilidad es que el ambiente punitivo haga que los alumnos se motiven más a encontrar estrategias de supervivencia", dice Lee. "Mentir parece una táctica adaptativa en tal situación".

"Este es un aviso para los padres que creen estar haciendo bien cuando castigan duramente a sus hijos por mentir. Está claro que el castigo corporal no sólo no reduce la tendencia a mentir, sino que en realidad mejora la capacidad de engaño".

Fuente: Síntesis Educativa
y Science Daily, EEUU.

miércoles 23 de noviembre de 2011

Quiero tener tu presencia, quiero que estés a mi lado…







Cuando algunos medios tratan lo que llaman “violencia escolar” como un espectáculo no hacen más que confundir, quitar contexto y seriedad al problema de la violencia en la escuela, que es de lo que menos se ocupan. Muy eficaces para aumentar la temperatura de la intolerancia, una especie de concurso para ver quién de los lectores de la versión digital escupe lo peor de sí mismo. Prefiero intentar algunas explicaciones como ejercicio de comprensión de algo tan sensible a nuestra sociedad, que necesita mejores soluciones.

Presencia adulta

Cuando los adultos no logramos mostrar que se pueden resolver problemas a través del dialogo (por más confrontación o complicación que supongan) y nos espantamos de como los chicos y adolescentes suelen resolver algunas contiendas en el ámbito escolar, lo que estamos haciendo es "embarrar la cancha". Invocamos reglas de juego que como adultos no cumplimos. No hay mejor ejemplo que el padre que le dice a su hijo lo que tiene que hacer pero él no lo hace. Es necesario, hacernos presentes allí donde los niños o adolescentes nos están llamando. Un hacerse presente que va más allá de estar con el cuerpo, más precisamente se trata de poner el cuerpo y estar disponible. Infinidad de situaciones problemáticas que prefiero llamar violencias de baja intensidad son llamados de los más pequeños para que los adultos nos hagamos cargo y nos animemos a ayudarlos (nos) a convivir mejor, a poner palabra y dialogo, a poner límites, allí donde aparece la cargada, el insulto, o la agresión física. Quizás no sean llamados literales, porque a veces prefieren la ausencia del adulto, pero concederles este pedido sin mediaciones, es no hacerse cargo frente a ellos. La omisión de dichas situaciones por parte de los adultos suelen ser oportunidades perdidas para anticiparse, minimizar o evitar desenlaces que luego lamentamos. Sostengo que es imprescindible que los adultos seamos referentes para los más pequeños, estando allí y dándonos por aludidos, mediando entre ellos y con la cultura, ese es el lugar. Mirar para otro lado, enojarse y no actuar, quejarse sin sentirse parte, son todas variantes de la ausencia adulta. Y esa ausencia es territorio fértil para el vale todo que no es otra cosa que un vacio de normas o las que ponen los más pequeños entre sí, que son geniales para inventar juegos pero no para regular la convivencia en un aula o en la escuela. Nosotros, los adultos, tenemos que marcar la cancha para jugar, y desde esa posición también abrir el dialogo con nuestros alumnos y alumnas para comprender esas normas. Hay que dotar de sentido a las normas, porque muchas veces resulta más cómodo y simple un reglamento que se cocina entre dos o tres adultos, se escribe prolijo y se pega en la pared o se manda por nota, con la expectativa que aquello comenzará a ser cumplido apenas sea visto. Creencia condenada al fracaso que alimenta esa nostálgica certeza de que todo está perdido, de que estamos en la peor crisis. Y allí me asalta algo que siempre me hizo ruido, eso de que estamos en crisis, lo escucho desde que tengo uso de razón. Philippe Merieu, notable pedagogo francés me ayudo a entenderlo de otra forma. En una inolvidable conferencia decía que solo no se está en crisis cuando impera el autoritarismo, en los regímenes totalitarios que imponen una sola y única manera. Que en todo caso la crisis es el precio que deben pagar las democracias para asumir incertidumbres. Valioso aporte para pensar la construcción de la convivencia en las escuelas.[1]

Ser sujetos de las normas

Es que hay que partir de otro lugar, más incómodo y trabajoso quizás, también más lento, que involucre más personas y de todos los colores. Directivos, docentes, alumnos, no docentes y familias. Abrir la pregunta sobre la norma significa resistir al acostumbramiento a tener que cumplirla sin saber para qué ni cómo. Es resistir a la letra muerta, incluso nos permite mejorar las normas o cambiarlas por otras. En la medida que les ofrezcamos a nuestros alumnos un lugar de participación genuina y no simulada, que sean verdaderos sujetos de las normas y no meros objetos de ellas, es más probable que sean de la partida y no meros espectadores de una decisión que suelen vivir como ajena. Quizás desde estas coordenadas sea factible negociar algunas normas sin quebrar la necesaria asimetría entre adultos y alumnos, en las que los primeros tenemos la responsabilidad de protección y enseñanza que no son asuntos contrapuestos sino parte del mismo desafío. Cuando se transgreda la norma hay que cumplir con la sanción prevista, y aunque a nadie le gusta pasar por allí, no es lo mismo hacerse cargo de una norma con la que se estuvo involucrado que con aquella que siempre se miro desde afuera. Si nos animamos a este desafío, que no tiene nada de fácil y tampoco asegura resultados, es factible que muchos integrantes de la comunidad educativa, empezando por los alumnos, logren mayor pertenencia con la escuela, porque en la medida que la institución me tenga más en cuenta y me permita ser parte de ella con lo que llevo puesto y pienso, es probable que yo sienta que la institución ocupa más y mejor lugar dentro mío. Y entonces lo que allí suceda no me dará lo mismo.


Nota: El título de esta nota corresponde a “Quiero tener tu presencia” de Seguridad Social

- Gabriel Brener es Lic. Educación (UBA) y Especialista en Gestión y Conducción del Sistema Educativo (FLACSO). Capacitador y asesor de docentes y directivos de escuelas. Ex director de escuela secundaria. Co-autor de “Violencia escolar bajo sospecha” 2009 Ed. Miño y Dávila Bs As.
[1]Conferencia de P. Merieu en: http://www.me.gov.ar/curriform/publica/meirieu_final.pdf

miércoles 19 de octubre de 2011

La violencia no es la respuesta



por Joaquín Rocha

La violencia es hoy en día uno de los grandes problemas que padecemos como parte del precio que tenemos que pagar por vivir en un contexto de modernización y tecnología en los albores del nuevo siglo. Ella, como arrastre del pasado, no es legada sin poder rechazarla.

Nos estamos acostumbrando y por ello, en ocasiones, perdemos nuestra capacidad de asombro y llegamos a confundir la realidad con la fantasía. Se trata de una forma de vincularse que cala hondo en los valores que marcan un estilo de vida y enferman cualquier proceso de sociabilización.

No sólo te la topas en las calles, sino también en el hogar y en las instituciones, como la escuela, que son cimiento fundamental de nuestra sociedad.

Las conductas violentas surgen en el seno de las relaciones tempranas dentro una familia violenta. Es el motor de vida necesario para sobrevivir, ya que en la cotidianidad el “actuar” ocupa el lugar del “dialogar”.

Estas relaciones intrafamiliares manifiestan la existencia de diferentes quiebres que devienen en crisis y, en muchos casos, constituyen la expresión estructural de los conflictos que surgen del entorno social. Una conciencia de déficit entre la familia y las demandas de la sociedad que la rodea originan comportamientos antisociales que recaen directamente en la formación de la personalidad del violento. Esto se debe a que la familia determina los procesos vinculares e interviene directamente sobre el fracaso de esa sociabilización, generando comportamientos agresivos a veces para sí mismo o casi siempre dirigidos hacia los demás.

"El núcleo familiar es el centro más pequeño de la sociedad, y gran parte de nuestras dificultades comienzan ahí, en la familia. Si los padres no disciplinan a sus hijos, estos se vuelven irrespetuosos, en menor o mayor medida. Pero si tienen una formación sólida con principios morales y éticos en donde el respeto a los demás sea el principio entre ellos, así actuarán en cada situación de su vida", aseguró a Infobae.com la licenciada Mariela Goldszmidt (MN 29900), integrante del equipo profesional del Instituto de Psicología Argentino.

Los hechos de violencia, ocurridos en el ámbito escolar, no pueden ser vistos sólo unicausalmente, sino que, al mismo tiempo, son el resultado de múltiples sucesos, también violentos, que se articulan y se potencian entre sí. Como manifestación de una alteración individual, como resultado de carencias familiares, como resultado de fallas en la socialización, como presiones económico-sociales del entorno. De ahí que el análisis del comportamiento violento requiera un trabajo inter y multidisciplinario que permita la explicación de las causas.

“Sin embargo, está claro que la raíz del problema y, consecuentemente, su solución pasa por algo demasiado evidente: el resquebrajamiento del respeto al principio de autoridad del docente, la evaporación de los límites entre alumno y maestro, y entre hijos y padres. Al fin, la pérdida de valores en un país cuya sociedad observó, entre otros casos paradigmáticos, como el poder premió a quien tomó una comisaría o a quien decide bloquear el funcionamiento de una empresa o, cosa de todos los días, interrumpir el derecho a la libre circulación… El viejo y tácito acuerdo de padres y educadores en procura de formar a niños y jóvenes parece cada día más lábil. El respeto a la autoridad se ha desdibujado casi por completo y quienes tienen la obligación de restablecerlo están paralizados por el miedo a ser tildados de autoritarios y, consecuentemente, ser sancionados por sus superiores o mal mirados por la sociedad” (fuente: Diario La Nación).

Desviar toda la responsabilidad hacia el gobierno de turno es el mejor pretexto que tenemos a mano para no vernos como individuos que formamos parte de una sociedad de la cual somos cocreadores y la más de las veces como cómplices por “pensamiento, obra u omisión” de violencias cotidianas; y hasta algunas socialmente aceptadas.

Los límites entre la familia y la escuela no suelen estar correctamente definidos, dado que la primera deposita en la segunda la impotencia que siente al no poder enseñar a sus hijos los hábitos necesarios para que se desarrollen como personas y ciudadanos de bien.

No se puede esperar que la escuela resuelva todos los problemas de la sociedad. El aprendizaje más efectivo se produce cuando docentes y padres trabajan juntos y coherentemente en un misma escala de valores.

“Nuevamente aparecen en los medios, escenas de violencia en las escuelas que nos interpelan a todos en general y a los docentes en particular. Estigmatizar a los jóvenes como violentos o circunscribir la violencia al ámbito escolar es para nosotros un reduccionismo porque consideramos que la violencia escolar no esta disociada de la violencia social… Tampoco perdamos de vista que el tema es complejo y tiene distintas dimensiones y el contexto social es muy importante. Por ello, debemos interrogarnos y preguntarnos si estamos construyendo una matriz socio cultural violenta en donde se ponderan valores que priorizan el Tener en lugar del Ser” (Lic. Marcelo Albornoz).

Otro aspecto que se debe tener en cuenta es que todas las sociedades, en menor o mayor grado, viven sacudidas por una violencia social; y esta no se aplica solamente a lo físico. Violación de los derechos humanos, desvalorización de la vida en general, insultos y maltratos, la presencia cotidiana de la muerte, del miedo, de la inseguridad. Todo ello crea un constante estado de angustia que cerrando el círculo provoca más violencia.

Alguien debe romperlo. Preguntémonos cada día qué hacemos para que la violencia sea la única respuesta posible.

Fuente: San Pablo

viernes 23 de septiembre de 2011

¿A quiénes les importa la educación?


Por Mariano Narodowski

A vos, claro. A mí. Parece que a muchos. Muchísimos. Millones. Extraño. ¿O no? En todo caso la pregunta deberìa ser inversa: ¿Alguien admitiría que no le importa la educación? Nadie haría semejante cosa. Entonces la pregunta es: ¿Por qué si a todos nos importa, los problemas y los déficits subsisten e incluso aumentan? Y más todavía: ¿por qué esto ocurre si los dirigentes son los primeros en gritar a los cuatro vientos que a ellos le importa la educación?

Para intentar balbucear alguna contestación a estos cuestionamientos que me autoimpuse, preciso ir un poco más atrás en el tiempo y por encima en el razonamiento. Más que los 140 caracteres del Twitter. Perdón.

La educación es, obviamente, mucho más que escuelas, docentes, alumnos y conocimientos. Para nuestra cultura, la educación es uno de los pilares que sostienen el mundo moderno y su promesa de un horizonte de progreso y prosperidad para todos, Creemos que por la educación las sociedades se desarrollan y mejoran y sostenemos que la educación contribuye a resolver los problemas que más aquejan a las personas y a los pueblos. Más todavía, damos por sentado que la educación es aquello que nos permite superar las fronteras temporales del ser hombre o del ser mujer y nos convierte en seres humanos: en nuestro sentido común, la educación es lo que nos humaniza.

Estos ideales fueron formulados en la cultura occidental hace más de cuatrocientos años y fueron luego reafirmados con la Revolución Francesa. En América Latina, nuestras Revoluciones bicentenarias, también postularon a la educación como generadora de igualdad, libertad y fraternidad: San Martín, Bolívar y O´Higgins la pusieron en los primeros lugares de su acción política y de gobierno. Sin embargo, hubo que esperar hasta los finales del siglo XIX y principios del siglo XX para que la promesa de "educar al soberano" tuviera alguna posibilidad de pasar de las palabras a los hechos. Fue el Estado -por medio de la educación pública- el que garantizaría que los viejos ideales humanistas podrían realizarse y así generar el desarrollo de los individuos y de la sociedad.

El Estado –y el argentino de aquel entonces fue un ejemplo emblemático- poseía dos cualidades que le permitían gobernar la educación y promover la escolarización de grandes masas poblacionales. Por un lado, su legitimidad: nadie cuestionaba ni la obligatoriedad escolar ni el hecho de que los conocimientos impartidos y los métodos utilizados por los educadores debían ser definidos y controlados por el Estado. Para el caso de los educadores, la sociedad aceptaba y alentaba que el Estado fuese el encargado de formarlos, capacitarlos y excluir a los que no fueran aptos por motivos, físicos, psicológicos, ideológicos o religiosos. Por otro lado, además de su legitimidad, la capacidad financiera del Estado y su poder de brindar escuela gratuita, implicaba que muchos de los que jamás hubieran podido pagar la educación de sus hijos pasaban a tener en la educación pública un fenomenal instrumento de inclusión social, formación de ciudadanía y bienestar.

Este esquema sobrevivió con esa potencia hasta apenas mediados de la década del ´70 del siglo XX. En ese momento, se producen en el mundo occidental de entonces dos quiebres que hacen tambalear la capacidad estatal de educar. Primero, la legitimidad del Estado comienza a ser cuestionada y ya no es tan sencillo determinar qué y cómo se educa. Para colmo, aparecen nuevas formas de educación (pantallas y redes) que socavan aún más la idea de que el Estado iba a cumplir con su promesa igualadora ya que otras formas educativas empiezan a imponerse.

Pero por sobre el declive de la legitimidad estatal se produce también el de su capacidad financiadora. El modelo tradicional funcionó muy bien sólo cuando no eran tantos los que se educaban en escuelas: a medida que más personas se incorporan al sistema educativo, más problemas tiene el Estado para sostenerlo, generando así una paradoja tan perversa como difícil de quebrar: cuanto más cerca se está de cumplir con la promesa de educación para todos menos significativa y de menor calidad es la educación que reciben los sectores más postergados de la sociedad.

En el caso de la Argentina, la democracia surgida en 1983 no ha podido dar una respuesta satisfactoria a este problema que es padecido, aunque parece que con mejor suerte, por otros países latinoamericanos. No hemos construido acuerdos ni consensos para retomar el ímpetu anterior. No hay proyecto que nos encuentre debatiendo cuáles son las urgencias. Ni siquiera hay claridad respecto de cuáles son las prioridades para la asignación de los recursos públicos existentes. Hemos sancionado una ley en los 90 para derogarla en los 2000 y sancionar una nueva ley sin que nada significativo haya cambiado con relación a los problemas existentes, tal como lo demuestra la realidad dura del país. Y cuando las evaluaciones internacionales PISA nos muestran que las cosas están mal, miramos para otro lado y decimos: ¿Quién? ¿Yo?

Es también verdad que en muchos aspectos se ha avanzado. Si no explicitase esto, sería injusto con mucha gente que trabaja bien y dedica su vida a la educación Pero es también verdad que las demás sociedades avanzaron más en el mismo período, muchas veces con menos recursos y con una historia educacional mucho menos brillante.

El ejemplo uruguayo de incorporación de una computadora por alumno causa envidia. Pero no es solamente la inversión en lo tecnológico lo que se compara (la tecnología incorporada y el Plan Ceibal suele ser blanco de duras y tal vez acertadas críticas) sino el rol asumido por la dirigencia y por la sociedad civil . En Uruguay, fue el propio presidente Tabaré Vazquez quien se puso a la cabeza del proyecto, logró el apoyo de casi todo el arco opositor y de vastos sectores sociales y se demoró más de cuatro años en implementarlo en forma seria y bien organizada desde lo pedagógico, sin anteponer intereses electorales y retomando la senda de la legitimidad de la educación pública. Y sí, da envidia.

Pero sería simplista a partir de este ejemplo o de otros responsabilizar exclusivamente a la clase dirigente. Que la educación difícilmente sea un tema de agenda política o mediática (salvo cuando el techo de una escuela se cae, cuando las clases no empiezan o cuando un grupo de aolescentes sube a YouTube algún video provocador) también es nuestra responsabilidad, la de una sociedad a la que parece no importarle la educación, más allá de las declamaciones de ocasión..

Es cierto que a algunos –educadores, familias, ONGs y funcionarios- les (nos) interesa el futuro educativo argentino. Pero la ya alarmante ausencia de proyecto y de debate social no puede ser achacada solamente a políticos o sindicalistas docentes como usualmente ocurre: da la impresión que muchos actores sociales que deberían tener algo que decir se han refugiado en soluciones educativas individuales, creyendo -equivocadamente- que es posible salvar del naufragio a los hijos propios sin que se salven los hijos de todos.

Podría cerrar esta columna diciendo "Por eso, es necesario retomar con fuerza un debate pendiente y poner manos a la obra a partir de algunos, aunque sean pocos, consensos básicos de la sociedad. En el país todavía hay mucha gente que, a pesar de todo, educa con responsabilidad, seriedad y compromiso con la infancia y la juventud. Existen muchos educadores que, tal vez milagrosamente, demuestran que el potencial educativo no ha sido desperdiciado. La Argentina no puede seguir echando o echándose culpas y es tarea del conjunto volver a dignificar a la educación como proyecto de todos"

Temo que si hiciese eso contribuiría a la hipocresía general. Sería otra bella declaración de principios difícil de anclar en nuestra sociedad, en la práctica de todos los días.

Es que ese es el problema: los diagnósticos ya están y su reiteración aburre. Lo peor es la satisfacción que nos produce el regodearnos con el fracaso.

Mariano Narodowski
Profesor de la Universidad Torcuato Di Tella.


Fuente: Síntesis Educativa

Causas de la mala ortografía según análisis de expertos


Ante la extendida creencia de que el texting, Twitter y Facebook están destruyendo la escritura de los jóvenes, muchos expertos en Lengua aseguran que el problema de la mala ortografía tiene otro origen. Los especialistas consideran que no hay que demonizar los nuevos medios electrónicos, y llaman a buscar en las escuelas y en la enseñanza de la lengua las razones de los problemas ortográficos que arrastran los niños y los adolescentes.

Luis Pedro Barcia, presidente de la Academia Argentina de Letras y miembro de la Real Academia Española, asegura que no hay mediciones confiables sobre el impacto de los SMS, del chat o del tuit en la ortografía. No obstante, dice que "quienes corrigen los escritos en la escuela primaria y secundaria ratifican la percepción del serio deterioro".

El lingüista insistió en que los medios electrónicos no son los únicos responsables. "La escuela misma ha perdido mucho en su capacidad docente de la ortografía", precisó. En la secundaria se enseña lengua como una asignatura que se corrige (cuando se lo hace) en la hora de Lengua. La lengua es la vía de enseñanza de todas las asignaturas, por lo tanto "todos los docentes deberían enseñar lengua en el momento en que exponen o cuando corrigen las lecciones orales o escritas".

"Recordemos el proceso evolutivo de la corrección ortográfica argentina: se desterró el rojo, por sanguinario; se prefirió el verde ecológico, y ahora el blanco: ausencia de toda corrección. Los maestros no manejan métodos firmes de enseñanza y corrección de la ortografía. No se los han enseñado en los institutos. Un agujero más de su formación docente", dice Barcia.

Nelly Rueda, profesora de Lengua Castellana en la Facultad de Lenguas de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), asegura que los chicos llegan cada vez peor. "Es difícil que entiendan la importancia de escribir correctamente", dice. Sin embargo, cree que la responsabilidad no es de las redes sociales sino de la falta de políticas educativas y lingüísticas concretas y coherentes.

"Los 160 espacios del celular o los 140 del tuit pueden ser buenos desafíos para la garrulería argentina y para el sabido ingenio nacional. Pero en nuestros muchachos y chicas ambos, en general, brillan por su ausencia, por falta de motivación y de cultivo. La decreciente práctica de la redacción en la escuela acentúa las limitaciones", plantea Barcia, e insiste en que no hay una "nueva lengua" ni un uso revolucionario de ella, sino que existen alteraciones de la ortografía, de la sintaxis, o pobreza léxica generadas por decisión intencional o por impericia en el manejo del idioma.

"Cada uno lleva su competencia lingüística al medio electrónico en que escribe. Yo me puedo permitir cualquier alteración (suprimir mayúsculas, acentos, abreviar, no puntuar) porque cuando quiero escribir de otra manera lo hago con corrección", dice Barcia. Y concluye: "El muchacho que no maneja el sistema con probidad acentúa sus defectos en su expresión electrónica, y luego los traslada al escrito formal en clase. Eso es lo grave".

Fuente: La Voz del Interior, Argentina

lunes 29 de agosto de 2011

Las neurociencias y el aprendizaje


En un artículo de la Academic Medicine, el doctor Michael J. Friedlander, director ejecutivo del Virginia Tech Carilion Research Institute ofrece un decálogo de recomendaciones para enseñar eficazmente, basado en 50 años de investigación sobre la cognición, el aprendizaje y la memoria, y el estudio de las estrategias que los mamíferos emplean para adquirir, almacenar y recuperar la información.

Además de las técnicas moleculares y celulares para describir los cambios que subyacen en el hardware del cerebro durante al aprendizaje y la formación de los recuerdos, han habido progresos en los estudios de alto nivel sobre la cognición, incluídos el aprendizaje y la memoria. Los científicos han aplicado al cerebro vivo la Resonancia Mágnética Funcional con modelamiento computado para revelar las estrategias utilizadas y los procesos biológicos subyacentes.

La investigación muestra cómo el aprendizaje conduce a cambios funcionales y estructurales en las redes celulares, incluyendo los puntos de comunicación química o sinapsis entre neuronas, en una variedad de sitios del sistema nervioso central.

"Uno de los más excitantes avances es la demostración de que hay crecimiento, retracción y modificación en la conectividad de las neuronas", dice Friedlander. "También hemos visto que el cerebro maduro puede generar nuevas neuronas, aunque esta investigación es tan novedosa que las implicancias funcionales y su potencial todavía deben determinarse".

La mejor enseñanza es la que identifica y asigna distintos niveles de importancia a los componentes biológicos del aprendizaje. En función de ésto, el artículo ofrece 10 claves para generar una la enseñanza eficaz.

1.Repetición: a través de ella los procesos neuronales se vuelven más eficientes, requieren menos energía y liberan caminos para más procesamiento cognitivo adicional. Favorecen la retención y la profundidad de la comprensión. No obstante, las repeticiones deben ser espaciadas apropiadamente.

2.Recompensas y refuerzo: son componentes esenciales del aprendizaje en cualquier etapa de la vida. "El sistema intrínseco de recompensa del cerebro -la autosatisfacción que trae el éxito- juega un rol fundamental en el refuerzo de los comportamientos aprendidos", dice Friedlander. "Un factor importante es el descubrimiento de que alcanzar un objetivo inmediato, o dar un paso hacia un logro futuro, pueden ser igualmente satisfactorios".

3.Visualización: la visualización y el ensayo mental son procesos biológicos reales asociados con los circuitos sensoriales, motores, ejecutivos y decisorios en el cerebro. La actividad generada internamente en el cerebro a través de pensamientos, visualizaciones, recuerdos y emociones debería contribuir al proceso de aprendizaje.

4.Compromiso activo: hay considerables evidencias neurobiológicas para sostener que los cambios funcionales en el cableado neuronal asociado al aprendizaje ocurren mejor cuando el aprendiz está activamente comprometido.

5.Estrés: aunque las consecuencias del estrés son generalmente indeseables, hay evidencia de que las señales moleculares asociadas con el estrés estimulan la actividad sináptica involucrada en la formación de los recuerdos. No obstante, altos niveles de estrés pueden tener efectos indeseables.

6.Fatiga: La actividad neuronal durante el sueño refuerza los eventos vividos durante el día. Es importante disponer de un buen descanso entre sesiones intensas de aprendizaje, para consolidarlo.

7.Multitarea: usualmente considerada una distracción para el aprendizaje, no lo es si todas las tareas que se encaran simultáneamente son relevantes al material que se quiere enseñar.

8.Estilos individuales de aprendizaje: las respuestas neuronales de diferentes individuos varían, y esto da argumentos a la idea de adoptar diferentes modos de enseñanza para acomodarse a la variedad de aprendices.

9.Involucramiento activo: hacer es aprender, y el éxito en lo que se hace y se aprende construye confianza en uno mismo.

10.Volver sobre la información y los conceptos usando multimedia: atender a la misma información mediante procesos sensoriales diferentes, tales como ver y oír, refuerza el proceso de aprendizaje, involucrando potencialmente a más hardware neuronal en el procesamiento y el almacenamiento de la información.

Si bien el artículo está destinado a estudiantes de Medicina por su enfoque neurobiológico, las conclusiones pueden extenderse a todas las ramas de la enseñanza.

Fuente: Science Daily

Ref: Michael J. Friedlander et al. What Can Medical Education Learn From the Neurobiology of Learning? Academic Medicine, Vol. 86, No. 4 / April 2011

jueves 18 de agosto de 2011

Polémica por un proyecto para repartir preservativos en la escuela primaria


La iniciativa, de la diputada de Encuentro Popular para la Victoria María José Lubertino, propone distribuir preservativos a partir de sexto grado en los establecimientos educativos porteños como forma de educación sexual.

Las legisladoras porteñas María José Lubertino (Encuentro Popular para la Victoria), María Elena Naddeo (Diálogo por Buenos Aires) y Laura García Tuñón (Movimiento Proyecto Sur) presentaron un proyecto que propone distribuir preservativos en las escuelas de la Ciudad a partir de sexto grado.

La iniciativa, denominada de "Accesibilidad de los Preservativos en el Ambito Escolar", se fundamenta en que los niños tengan “una adecuada educación sexual”, según explicó Lubertino, y será difundida este viernes a las 17 en la escuela Técnica 5 "María de Los Remedios Escalada de San Martín", situada en Alberdi 1845, con la presencia de expertos en el tema y también de alumnos.

La diputada explicó que tanto las familias como la escuela son responsables de la educación sexual del niño, y fundamentó el proyecto alegando que “la mayoría de los chicos donde más concurren es a la escuela”.

En sus argumentos, Lubertino señala que el mismo "fue concebido como un medio útil para que se incentiven y provean herramientas -útiles, información y acceso a métodos anticonceptivos en los establecimientos educativos- para prevenir la transmisión de enfermedades, permitir el control responsable de la natalidad, y defender los derechos sexuales y reproductivos".

En este sentido, opinó que los anticonceptivos y preservativos deberían estar disponibles para todos y en todos lados para lograr una “adecuada educación sexual”, y puntualizó que, en el caso de los colegios, los pondría en las aulas o en los baños, donde serían entregados junto a información sobre prevención de embarazo y enfermedades de transmisión sexual

Además, Lubertino señaló que “los chicos probablemente hablen más con las maestras que con las mamás” sobre este tema.

"Nuestra principal preocupación es que no se está cumpliendo con la Ley de Educación Sexual en las escuelas y es justamente la educación una de las maneras de prevenir los embarazos adolescentes y los abortos", precisó la legisladora.

También agregó que su planteo "responde a la urgencia y necesidad de promover políticas públicas tendientes a generar hábitos y prácticas responsables entre los jóvenes, acentuando la prevención y permitiéndoles un acceso inmediato" a los preservativos.

Cabe destacar que Lubertino trabaja en el tema de la prevención de VIH y también brinda talleres de educación sexual. La diputada también había presentado con anterioridad un proyecto para la distribución de preservativos en los boliches porteños.

Comentario sobre esta medida:

¿Es una buena medida repartir preservativos en la escuela a partir del sexto grado como lo proponen las legisladoras?

Estamos hablando de niñas y niños de infantes que muy bien pueden haber llegado a la pubertad pero que están en el inicio de un cambio físico que no necesariamente va acompañado de una maduración psíquica y mental.

La edad de los niños y niñas que asisten a un sexto grado es de once años, edad que tiene -como cada etapa de la vida - características, intereses, objetivos diversos que no tienen por qué relacionarse necesariamente con el hecho de que vayan a iniciar relaciones sexuales.

El rol de la familia en esta etapa es clave porque es un momento en que, amparándose en la Ley de Educación Sexual, el estado se entromete en la vida privada de cada familia y pretende hacer con sus hijos lo que supuestamente no hacen los padres, ésto es, cuidarlos, orientarlos, educarlos, acompañarlos en su crecimiento y maduración integral.

Repartir preservativos no es y nunca será una solución pero sí es la más fácil y también la que justifica el gasto de partidas presupuestarias que podrían destinarse a otros ámbitos. En pos de evitarles el contagio de enfermedades de transmisión sexual, se les proveen soluciones que pueden ser interpretadas como mágicas, del tipo: "protegidos con ésto podemos hacer cualquier cosa" sin advertir que como todo en la vida, se necesita estar suficientemente maduro y adquirir una cierta responsabilidad para ejercer una vida sexual activa. Los niños y niñas de once años están en la edad de ocuparse de sus estudios, de practicar algún deporte, de desarrollar sus capacidades artísticas, a todo ello debería dedicarse la escuela, como así también de tratar que no se acerquen a la droga, el alcohol y a las diversiones dañinas.

Los preservativos no son la panacea universal, pueden romperse, pincharse, estar vencidos y provocar lo contrario de lo que se quiere evitar.

Una buena y efectiva educación sexual pasa, a mi entender, por respetar los tiempos de crecimiento, conversar con nuestros hijos para que comprendan que tienen toda una vida por delante antes de embarcarse en relaciones sexuales como diversión y placer únicamente. Que tienen la posibilidad de comenzar una relación más adelante, con alguien a quien amen y no para establecer una especie de maratón para ver quién lo hace primero y con más compañeros sexuales.

La vida sexual es una dimensión muy delicada y hermosa que no debe relegarse pero tampoco debe apresurarse, repito, la solución más fácil nunca es la más acertada, aprender a esperar también forma parte de la educación integral. Y el argumento tan remanido de que los pobres no tienen la posibilidad de una familia que los acompañe y el estado tiene que suplir su rol puede ser que así sea pero no por éso debe aplicarse una medida de tal magnitud masivamente porque podría hacer más mal que bien.

María Inés Maceratesi