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martes, 19 de mayo de 2009

Permisivismo y libertad en la educación


Los adolescentes necesitan de la autoridad para su crecimiento en auténtica libertad; es como un pilar fuerte al que agarrarse cuando todo se les tambalea
La falta de autoridad en padres y profesores contribuye a acentuar la inseguridad y dificulta la libertad de los adolescentes; y parece evidente que hay crisis de autoridad en muchos padres y en bastantes profesores. Autoridad que por otro lado tampoco está demasiado potenciada por el sistema educativo que nos rige en la actualidad ni por las administraciones educativas.

Es bien cierto que muchos adolescentes hacen lo que quieren en casa y en el colegio; los padres tienden a responsabilizar a los profesores del fracaso de los hijos y con frecuencia los desautorizan, con lo cual aun les merman más su autoridad. Y los profesores son incapaces de hacer nada ante el permisivismo y la falta de autoridad de los padres. Unos por otros esa falta de autoridad también repercute negativamente en la educación de la libertad y en el ejercicio de la misma.

Aunque aparentemente la rechacen, los adolescentes necesitan de la autoridad para su crecimiento en auténtica libertad; es como un pilar fuerte al que agarrarse cuando todo se les tambalea. Algo que les da seguridad ante su inseguridad personal. Y si no la encuentran en los mayores la buscarán en el grupo o la pandilla. La coherencia y autoridad moral de los educadores es como la veleta o la referencia que les orienta en el proceloso mar de la adolescencia. Por el contrario, la falta de autoridad en quienes más cerca tienen contribuye a su inseguridad y desorientación, además de suponer una falta de referentes positivos que incide en el relativismo ético y en el indiferentismo, enemigos ambos de la verdadera libertad.

Por supuesto que no hay que confundir esta autoridad con el autoritarismo, ni con obligar a hacer las cosas porque sí, ni con lo de “la letra con sangre entra”. Ha de ser autoridad moral, basada en el ejemplo y en el prestigio. Autoridad que se tiene pero que se ejerce muy poco. Autoridad que cumple siempre lo que promete, que es justa y coherente, pero que en ocasiones sabe ser “injusta” en cuanto trata de manera desigual a personas desiguales. (¡Cómo cuesta entender esto a los adolescentes!)

La autoridad de la que hablamos es aquella que no tiene miedo a rectificar y pedir perdón si se ha equivocado. Que puede ser flexible y tolerante en algunas ocasiones, pero raras veces pasar por alto o hacer la vista gorda ante lo que está mal, sobre todo si esa actitud puede interpretarse como indiferencia. Y también es autoridad que se preocupa más de corregir que de castigar, que se ejerce con pocas palabras y con la sonrisa en los labios, y que procura siempre ser dialogante, dando razones aún a riesgo de que no sean entendidas. Y ello sin tirar nunca la toalla.

Por último, es autoridad que sabe dar libertad de forma progresiva, incluso hasta permitir que se equivoquen sin retraerles nada, pero exigiendo siempre la correspondiente responsabilidad. Es en definitiva la autoridad de un ser libre que valora sobremanera este don que Dios ha concedido al hombre y que por tanto lo quiere no solo para sí, sino para todos.

Federico Gómez Pardo
Fuente: Forum Libertas

martes, 23 de diciembre de 2008

Paulo Freire: 20 máximas


1.-Es necesario desarrollar una pedagogía de la pregunta. Siempre estamos escuchando una pedagogía de la respuesta. Los profesores contestan a preguntas que los alumnos no han hecho.

2.-Una visión de la alfabetización que va más allá del ba, be, bi, bo, bu, porque implica una comprensión crítica de la realidad social, política y económica en la que está el alfabetizando

3.-Enseñar exige respeto a los saberes de los educandos

4.-Enseñar exige la corporización de las palabras por el ejemplo
5.-Enseñar exige respeto a la autonomía del ser del educando

6.-Enseñar exige seguridad, capacidad profesional y generosidad

7.-Enseñar exige saber escuchar

8.-Nadie es, si se prohibe que otros sean

9.-La Pedagogía del oprimido deja de ser del oprimido, y pasa a ser la pedagogía de los hombres en proceso de permanente liberación

10.-No hay palabra verdadera que no sea unión inquebrantable entre acción y reflexión

11.-Decir la palabra verdadera es transformar el mundo

12.-Decir que los hombres son personas y como personas son libres y no hacer nada para lograr concretamente que esta afirmación sea objetiva, es una farsa

13.-El hombre es hombre y el mundo es mundo. En la medida en que ambos se encuentran en una relación permanente, el hombre, transformando al mundo, sufre los efectos de su propia transformación

14.-El estudio no se mide por el número de páginas leídas en una noche, ni por la cantidad de libros leídos en un semestre. Estudiar no es un acto de consumir ideas, sino de crearlas y recrearlas

15.-Sólo educadores autoritarios niegan la solidaridad entre el acto de educar y el acto de ser educados por los educandos

16.-Todos nosotros sabemos algo. Todos nosotros ignoramos algo. Por eso, aprendemos siempre.

17.-La cultura no es atributo exclusivo de la burguesía. Los llamados «ignorantes» son hombres y mujeres cultos a los que se les ha negado el derecho de expresarse y, por ello, son sometidos a vivir en una «cultura del silencio»

18.-Alfabetizarse no es aprender a repetir palabras, sino a decir su palabra

19.-Defendemos el proceso revolucionario como una acción cultural dialogada, conjuntamente con el acceso al poder en un esfuerzo serio y profundo de concientización

20.-La ciencia y la tecnología en la sociedad revolucionaria, deben estar al servicio de la liberación permanente, de la HUMANIZACION del hombre.