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jueves, 2 de agosto de 2012

Los adolescentes y sus ídolos





Al llegar a la adolescencia los jóvenes buscan ídolos a los que admirar e imitar. Se trata de una etapa más a la hora de formar su identidad. Sin embargo, es importante saber diferenciar entre imitar a un ídolo y obsesionarse por él.

A veces los adolescentes admiran a personas a las que ni siquiera conocen, con lo cual imitan sólo lo que les interesa de ellos o los idealizan olvidándose de la realidad. Tener un ídolo es algo normal, sobre todo, en la etapa de la adolescencia. A estas edades comienzan a tomar conciencia de la identidad propia y desean tener guías, referentes a quien poder seguir e imitar.
En principio, estos iconos de los adolescentes no pueden catalogarse como buenos o malo. Aunque la propia descripción que ofrece le diccionario "Persona o cosa excesivamente amada o admirada" ya marca el carácter exagerado de la actitud.

El valor de los ídolos 

Más que la figura en sí, lo que determina que sean positivos o negativos será la actitud del joven hacia ellos, una excesiva veneración será negativa. Con medida pueden ser una buena herramienta para ayudar a la persona a desarrollarse como tal. Algunos adolescentes ven en sus ídolos, las cualidades que les gustarían tener y no poseen. Otros, buscan en ellos un modo de autoafirmarse, es decir, ver reflejado en sus personajes preferidos, su propia personalidad, para ver aumentada con ello su autoestima.

Rompiéndo moldes

Siempre se piensa en ídolos más bien inalcanzables. Sin embargo, muchos adolescentes sin ser excesivamente conscientes de ello, tienen como referentes a personas muy cercanas a ellos: sus padres, hermanos, profesores, amigos de la cuadrilla...
La importancia de estos ídolos de carne y hueso se explica, también, por el enorme poder de la televisión. Los medios de comunicación venden tanto y tan bien, que hacen que los adolescentes se entusiasmen de forma exagerada con las grandes figuras mediáticas, aunque sean menos cercanas y reales.

Lo que esconden los ídolos

Detrás de los ídolos, se esconde un gran comercio y negocio en el que se pretende únicamente vender. El ídolo nace de una continua exhibición de sus virtudes; tras ella, los defectos se idealizan o se pasan por alto. De este modo, la mala educación del idolatrado es interpretada por el adolescente con algo similar a tinene mucha personalidad.
Por ello, es importante enseñar a los niños a ser críticos y realistas. De este modo, tratarán de descubrir cómo es realmente esa persona, sin olvidarse de que aunque haya sido capaz de destacar por algo, sigue siendo una persona de carne y hueso.

Cuando se pasa a lo obsesivo


En ocasiones, un buen número de conductas no muestran sólo respeto o admiración por una persona, sino exageración y fanatismo por ella. Estos comportamientos, que no sólo se dan en jóvenes como muchas veces se piensa, han de reducirse y controlarse, ya que en caso contrario pueden resultar peligrosos.

Por otro lado, la exaltación excesiva es señal de falta de personalidad, baja autoestima.... Es importante trabajar con los hijos estos aspectos y animarles a que la energía que gastan en ensalzar a otras personas la utilicen en trabajar por ellos. Un pequeño análisis, adaptado a la edad y grado de maduración del adolescente también puede ser muy enriquecedor.

Muchos son los que ponen todo su esfuerzo en ser famosos, queridos por los demás y se olvidan de algo más importante. ¿Se quieren ellos mismos?, ¿son buenas personas?, ¿qué valoran, la fama y superioridad que la posición les oferta o el superarse como persona? Son preguntas que todo el que se plantea destacar debería tener respondidas.


Fuente: www.psicoterapia.cl

jueves, 9 de junio de 2011

Algunas reflexiones sobre la revista “Educación sexual integral"


A continuación se transcriben textualmente las reflexiones difundidas por el Instituto para el Matrimonio y la Familia de la Universidad Católica Argentina acerca de la Revista editada por el Ministerio de Educación de la Nación. Leer nota completa

martes, 15 de febrero de 2011

¿Adulto? No, gracias.


Hasta no hace mucho tiempo atrás, la adolescencia era una etapa de la vida signada por la contradicción entre los grandes ideales románticos (románticos en los dos sentidos, el de protagonizar una epopeya heroica o también el de participar de un gran romance) y la angustia del "no poder", del "no alcanzar" porque el adolescente carecía de los recursos materiales y simbólicos que a los adultos les permitía independencia y autonomía: los adolescentes eran adolescentes porque todavía no podían tomar decisiones por sí mismos, y cuando las tomaban, se las criticaba por su inmadurez o su incapacidad.

Los adolescentes de antes eran puestos por nuestras sociedades en el lugar de la espera (a llegar a ser adulto), de la transición (a la adultez): la adolescencia era, a lo sumo, un momento de experimentación que se encauzaría con los beneficios de la adultez: el dinero del trabajo adulto, el sexo y el amor sin limitaciones (o con los límites que el adulto se autoimponía), la estabilidad de conformar adultamente una familia, el prestigio de vestirse como adulto, el reconocimiento al hablar con el lenguaje de los adultos, la exclusividad de poder ingresar a los lugares solo permitidos para adultos.

El adolescente de antes -pobres, nosotros, los que ahora tenemos más de 40 y queremos convencernos de que nuestro tiempo pasado era mejor- sufría la exclusión de no acceder a aquellos espacios vedados a los menores de 18, o de tener que dejar lugares públicos a las 22hs., de poseer un cuerpo al que se lo caracterizaba de "torpe" e "inmaduro". Para colmo, el mundo adulto subestimaba al adolescente por utilizar un léxico, usar una vestimenta o escuchar una música apenas aceptable para la edad, transitoria, burda, mejorable. La adolescencia era una etapa de la vida por suerte pasajera, un tanto absurda, que por fortuna desaparecía con el mero paso del tiempo.

No hace falta aclarar que este panorama hace tiempo estalló en mil pedazos y hoy, esta ecuación parece haberse invertido. Son los adultos los que intentan parecerse a los adolescentes: escuchan su música o al menos la conocen, tratan de usar (con algo de dignidad) su ropa, se animan a sus piercing y a sus tatuajes. Son adultos cool, ¿ok?

Los adultos ahora tratan de parecer "copados": hablan como adolescentes, se mimetizan en su "onda" y hasta tratan de retener en la medida de sus posibilidades su propio cuerpo como un cuerpo adolescente: que el cuerpo parezca puro, sin usar, virgen de paso del tiempo. Los adultos "copados" entienden, acompañan, son "gambas", nunca dicen "no" porque "esto es lo que decidieron los chicos". A veces ayudan y socorren a los adolescentes hasta en lo que los asusta o no están de acuerdo (tatuajes, horarios, alcohol, drogas) porque "más vale que la guita se la dé yo antes que se la consigan por otro lado", ¿Es re obvio, no? Estos adultos son unos re ídolos.

Ya no quedan sino unas pocas fronteras sociales entre adultos y adolescentes: a todos se nos ha dado ver lo mismo, saber lo mismo, escuchar lo mismo, participar casi de lo mismo. Baja la edad de imputabilidad penal y baja la edad de mayoría de edad. Pero no solamente estas cuestiones legales; hay más. El baile del caño ya no está reservado a experimentados y maduros cabareteros trasnochadores, y el porno perdió todo su misterio y está a apenas a un clic de distancia de cualquiera al que le interese. Ya no hay "horario de protección al menor" o por lo menos nadie se desgañita por hacerlo respetar, y son los adultos los que se van a dormir a las 22hs. Los que consiguen dormir, claro.

El modelo central de identificación social de nuestras sociedades ya no es adulto: ¿a quién le importa crecer? Al contrario, un adulto con fisonomía adolescente parece ser el ideal corporal de estos tiempos, mientras que el resto de los adultos son dinosaurios de una especie en vías de extinción. Como bien dice el tema de los Auténticos Decadentes "Quiero ser un pendejo/ aunque me vuelva viejo". Ahora todos somos "chicos". "¿Qué van a tomar, chicos?", nos pregunta la joven camarera de un bar de Palermo Hollywood a mi amigo Tedy y a mí, quienes entre ambos sumamos casi un siglo. ¿Los de Gran Hermano? Son todos "chicos", aunque tengan más de treinta. Los chorros ahora también son pibes.

No es que la adolescencia actual dure más que la de antes, como se dice por ahí. Lo que ocurre es que ya casi no hay distinción entre adolescencia y adultez en un mundo en el que a pocos se les ocurre invocar su propia experiencia o su sabiduría de la vida como un valor positivo. Y los que se hacen los sabios son denostados: al fin de cuentas aparecen como autoritarios imponedores de criterios pasados de moda. Están re out.

Es este un mundo en el que ya nadie ostenta con orgullo las canas y las arrugas. Nadie se vanagloria de las vueltas de la vida. Y, a la inversa, ya no es considerado un insulto el ser joven. Raúl Porchetto cantaba hace treinta años "Todo lo que hagas, pibe, no es bueno,/ hoy ser joven no tiene perdón." Lo que no tiene perdón hoy es dejar de ser joven y ser arrastrado por la marea de los años y la vejez. Más todavía, ser adulto hoy significa asumir responsabilidades casi con tristeza. Es mejor perfilarse despreocupadamente: si sigo sin crecer alguien se va a tener que hacer cargo de mí.

Y, por favor, que sea rápido porque en un rato empieza el "Bailando..."

Mariano Narodowski
Profesor de la Universidad Torcuato Di Tella

Fuente: Síntesis Educativa
www.sintesis-educativa.com.ar

sábado, 5 de febrero de 2011

La paradoja del socialismo liberal


Por
Javier Úbeda Ibáñez

No deja de ser una paradoja lo que sucede en el socialismo liberal. Se trata de algo que nos interesa especialmente porque atañe de un modo muy inmediato a la cuestión del derecho de los padres a elegir los centros educativos de sus hijos. Salvo honrosas excepciones, todos los socialistas liberales son partidarios de la enseñanza estatal en exclusiva. Con esto se comprueba una vez más la tendencia de todo socialismo a convertirse en un “estatismo”, y conste que el socialismo liberal no ha dejado de preocuparse, precisamente en virtud del coeficiente liberal que en él existe, de los graves problemas que la centralización y el estatismo le plantean al valor de la libertad del ciudadano.

Por lo común, ante el socialismo liberal la gente no se interesa sino por la cuestión de hasta qué punto admite éste los derechos de la propiedad privada. Ciertamente se trata de una cuestión importante no ya sólo en sí misma, sino también por sus repercusiones sobre otros asuntos decisivos en la estructura de la coexistencia humana o de la vida civil en general. Pero si el tema de la propiedad privada es importante, ello en último término se debe a que ésta significa un instrumento que hace posible la iniciativa privada y, a la vez, la iniciativa privada no se limita a sus aplicaciones a los bienes de naturaleza material.

En el ámbito de esa iniciativa entran también, y en una forma eminente, otros bienes de rango superior: los que son el objeto de la actividad educativa en su más amplio o esencial sentido. Y todos ellos se relacionan claramente con la dignidad de la persona humana y con la libertad propia de ésta.

El socialismo liberal reconoce y acepta la libertad, también la justicia, pero entendiéndolas en la forma de unas grandes rúbricas abstractas, enteramente indeterminadas, que en principio todos los hombres están dispuestos a admitir. Las discrepancias empiezan cuando hay que determinar concretamente la forma de llevar a cabo la justicia y la libertad (como igualmente la tolerancia, inicialmente entendida, asimismo, como un valor abstracto).

A la hora de hacer esa concreta determinación surgen las diversas opiniones y la única forma de establecer algo definitivo es recurrir al sistema de la votación y respetar lo que salga de las urnas. En este sentido, el socialismo liberal es evidentemente liberal. Nadie puede negarle que se merece este título. Pero el socialismo liberal ha ido mucho más lejos que el viejo liberalismo, aunque es verdad que ya en éste se encontraban los gérmenes del extremoso relativismo en que hoy se incurre. De todas formas, el viejo liberalismo reconocía, a su modo, unos ciertos derechos naturales, que como tales no se discutían. Pero el socialismo liberal no reconoce estos derechos naturales. Para él, todo es opinable, porque no admite que el hombre esté previsto de una naturaleza o esencia que él mismo pueda conocer y de la cual derivan unas expresiones objetivas igualmente esenciales. Las únicas exigencias de las que el socialismo liberal se manifiesta abiertamente partidario son de carácter técnico, de tal manera que el coeficiente socialista que en esta ideología existe resulta así presentado como un elemento necesario para la mejor organización de la sociedad.

Cabalmente es la técnica socialista de la organización de la sociedad donde se halla el motivo por el que ha de excluirse, según este movimiento, toda enseñanza que no sea la del Estado. Y así hace falta decir que en este punto el llamado socialismo liberal es mucho menos liberal que socialista. En materia de educación, se trata de un movimiento que representa un puro y simple socialismo, sin mezcla alguna de liberalismo. Aunque usa el adjetivo liberal, prescinde de su significado y su valor a la hora de establecer concretamente el modo en que la enseñanza debe ser impartida, interpretándola como uno de los cometidos del Estado y excluyendo el derecho de la iniciativa privada a la creación de los centros educativos correspondientes.

Es increíble la ceguera que hay en este asunto cada vez que se le examina desde el punto de vista del simple interés político. Porque en efecto sucede que incluso los que se muestran partidarios del llamado socialismo liberal, lo consideran, no obstante, como efectivamente liberal, basándose en que este movimiento entra en el juego del sistema de los partidos y está dispuesto en su caso, a admitir lo que salga de las urnas. ¡Qué pobre idea de la libertad! Por lo visto, se piensa que la respetan los que no admiten el derecho de los padres a la elección de los centros educativos de sus hijos.

¿Piensan ustedes, realmente, que cabe ser liberal a la vez que se niega ese derecho? ¿O es que el derecho en cuestión se refiere a un asunto de muy poca o ninguna trascendencia?

Mucho nos tememos que la discusión de la validez de los diversos movimientos políticos se esté llevando a cabo sin entrar a fondo en las cuestiones de mayor trascendencia e importancia. Y estamos seguros de que la mayoría de los que hablan sobre el socialismo liberal sin ser partidarios de él no llegan ni tan siquiera a preguntarse cuál es la actitud que éste mantiene en una cuestión tan grave como la tarea educativa. Hasta tal punto hay ignorancia y confusión acerca de ello, que hemos podido comprobar que no son pocos los que se figuran que la actitud del socialismo liberal en materia de educación se reduce al principio de la igualdad de oportunidades, es decir, a algo que esencialmente nadie niega en el momento presente.

Pero una cosa es la igualdad de oportunidades y otra la tesis de que el Estado tiene el monopolio del derecho a la educación. Tal monopolio no se justifica por la mencionada igualdad. Porque la obligación de hacer posible que todos los ciudadanos se eduquen –una obligación del Estado, sin duda alguna– no autoriza a afirmar que todos los centros educativos hayan de ser estatales. Para resolver los problemas económicos implícitos en el derecho de todos los ciudadanos a ser educados, no hace ninguna falta que sean instituciones estatales los centros de educación.

sábado, 15 de enero de 2011

Descontrol juvenil: preocupa el aumento del consumo de alcohol a más temprana edad


Especialistas aseguraron que cuando llegan al hospital por intoxicación aguda de alcohol son casos de pacientes que vienen de sus casas sin haber pasado por la disco. Entre los 13 y 15 años hay un 65 por ciento de adolescentes que ya lo consumen. La falta de límites y controles de los padres

Una tendencia alarmante hay en el país debido a que los chicos arrancan a consumir alcohol cada vez a más temprana edad e incluso los casos de muchachos que llegan a los hospitales con un coma alcohólico se da antes de ir a los boliches, o sea en la previa.

"Muchos de los casos de intoxicación aguda por ingesta de alcohol que atendemos en la guardia son casos de chicos que vienen desde sus casas, no del boliche", explicó Ana María Girardelli, jefa del servicio de Toxicología del Hospital de Niños de La Plata a diario Clarín.

La especialista sostuvo que hay una falta de control en los padres, quienes "se preocupan mucho más por drogas ilegales que por el alcohol, y éste puede tener un alto riesgo para la salud y la vida".

Hace algunas semanas se hizo la encuesta Mundial de Salud Escolar y sobre un total de 1.980 alumnos de entre 13 y 15 años, los resultados indicaron que ya a los 13 años ya tomó alcohol el 30 por ciento de los chicos, a los 14 un 50% y a los 15 un 65.

Por su parte, Fernando Zingman, coordinador del Programa Nacional de Salud Integral en la Adolescencia, la ecuación de los chicos ahora es "más cantidad de alcohol en menos cantidad de tiempo para lograr mayores efectos".

En tanto, hubo otra encuesta de la Fundación Proyecto Padres que informó que uno de cada tres adolescentes empieza a hacer la previa entre los 12 y los 14 años y sólo el 4% lo hace a partir de los 17 años.

Para más de la mitad de los chicos la previa forma parte de "un momento de diversión y encuentro con amigos" y para ello los especialistas afirman que es fundamental el control de las bocas de expendio y el rol de los padres.

Por último, indicaron que para los adolescentes "sin la previa no se puede acceder a cierto mundo relacionado con la diversión y la interacción con otros chicos. Y quizás la razón por la que toman alcohol sea justamente que son muy chicos y no están preparados para ese mundo".

Fuente: Infobae

viernes, 19 de noviembre de 2010

Más educación menos delincuencia


“Hay una correlación estadística absoluta entre más educación y menos delincuencia. Cuanta más escolaridad y trabajo decente haya, menor será el nivel de inseguridad en la sociedad.”

En momentos en que el debate sobre la inseguridad vuelve a las tapas de los diarios y a los principales títulos de los noticieros, las palabras de Bernardo Kliksberg clarifican el panorama. Es que es una voz autorizada en la materia: el economista argentino es el mayor experto latinoamericano en pobreza y desigualdad. Es asesor principal de la dirección regional para América Latina y el Caribe del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (Pnud) y asesoró en los últimos años a más de treinta países y a organismos internacionales como la Unesco, Unicef, OIT, OEA y OPS, entre otros.

Para poder insertarse en el mercado de trabajo formal hay que tener por lo menos doce años de escolaridad. Se muestra estadísticamente que con menos de una secundaria completa hoy las empresas, con razón, en el siglo XXI en un mundo tecnológico tan avanzado, no aceptan siquiera mano de obra para salidas menores no calificadas y resulta que ahí hay un cuello grande. Porque el 50 por ciento de los jóvenes en la mayor parte de América Latina no terminaron el colegio secundario. No porque les falte cultura de estudio, sino porque la pobreza está ahí presente en el 34 por ciento de la población.

“Hoy las cifras siguen siendo muy lejanas a lo que se necesita. Resulta que de cada tres chicos pobres sólo uno termina la secundaria. Y sin secundaria van a ser marginales. El tema central es el acceso a la educación y el acceso al trabajo. Esos son los temas estratégicos centrales. Si no se resuelve la atención a los jóvenes, va a haber niveles de conflictividad altísimos y es de mirada muy corta ver cómo se desarrolla este drama. Que es drama para toda la ciudadanía: el de la inseguridad ciudadana”.

¿Saben cuáles son los países del mundo que tienen menos criminalidad joven? Son Noruega, Suecia, Dinamarca, que tienen menos de un homicidio cada cien mil habitantes por año. En América Latina tenemos 26 homicidios cada cien mil habitantes por año, y en el Salvador 70 homicidios cada cien mil habitantes por año. ¿Cómo lo lograron los países nórdicos? ¿En base a aumentar el número de patrulleros en la calle y las alarmas eléctricas y a hacer penas más severas? No. Son los países que tienen la menor cantidad de policías por habitante. O sea: la inversión en fuerzas de seguridad es la menor en todo el planeta. Lo lograron en base a la inclusión social universal de los jóvenes. No es una tentación el delito porque todos los jóvenes, amparados por la sociedad –incluyendo las empresas privadas–, pueden terminar desde el preescolar hasta un posgrado. Todos los jóvenes tienen el derecho asegurado y protección total en materia de salud.

Si se apoya a la familia para que no se desarticule, baja la pobreza. La familia es la principal proveedora de educación antidelincuencia en la sociedad a través de los ejemplos diarios. Estas acciones son las que producen resultados en el mediano y largo plazo y hacen bajar la delincuencia. Entonces, como decía El Principito, está allí, a la vista.”

Finalmente, Kliksberg diferenció la criminalidad joven del delito organizado. “Al crimen organizado al que aplicarle el máximo peso de la ley, como las bandas del narcotráfico o las que hacen secuestros, entre otras. Pero la delincuencia joven que está creciendo debe ser analizada desde el punto de vista de las opciones reales que se están ofreciendo en esta sociedad.” Una voz autorizada para un debate que suele quedarse a mitad de camino.

Para pensar un poco

viernes, 30 de julio de 2010

Trastornos de ansiedad social en los niños


Paradójicamente, la explosión de la tecnología de la información y la comunicación podría aislar a los chicos, más aún en aquellos que posean ciertas tendencias,podría favorecer la aparición de trastornos como la ansiedad social o fobia social.

La Lic. Gabriela Martínez Castro, directora del Centro de Estudios Especializados en Trastornos de Ansiedad (CEETA) afirma que son tres las causas que pueden desencadenar la aparición de la fobia: la primera es genética; la segunda tiene que ver con el medio socioambiental donde se ha crecido; la última está compuesta por los estresores desencadenantes, aquellos factores estresantes que determinan las situaciones (desaprobar un examen, ser criticado en público, hacer un papelón, etc.).

Si se favorece el crecimiento de los chicos en un ambiente que no proponga la comunicación de modo directo, pueden carecer luego de los recursos sociales para interactuar. No debe pensarse en este punto sobre circunstancias complejas; pueden presentar problemas hasta para pedir un favor, al saludar, comportarse en la mesa, acordar salidas, ir a un baño público, hablar en presencia de otras personas.

La exacerbación del uso de los modos virtuales de comunicación -en todas sus variantes: redes sociales, messenger, sms, chats- puede tener un rol negativo en la maduración como personas.

Internet brinda protección –esto es aparente, también conlleva algunos riesgos-, la pantalla da anonimato, los chicos no necesitan para desenvolverse a través de ella la componente gestual del lenguaje, les permite evitar el temor a ser rechazados, a ser criticados. Si se encierran en ella, y no se los estimula para desarrollar destrezas sociales, podrían aislarse y hasta perder los recursos para contactarse cara a cara.

“En muchos casos, vemos chicos -cada vez más pequeños, de 9, 10 u 11 años- que ven facilitado o promovido el acceso a estas tecnologías, lamentablemente” afirma Martínez Castro, “no quiere decir que el uso de Internet sea malo, sólo que debe combinarse con el desarrollo de las otras formas de comunicación. Se verifica, en la escuela, que chatean –aún a escondidas- con compañeros de curso, presentes en la misma aula”.

Algunos consejos para que los padres puedan encontrar un equilibrio, entre la necesidad de integrar y educar digitalmente a los chicos y la obtención de competencias sociales:

* No favorecer el acceso a estas modalidades de comunicación en edades muy tempranas
* Impulsar la interacción cara a cara
* Poner tiempo límite para el uso de Internet (en todas las modalidades) ´

Y sobre todo

* Dar ejemplo: la familia debe desarrollar una vida social rica. Los chicos deben crecer en un ambiente donde se reciba gente, donde lleguen amigos, donde se los visite. Los padres deben mostrar una vida social lógica.

Más información en: www.ceeta.com.ar
Fuente: Infancia hoy

lunes, 5 de julio de 2010

La sociedad del adicto


Las seis características que tiene una sociedad generadora de adicciones:


1. DESINHIBIDOR SOCIAL Ó LA PREVIA: El alcohol es el desinhibidor social por excelencia que establece el armado de la red social del adolescente. “La previa” es una reunión es sí misma que se torna tan ó más importante que la salida en sí. En ambas el abuso de alcohol es el organizador de la dinámica, de manera que si no hay bebida, no hay “fiesta”.

2.TOLERANCIA SOCIAL: Escena de abusos de drogas y alcohol se han incorporado a nuestra vida cotidiana, con tal reiteración que nos lleva a confundir términos de frecuencia con normalidad. Tanto es así, que ya ni siquiera se recurre a ocultarlo, haciéndolo abiertamente más allá de la ley establecida.

3. SOCIEDAD DE CONSUMO: La sociedad de consumo promueve la necesidad de adquirir productos como una meta para alcanzar el bienestar. Cuando ese bienestar no llega, algunas personas pueden encontrar en el uso de sustancias una respuesta inmediata que alimenta esa falsa ilusión y los deja vacíos de sentimientos.

4. INFLUENCIA DE LOS MEDIOS: Los medios masivos de comunicación con su presencia continua e inmediata introducen mensajes que pueden llegar a confundir, reemplazar ó anular aquellos valores que la familia, la escuela y el entorno social quieren brindar a los niños y adolescentes.

5. PRESIÓN DE PARES: para sentirse parte de un grupo se deben compartir conductas, costumbres y códigos comunes. Si uno de estos hábitos es el uso indebido de drogas y alguien elige no consumirlas, se verá presionado a hacerlo ó bien, se tendrá que alejar del grupo.

6. INCOMUNICACIÓN SOCIAL: Impacto de las nuevas tecnologías. El acceso de los jóvenes a las nuevas tecnologías, (Internet, video juegos, celulares, etc.) contrasta con las dificultades que tienen los adultos para incorporar estos nuevos conocimientos. Este fenómeno puede contribuir al aislamiento de los jóvenes que interpretan la realidad con códigos de difícil acceso para los mayores.

Fuente: Nueva Escuela para Padres

miércoles, 16 de junio de 2010

Violencia estudiantil: ¿Y por casa cómo andamos?



Lo que dejó el incidente entre los colegios Vieytes y Huergo

por Hernán Traverso
Lic. en Ciencias de la Comunicación, Opinión Pública y Publicidad (UBA)
traversoher@san-pablo.com.ar


La violencia estudiantil es un problema actual que afecta a las sociedades de todo el mundo. Ahora bien, ¿dónde hay que buscar las causas de esa brutalidad? Los jóvenes, además de ser estudiantes, son ciudadanos que forman parte de una estructura social determinada. Es decir, las conductas que los escolares producen en el ámbito escolar también se manifiestan en otros espacios públicos –aulas, parques, calles- de la sociedad.

Hace un tiempo atrás, cuando se habló de los hechos de violencia estudiantil que se producen en los colegios de Estados Unidos, se observó que esos comportamientos también se observan en otros sectores de la sociedad. ¿Qué hace que un adolescente lleve un arma a un colegio y ataque a sus compañeros? En aquel momento, la respuesta se relacionada con cuestiones sociales y culturales -fomento del individualismo, del armamentismo y de la exclusión social-, que sobrepasan el ámbito colegial.

En Argentina –al igual que en Estado Unidos- la violencia estudiantil también es un reflejo de lo que sucede en el resto de la sociedad. De éste modo, es lógico pensar que en las instituciones educativas se produzcan tipos de conducta similares a las que se ven en otros espacios sociales. En otras palabras, las acciones violentas que los alumnos realizan en los colegios también están presentes en otros sectores de la sociedad. Es decir, los estudiantes de algunos colegios secundarios –como el Huergo y el Vieytes- tienen los mismos manejos –y tal vez la misma impunidad- que las barras bravas que van todos los fines de semana a los estadios de fútbol.

Argentina es un país donde la cultura del fútbol se manifiesta a partir de la pertenencia –en tanto fanatismo- a una determinada institución. En nuestro país, esa “realidad” se construye de manera dicotómica –River vs. Boca; radicales vs. peronistas; Huergo vs. Vieytes; etc.-. Es decir, la pertenencia a la “entidad A” automáticamente significa un rechazo –y odio- a la “entidad B”.

Alumnos, barras bravas, sindicalistas, todos se manejan de manera similar. Y es a partir de esa construcción de “pertenencia y rechazo”, que los actores sociales luchan para conseguir determinados trofeos que, para ellos, son símbolo de status. En el caso de las barras bravas la lucha se origina por la posesión de una bandera de la hinchada rival; en los sindicatos las peleas pueden producirse al querer controlar –en tanto dirigir- un acto fúnebre de algún ex presidente; finalmente, en el caso de los colegios de Caballito la disputa tiene como fin determinar quién es el que tiene más aguante [1] en el barrio.

Sin embargo, otro punto a destacar, es que esas peleas que se producen en los distintos espacios de la sociedad –estadios, instituciones políticas, colegios- están vacías de ideología, ya que los hechos de violencia sólo tienen que ver con la posesión de determinados territorios, con la marcación de espacios, y con la demostración de poder sobre el otro.

Aquí hay dos cuestiones que son importantes. La primera es observar la violencia que se genera en los colegios. La segunda es dar cuenta que esa violencia no tiene ninguna carga ideológica. Es decir, los alumnos no luchan por conseguir cambios sociales que signifiquen una mejoría para la sociedad. Ahora, las peleas estudiantiles sólo se limitan –al igual que en el contexto futbolístico y político- a ver quién es el que tiene más “aguante”.

Por lo tanto, los dirigentes políticos deben entender que la violencia estudiantil no se solucionará poniendo cuatro o cinco agentes de la Guardia Urbana a la salida del colegio. Aquí, el verdadero desafío de las instituciones es implementar un plan serio que permita prevenir y brindar una respuesta adecuada a este fenómeno. Por un lado, hay que crear un sistema de prevención para evitar incidentes futuros. Pero, por el otro, los responsables de los incidentes actuales deben ser castigados como delincuentes, porque eso es lo que son. Un joven que roba, o agrede a otra persona está atentando contra el orden social, más allá de su condición de alumno.

Finalmente, también es hora de entender que los espacios sociales están todos relacionados. Un estudiante ataca a otro que pertenece a un colegio diferente; si esas conductas no son corregidas se trasladarán a otros escenarios. Otra vez el peso cae en las espaldas del Estado. Son las instituciones las que deben implementar estrategias capaces de contener y prevenir la violencia actual. En conclusión, es el Estado el que debe dar cuenta de las transgresiones disciplinarias graves, de la pérdida de valores, y de la reglas básicas de convivencia.

Fuente: Revista On Line San Pablo

[1] El “aguante” es un término que utilizan las hinchadas del fútbol argentino para dar cuenta del apoyo a su equipo. En la cultura futbolística de los últimos diez años comienza a cargarse de significados vinculados con la puesta en acción del cuerpo. Es decir, “aguantar” es básicamente la violencia física. El cuerpo aparece como protagonista. No se aguanta si no aparece el cuerpo soportando un daño. Para los hinchas, la violencia física es el sentido dominante del “aguante”. En: Alabarces, Pablo, "¿De qué estamos hablando cuando hablamos de las hinchadas?", Crónicas del aguante: Fútbol, violencia y política, Capital Intelectual, colección Claves para todos, Buenos Aires, 2004, pág. 63.

jueves, 22 de abril de 2010

Toque de queda para adolescentes en Miami


By TANIA VALDEMORO
tvaldemoro@MiamiHerald.com


Apartir del primero de mayo el gobierno municipal de Miami pondrá en práctica un polémico toque de queda para los adolescentes, promulgado por el Condado Miami-Dade, que prohíbe a las personas de 17 años o menos años estar en la calle después de las 11 p.m. las noches de semana y después de la medianoche los viernes y sábados.

Los padres también se verán afectados. Después de la cuarta o quinta infracción, el padre o la madre del menor pudiera recibir una multa de un máximo de $500.
La ordenanza está en los estatutos del Condado desde 1994. Gracias al comisionado miamense Richard P. Dunn II, la Policía de Miami comenzará a aplicar la medida en todo el municipio.
"Esta no es la única solución para detener la violencia en nuestra comunidad'', dijo Dunn el lunes en una reunión comunitaria en el Parque Charles Hadley de Liberty City. "Pero puede servir una medida preventiva para proteger a nuestros jóvenes''.

Designado en enero para reemplazar a la comisionada Michelle Spence-Jones, Dunn dijo que una de sus prioridades es eliminar los tiroteos como los recientemente ocurridos en Overtown y Liberty City.

Dunn trabajará con la policía local y las autoridades del distrito escolar para explicar el toque de queda --que según funcionarios condales ya se aplica en zonas no incorporadas-- hasta el primero de mayo.

Según la ordenanza, las personas de 17 o menos años no podrán estar en la calle después de las 11:00 p.m. los días de semana y después de la medianoche los viernes y sábados a menos que estén acompañados por uno de sus padres o guardianes, o un adulto de más de 21 años.

También hay otras excepciones: por ejemplo, si el adolescente asiste a un evento escolar, religioso o de recreación, o si trabaja y está regresando a casa, puede estar en la calle después de la hora del toque de queda.

El agente Keith Cunningham, supervisor de la policía en Liberty City, El Pequeño Haití y la zona noreste, dijo que los agentes detendrán e interrogarán a todos los adolescentes que vean después del toque de queda. Todo joven que parezca estar infringiendo el toque de queda podrá recibir una citación civil.

No se arrestará a los jóvenes por violar el toque de queda a menos que también hayan infringido otra ordenanza, como fumar marihuana, dijo Cunningham.
La policía recogerá al adolescente y lo llevará a una subestación de policía. En el área de Cunningham, sería en el 1000 NW 62 St. en Liberty City. Los padres tendrán que recoger a sus hijos allí. De lo contrario, un agente los llevará a casa.

Cunningham dijo que la policía no patrullará las calles todas las noches, pero que hará cumplir el toque de queda más de una vez a la semana. La mayor parte del tiempo, la policía responderá a llamadas de los vecinos. Si un agente descubre, al responder a una llamada de servicio, que un adolescente infringe el toque de queda le dará una citación, indicó Cunningham.

Después de tres citaciones, el Departamento de Niños y Familias del estado se reunirá con la familia.

Después de la cuarta o quinta vez, su padre o madre podría recibir una multa de hasta $500, dijo Cunningham.

Dunn, quien admitió que el toque de queda es poco popular políticamente y podría costarle la reelección en noviembre, recibió la aprobación de los adultos, quienes expresaron su apoyo a la polémica medida.

Queen Brown, activista contra la violencia cuyo hijo Eviton fue asesinado a tiros hace tres años, dijo que pensaba que el toque de queda era buena idea.

"Sólo quiero que nuestros hijos estén protegidos'', dijo Brown. ``Quiero que vivan, que prosperen y que crezcan''.

Por su parte, la Unión de Libertades Civiles de Estados Unidos (ACLU) de la Florida ha expresado preocupaciones. El viernes pasado, La Rhonda Odom, del Proyecto de Justicia Racial del grupo, le dijo a Dunn en el Ayuntamiento de Miami que a la ACLU le preocupa que la medida infrinja los derechos constitucionales de las personas a la privacidad y a la libertad de movimiento.

"Nos preocupa que este tipo de toque de queda aumentará las probabilidades de que los jóvenes entren en contacto con la policía. Va a criminalizar la conducta normal'', dijo Odom.

En el 2005 el Tribunal Supremo de la Florida decidió que ordenanzas similares de Tampa y Pinellas Park eran inconstitucionales, pero el tribunal no ha fallado sobre la de Miami-Dade, dijo Muslima Lewis, abogada de la ACLU.

"Si el toque de queda juvenil de Miami-Dade no se apega al fallo judicial habrá serias preocupaciones sobre su constitucionalidad'', dijo.

Fuente: El Nuevo Herald (Sur de la Florida) 21-4-2010

domingo, 1 de noviembre de 2009

En sexualidad y libertad, cada cosa a su tiempo


Los tiempos cambian pero...

Ayer nomás era común ver que las niñas imitaban a sus madres en sus actitudes, su modo de vestir y de hablar, era una manera de ir creciendo hasta alcanzar su propia identidad y en este proceso, la madre era su "modelo".

En otro tiempo, en algún momento libre, la mamá enseñaba a su hija a hacer alguna labor manual como tejer o coser alguna prenda para su muñeca, por ejemplo. Y no estamos hablando de tiempos prehistóricos sino de hace poco. Hoy los tiempos cambiaron y muchas veces recordamos con nostalgia alguna que otra situación como la mencionada pero, evitando caer en la falsa ilusión de creer que ese tiempo volverá.

Actualmente, cuando aún no han concluido aún su escuela primaria, muchas mamás se ocupan de promover, junto con otras madres del curso, la organización de fiestas o bailes cuando quizá lo ideal sería, impulsar la participación de las niñas en eventos deportivos, obras culturales, sociales y en lo posible, realizadas por ambos sexos en común, para aprender a relacionarse sanamente.

Los programas de televisión contribuyen a exacerbar esta situación de adelantar a las niñas e impulsarlas a realizar algo que no les es propio ni acorde a su edad y etapa madurativa. Así se van acostumbrando a frecuentar locales bailables para menores con la complacencia de sus padres quienes, en el mejor de los casos, únicamente se toman el trabajo de ir a recogerlas al final del baile con muy pocas ganas.

La niña que alimentó ilusiones con las telenovelas de la tarde y los idilios de sus personajes -la mayoría preadolescentes- comienza a vestirse provocativamente para suscitar el interés de los varones y concretar la ilusión alimentada: tener un romance rápidamente tal como la heroína de turno.

¿Y los varones?

Los varones también alimentan su despertar sexual apelando a cuanto medio tienen a mano: internet incluida. Pero hay algo que aún no ha cambiado: los padres y madres de varones no consideran que eso sea algo desestimable, por el contrario, aún vivimos en una cultura predominantemente machista (aunque no nos guste) en la cual ésto es un signo de virilización altamente deseable.


Iniciada la etapa de las salidas a partir de la medianoche con su vuelta a la madrugada se constituyen en un campo ideal para sostener relaciones de parejitas que desean reproducir lo visto en la telenovela, el video, la película o el sitio de internet. El clima del boliche, la música ensordecedora, el alcohol, la caricia cada vez más directa y prometedora, van anunciando un final fácilmente imaginable que puede concluir en un embarazo.

¿Qué sucede con los padres cuando se enteran?

Si la hija está embarazada, algunos no se hacen cargo, algunos se ofenden y aún las expulsan del hogar tal como se comprueba en maternidades a las cuales acuden a tener su hijo, siempre y cuando el embarazo llegue a término. Ésto en el mejor de los casos porque generalmente, estas situaciones las resuelven las protagonistas con ayuda de sus amigas, sin dar participación a sus familias, con las consecuencias sabidas: aborto, peligro de enfermedad o muerte femenina, abandono del varón, posterior culpa y problemas psicológicos.

¿Qué ha pasado?

Si se ha cuidado tanto a los hijos durante la primera infancia, ¿por qué luego detentan una libertad que no está de acuerdo con su edad? ¿A algún papá o mamá se le ocurriría dejar elegir a su hija jugar con un instrumento que no sepan usar y pueda dañarla?. Lo mismo sucede cuando se les ha estimulado para comportarse como adultas anticipadamente, usando ropas inadecuadas y precipitando salidas. El resultado es que salen dañadas.

No necesariamente hay que buscar culpables pero quizá muchos adultos estén tan infantilizados y confundidos ante una cultura que promueve cierto tipo de conductas y actividades, que sería el momento de sentarse a pensar si no se debería modificar la percepción de la vida actual y, aunque se vaya contra la corriente, aprender a dejar a los hijos e hijas disfrutar de su infancia, de sus juegos con muñecas y no con muñecas de carne y hueso que no están preparados para tener.

Que los adolescentes pierdan la cordura está dentro de lo esperable y posible pero que la pierdan sus padres es una triste falta de responsabilidad.


Crecer y hacerse cargo de nuevas responsabilidades no es fácil en un mundo que cambia tan rápidamente; necesitamos ayuda todos, los chicos y los adultos. Ayuda para poder cuidarnos y cuidarlos aprendiendo a tomar de la cultura actual lo bueno, lo deseable, lo necesario y acorde a la etapa de nuestra vida, desechando lo que consideramos que no se condice con nuestro estilo de vida aunque los de afuera nos marquen lo contrario y tengamos que sufrir burlas por ello.


Decir es la salida más fácil, un NO a tiempo puede evitar muchas lágrimas.
Textos: María Inés Maceratesi

Exclusión escolar y futuro social



La situación que registra la niñez y la adolescencia en el campo educativo lleva a trazar una perspectiva poco alentadora del futuro de nuestra sociedad, ya que las graves deficiencias que se presentan en la formación de los jóvenes provenientes de familias pobres, así como la ausencia de perspectivas de cambio en lo inmediato, condicionan severamente el potencial de desarrollo del país.

Un enorme número de chicos se encuentra en un estado de abandono educativo, lo cual limitará con rigor el acceso a otros derechos, ya que la exclusión escolar alienta otras exclusiones en campos culturales, laborales y económicos. Como surge de un reciente informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina, el 53% de los menores de cinco años vive en hogares pobres, con dificultades para satisfacer sus necesidades básicas. Estos chicos son, además, afectados por una creciente desigualdad en materia educativa.

Por empezar, su nivel de asistencia a jardines maternales y de infantes es bajo. Además, como surge del referido informe, la brecha educativa se refleja en la concurrencia a escuelas de doble jornada, ya que el 25,1% de los adolescentes de hogares de ingresos medio-alto lo hace, contra sólo el 2,8% de los provenientes de familias pobres.

Por el deficiente funcionamiento de la educación pública, las familias consideran al ausentismo de los docentes y a los paros como los problemas más severos que lesionan la calidad de la enseñanza.

Entre los chicos pobres es menor el hábito de lectura, el acceso a Internet, la oferta de prácticas artísticas y la enseñanza de un segundo idioma. Por otra parte,la infraestructura escolar pública presenta notorias deficiencias y en sus aulas se nota un agravamiento de los problemas disciplinarios.

Esta situación exige medidas efectivas, ya que de persistir la severa exclusión educativa que se registra el porvenir colectivo estará aún más marcado por la marginación, la pobreza, la desigualdad y la violencia.

Según una medición de la UCA, un elevado porcentaje de chicos pobres sufren deficiencias educativas. Esta situación exige medidas efectivas porque afecta su futuro y el de la sociedad.

domingo, 18 de octubre de 2009

El saber también se hereda

La educación de los padres es factor determinante en el éxito escolar

Se heredaban la casa, las fincas y hasta los ahorros. También, aunque no siempre, los rasgos físicos y las cualidades atléticas. Ahora sabemos que también se pasa de padres a hijos el saber o la habilidad para adquirirlo.

Los logros educativos de los hijos están fundamentalmente en manos de sus padres y, más concretamente, en su nivel educativo.

Un ejemplo: el 73% de los hijos de universitarios que nacieron en la década de los setenta han estudiado una carrera, mientras que tan sólo lo ha hecho el 20% de aquellos cuyos padres no eran universitarios.

Según el último informe de Caixa Catalunya sobre la inclusión social en España 2009, el hecho de que los padres sean universitarios otorga claras ventajas educativas.

Estas son que estos padres son más proclives a escolarizar a sus hijos antes de los tres años, que transmiten a sus hijos más aspiraciones y que poseen más recursos educativos y culturales.

Existen otros factores que también inciden en las tasas de logros educativos:

Género: los chicos se gradúan en ESO un 16% menos que las chicas.
La estructura del hogar: el abandono escolar prematuro es un 86% más alto en las familias monoparentales a igualdad de condiciones sociales.

El origen: los inmigrantes tienen, por razones económicas y de entorno, menores tasas de educación secundaria y post obligatoria.

Texto y foto: Periodista Digital

viernes, 18 de septiembre de 2009

Por un pacto educativo

En las pasadas vacaciones en España he tenido ocasión de escuchar voces que, de nuevo, hablan de la necesidad de llegar a un pacto educativo. Se reconoce, de esta manera, que no se está acertando. La cosa no es de ahora. Viene de lejos. El problema, a mi entender, radica en una cuestión de fondo: la visión del hombre, la antropología que subyace al sistema educativo vigente, entre nosotros y en otros países, porque el problema y el «fracaso» posible no está en los conocimientos sino en la educación de la persona.

¿Qué antropología predomina hoy en nuestra sociedad? ¿Qué hombre se pretende formar y forjar en el sistema educativo?¿Qué tipo de humanismo se propugna en la escuela, qué fines se persiguen, cuál es el principio inspirador de la acción educativa? Son cuestiones principales, sin las cuales no hay posibilidad de que la escuela responda a las verdaderas necesidades del hombre y de la sociedad.

No es necesario insistir en la situación de crisis económica. Creo que todos podremos estar de acuerdo, que no sólo es una cuestión que afecta a la economía misma, sino al hombre y a la sociedad. Detrás de ella hay un problema de fondo que es el hombre, como ha señalado el Papa Benedicto en su reciente encíclica social. Creo que conviene pararse un poco y pensar qué es lo que ha provocado el conjunto de fallos que han originado esta crisis.

Ciertamente que hay un fallo moral, que muchos analistas subrayan. Existe una visión de la economía donde predomina el lucro por encima de otras consideraciones, el interés particular sobre el bien común, la libertad absoluta en los negocios sobre la justicia. Se observa una desproporción entre la valoración del progreso científico-técnico, el progreso social-económico y el progreso y desarrollo de las personas, en cuanto tales, para vivir personal y social, predomina el tener sobre el ser, la razón practico-instrumental sobre la razón simplemente considerada. Mientras el progreso científico es acumulativo, el progreso de cada persona ha de ser fruto de una experiencia personal y un bien de la persona en cuanto tal.

Se dejan para la esfera privada los valores espirituales y de sentido de la vida, y se difunden única y exclusivamente los valores cívicos, como si éstos fuesen los únicos necesarios para vivir en sociedad y en la búsqueda y el servicio del bien común. Y no podemos olvidar que también se recluyen o mandan a la esfera de lo privado los aspectos que se refieren a la dimensión trascendente de la vida, la presencia y valoración principal del misterio, la realidad de Dios en suma, como si esto no afectase al hombre, al hombre en sociedad, a las relaciones humanas, o las relaciones con el mundo y la misma economía. Se piensa que todas estas cuestiones religiosas son irrelevantes para el vivir humano, o son incluso un impedimento. Se ven van más las cosas con una mirada pragmática que con la mirada del hombre que busca la verdad.

Todo esto tiene que ver con la educación. Se requiere ciertamente un gran pacto educativo, en libertad, que haga posible que el hombre sea lo que es y se genere una humanidad nueva. Apuesto, pues, por una nueva educación que genere futuro y esperanza, porque genera inseparablemente amor por el hombre, valoración total de la dignidad del ser humano, aprecio absoluto por el hombre en su realidad más auténtica. ¿Estamos dispuestos a esto?

Autor: Card. Antonio Mª Carles
Fuente: La Razón

lunes, 14 de septiembre de 2009

Minería contaminante ¿sabes lo que es?

Con la participación voluntaria de los siguientes actores:

Julieta Diaz, Raúl Taibo, Georgina Barbarossa, Silvia Pérez, Mirta Wons, Gastón Pauls, Nicolás Pauls, Laura Azcurra, Carlos Portaluppi, Juan Palomino, Leonor Manso, Celina Font, Cristina Martin (Conciencia Solidaria) y realizado por el director Pablo D'Alo Abba.

Nuestra Gratitud para todos los que participaron y realizaron este audiovisual! Permitida su utilización en pos de la causa.


Fuente: http://www.concienciasolidaria.com.ar/

jueves, 10 de septiembre de 2009

La importancia de los hábitos en la educación infantil

La vida cotidiana es la situación más cercana y más estable para los seres humanos, especialmente para los niños, y por ello es uno de los grandes recursos con los que deben contar sus educadores, padres y profesores: en lo que acontece cada día es donde se realiza su desarrollo. Nadie duda de la importancia que tiene para el niño la vida de cada día y lo que en ella es habitual.

Por eso, hay que darle también mucha importancia a la creación de hábitos y rutinas, que son los que le dan al niño la seguridad de saber qué hacer en cada momento y de conocer las costumbres del grupo social. Deberíamos, primero, establecer la diferencia que hay entre rutina y hábito. La rutina, que puede desaparecer, es una costumbre personal establecida por conveniencia y que no permite modificación, es decir, es inflexible; por ejemplo, colgar la bata en la percha antes de salir de clase.

El hábito, sin embargo, es un mecanismo estable que crea destrezas y que además podemos usar para distintas situaciones: por ejemplo, abrocharse. Tanto las rutinas como los hábitos aportan un componente importantísimo de constancia y regularidad y, por ello, son fundamentales tanto para la vida familiar como la escolar. ¿Qué son los hábitos? Entre todas las definiciones que hemos leído, pensamos que la más aclaratoria es la que Antonia Fernández Gutiérrez hace en el libro La Educación Infantil: “Son costumbres, actitudes, formas de conducta o comportamientos que conllevan pautas de conducta y aprendizajes.

El hábito bien adquirido y usado nos permite hacer frente a los acontecimientos cotidianos”. En la etapa infantil, a la hora de educar, es de mayor interés la creación de buenos hábitos que llegar a poseer unos conocimientos amplios. Los hábitos se forjan con mucha más facilidad y eficacia en los primeros años de vida; es entonces cuando los niños los adquieren porque es el período más crítico, dinámico y potencial de la vida para aprender.

Además, los hábitos que se adquieren en estos primeros años se van adaptando a la personalidad de cada uno, convirtiéndose así en valiosos recursos de identidad personal. La adquisición de hábitos en los niños requiere una labor continuada y metódica por parte del adulto; es una tarea que necesita exigencias de corrección, normas, valores y conductas globales.

Por ello, se debe plantear qué hábitos se van a trabajar con los niños cada día y procurar establecerlos en todos los ambientes que rodean al niño: la familia y el colegio. En la educación de los hábitos sucede que, con frecuencia, los adultos estamos tentados a pensar que sólo pueden adquirirse cuando se ha cumplido determinadas edades.

No obstante, si analizamos nuestra forma de desenvolvernos habitualmente, podemos comprobar que muchos hábitos nos los enseñaron y exigieron muy pronto. Y si no lo hicieron así, es posible que reconozcamos que hemos gastado demasiados esfuerzos y energía para conseguirlos más tarde.

Desde el punto de vista escolar, cada vez son más los alumnos que, teniendo una inteligencia normal, no obtienen buenos rendimientos académicos debido a la ausencia de hábitos básicos: la inteligencia está constituida en gran parte por hábitos y destrezas de muchas capacidades que, desarrollados a tiempo, facilitan el éxito de los escolares en la educación obligatoria.

Expuesta la importancia que tiene para los niños la adquisición de hábitos, sólo nos resta recordar a todos que es una tarea de competencia mixta entre padres y educadores y que plantea la necesidad de que exista, por tanto, una estrecha colaboración para llevar a cabo acciones conjuntas y coordinadas.

El intercambio de información entre padres y profesor-tutor se revela como fundamental. Ambas instituciones, escuela y familia, no deben ser agentes estancos e incomunicados que sólo interactúan en ocasiones muy especiales (periodo de adaptación, reuniones, fiestas, entrega de boletines...). Por ello, el centro escolar debe potenciar la participación activa de la familia en la educación escolar del niño, haciéndole sentir responsable a través de los diferentes medios pedagógicos que se programen a nivel de centro.

Pero no sólo dentro del centro, la educación en casa debe ser consensuada entre ambos, ofreciendo el profesorado pautas científicas y utilizando a la familia como principal medio de información sobre cómo se está produciendo el desarrollo del niño fuera del centro. Ambas instituciones, familia y escuela, son esenciales en la adquisición de valores, hábitos y actitudes del alumno.

Javier Úbeda Ibáñez

sábado, 29 de agosto de 2009

La educación en la vida humana. El proyecto personal del hombre


Javier Úbeda Ibáñez
Escritor


Del concepto mismo de educación se puede inferir con claridad la íntima relación que tiene la educación y la vida humana. Todo el mundo acepta sin dificultad que la educación es preparación para la vida. Es más, la educación es propiamente vida, porque es actividad y perfección.

La educación se refiere y se realiza primariamente en el orden personal. Debe entenderse que lo personal no se refiere exclusivamente a las características individuales y peculiares de cada ser humano, pues la persona humana es una realidad abierta que no se puede desarrollar sino a través de la comunicación. De aquí que la educación, siendo una realidad primariamente individual, se proyecta también en la vida social del hombre.

Vista en la perspectiva social, la educación como preparación para la vida plantea muy serios problemas. Basta tener en cuenta que una característica de la sociedad actual es el cambio rápido. Por tanto, más que proporcionar determinados conocimientos concretos, o normas y patrones de actitudes y reacciones para problemas y situaciones sociales dadas, interesa capacitar al hombre para conocer cualquier situación en que se puede encontrar y saber cómo debe reaccionar adecuadamente a ella. Más que la adquisición de un conocimiento enciclopédico, interesa el desarrollo de hábitos de trabajo intelectual y de criterios de valoración.

Si el hombre se ha de mover en una sociedad compleja y cambiante, el problema está en hacerle capaz de distinguir lo importante de lo trivial, lo permanente de lo transitorio, lo real de lo aparente. Sólo así el hombre podrá ir seguro por un mundo propicio a la confusión y en el que reina la ambigüedad; sólo así será capaz de encontrar camino en el mar, entre las olas senda segura (Sab. 14, 3). La educación, si tiene como fin el desarrollo pleno de todas las facultades del hombre, ha de tener siempre en cuenta su dimensión espiritual y el fin último trascendente al que está llamado por Dios.

domingo, 2 de agosto de 2009

El problema de los adolescentes de hoy




El grave problema de los adolescentes; algunas propuestas


Tenemos un grave problema con buena parte de nuestros adolescentes y jóvenes. Negarlo es quedar ciego ante la luz de la verdad. Y ese problema no se arregla solo rebajando la edad penal, porque es demasiado extenso y profundo, y porque su raíz está en la sociedad y los poderes públicos.

Cuando somos niños pequeños nos enseñan a discernir entre lo que es un bien para nosotros o los demás, y lo que representa la incitación a un deseo. Esta es la base de la educación (exégesis) “no comas esto,” “no bebas aquello”, “no hagas esto otro”. Desarrollar aquella capacidad de discernimiento es el fundamento de la educación.

También sabemos que cualquier práctica que deseemos emprender con posibilidades de éxito, en la ganadería, jugando al ajedrez, o ser empresario, exige inexorablemente conocer cuáles son los bienes relacionados con la práctica –y, por tanto, los males-. Un agricultor no puede pecar de inconstante porque las vacas necesitan el ordeño diario al igual que la alimentación de los animales; la paciencia es necesaria para el ajedrez; y la confianza básica para el empresario. Se necesita además la práctica y los medios necesarios para alcanzar aquellos bienes. Para conseguir todo esto nuestros deseos deben ser encauzados, educados, y que ésta solo pueda ser una actitud permanente.

Pues bien, ser humano, vivir la propia vida, es más decisivo que cualquier actividad concreta, lo que vale cuando éramos niños, y después, para ser ganadero, ajedrecista o empresario, todavía es más necesario para realizarnos como personas. Es evidente que exige saber distinguir entre lo bueno y el simple deseo, como aprendimos, o así debería haber sido en la infancia. El problema que padecen un número creciente de adolescentes es que tal aprendizaje les ha sido negado y deformado, por incapacidad de sus padres, primero; maestro, después; y la sociedad, en general, o por la actitud deliberada que considera que aquellas condiciones que son las que razonablemente nos exigimos para el desempeño de cualquier tarea, incluso el más sencillo de los hobbys, no debe aplicarse a la educación de las personas. Por esta causa violan tanto, agreden y son cada vez más violentos. Se drogan más y más pronto e incurren en una dañina promiscuidad Asumiendo hábitos dañinos que les pasarán factura a los 30, 40 años.

Por consiguiente, debemos recuperar la educación del deseo, la capacidad de discernir el bien y practicarlo. Para ello es necesario ayudar a que cada uno entienda y descubra cuál es la mejor forma de vivir para nosotros, porque con nuestras actitudes expresamos alguna manera de lo que cada uno entiende por felicidad, en términos de bienes, no de deseos, de manera que sepamos cuál es nuestro gran bien último, como nos organizamos en relación a los otros bienes y qué estamos dispuestos a sacrificar.

En nuestra cultura clásica el fin último -la felicidad- podía alcanzarse por medio de la sabiduría, como Platón; con su ejercicio en la política; mediante las virtudes adquiridas, como Aristóteles; o en una relación perfeccionada con Dios, como Tomás de Aquino; o en las tres. En cualquier caso, la felicidad nunca podía surgir de la búsqueda sistemática del placer, el poder o el dinero –como fin último, como hiperbién-, lo que no niega las posibilidades de cada uno como medios secundarios. De ahí la importancia de la educación para reconocerse en uno mismo si se está haciendo algo para alcanzar el fin bueno, o realmente en la práctica solo estamos enmascarando nuestro deseo de placer, poder, dinero. Y esto es, sobre todo, una reflexión práctica.

Y porque se trata de práctica y la pregunta no puede sólo formularse sobre el yo -¿qué debo hacer?- sino sobre el nosotros, debe entrar en juego la razón deliberativa porque el criterio del otro nos ayuda a superar nuestras concepciones erróneas sobre la manera de alcanzar nuestro fin último, de manera que cuando persigamos fines genuinamente buenos, sepamos ver cuando no los perseguimos por este motivo sino porque redundará en dinero o en poder. Por esto es tan importante la deliberación en el proceso educativo, siempre y cuando no degenere en corrupción; es decir, cuando los demás se esfuercen en ejercitar las virtudes de la objetividad.

El escultismo clásico -no, evidentemente algunas mutaciones posteriores- es la gran escuela de formación de niños y adolescentes, porque encauza, entre otras, la tendencia al pandillismo, al liderazgo y socialización del adolescente en el sistema de patrullas que funciona bajo criterios de bien muy poderosos, la Ley Scout y su promesa, el raciocinio y la corrección deliberativa, las reuniones de patrulla, los consejos de honor, constituyen un proceso de deliberación racional compartida para lograr bienes últimos: el honor, la lealtad, el servicio a los demás, la fraternidad entre scouts; la cortesía el amor a los animales y a la naturaleza, la obediencia, el espíritu de sacrificio y de superación, la formación de la personalidad y del cuerpo, mediante la práctica, esto es, la acción, el testimonio y el compromiso

En una cultura desvinculada y su expresión, las políticas del deseo y la burocracia de la despersonalización, recuperar el estudio y divulgación de los grandes educadores de la sociedad como Aristóteles y Tomás es tan necesario como lo fue en las épocas más negras de la historia humana, en otro plano, el de la vida cotidiana, la profundización de la naturaleza y métodos como los del escultismo clásico, sin las deformaciones que incorporaron las crisis post sesenta y ocho.


Josef Miró
Fuente: Forum Libertas
Comentario Editorial:
Este es un excelente artículo para reflexionar sobre la profundidad de la problemática adolescente en la sociedad actual. Como ya lo veníamos perfilando en otros artículos publicados en este blog, el punto de partida para la formación de personas fuertes y capaces de obrar persiguiendo el bien propio sin ignorar el bien ajeno, pasa por la formación desde muy pequeños, de una conciencia recta capaz de expresarse y elegir libremente el bien. En esta cruzada, los padres -primeros educadores- tienen un papel irreemplazable.

domingo, 21 de junio de 2009

Mal comportamiento infantil


Los niños a veces tienen malas conductas o simplemente "caprichos". Es común observarlo en la calle - por ejemplo o en algún lugar público- la manera en que algunos niños manipulan a sus padres y éstos responden a esta conducta sancionándolos con algún castigo, lo más común un sacudón, un tirón de cabellos o gritos pero esto es contraproducente, pues estas reacciones de los niños no pueden ser sancionadas con castigos y sí, en cambio, aprender a recompensar los buenos actos y actitudes positivas.

El objetivo que persiguen los padres, en general, es que los hijos aprendan pautas de comportamiento, de ahí que será útil buscar técnicas efectivas a largo plazo. Los castigos inmediatos producen un efecto momentáneo pero, las recompensas, dicen los expertos, que consiguen efectos estables y duraderos.
Uno podría preguntarse porqué habría que recompensar una conducta que se supone debe ser la correcta pero debemos pensar que las personas son más proclives a realizar cosas en las que encuentran una compensación y evitan aquéllo que les supone un esfuerzo o dificultad que deducen, no será recompensada.

Los niños, aprenden y repiten mejor aquellos comportamientos que saben les producirá algún beneficio pero los adultos deberán ser prudentes en la forma de administrar las recompensas y sobre todo no abusar de ellas.Y cuando se habla de recompensas, lo más común es que se piense en algún bien material sin advertir que las recompensas más eficaces no tienen mucho que ver con lo material y sí en cambio, con lo inmaterial como el elogio, la atención, el afecto, la compañía, todas muy económicas y rentables.

Pero ¿qué es lo que debe recompensarse?, cosas simples pero siempre aplicar la recompensa en el mismo momento que el niño realizó algo correctamente ya que si se pospone, se corre el riesgo de que el niño olvide por que lo están premiando.

Aún así, no es necesario recompensarlo cada vez que hace algo bueno, sino hacerlo una vez cada tanto para que no pueda especular con la recompensa y así se convierta en alguien que hará las cosas por interés y no porque debe hacerlas.
En el caso de los niños muy conflictivos, si los padres no encuentran conductas que compensar, habrá que informarle al niño sin exaltarse ni de manera violenta, lo poco apropiada que es la conducta que ha tenido hasta ese momento.Lo más importante es que los padres inculquen a sus hijos nuevas conductas que más tarde les permita sociabilizarse positivamente.

Se trata también de aprender a poner límites, algo que muchos padres no hacen por miedo a recibir el rechazo de sus hijos o porque tratan de no repetir patrones autoritarios en los cuales se criaron. Pero hay padres que no ponen límites porque no saben o por comodidad, ya que es mucho más fácil decir "sí" que "no".

Es un gran error porque los niños en el fondo saben que los padres, aunque les pongan límites, los quieren y ellos también quieren a sus padres porque son sus referentes, aunque a veces discutan. Los adultos por su parte, deben conocer sus propios límites porque si ellos no los tienen, tampoco sabrán ponerlos.

A medida que los hijos crecen hay que ir adecuando las técnicas y trabajar en base a la negociación, aún reconociendo que hay asuntos que no son negociables, por ejemplo si un niño o niña asiste a una fiesta y vuelve alcoholizado ¿cuál sería la actitud a adoptar por los padres?. Las respuestas las tienen que buscar en el seno de la familia, ya que en ella crecieron esos niños y sería útil repasar los valores y normas sobre los cuales se edificó la misma.

Es importante sí, no perder la posibilidad de ejercer un estilo comunicativo con los hijos, mostrándoles que estamos diciendo cosas pero acompañando las mismas con gestos corporales que las acrediten; el lenguaje verbal y el no verbal no deben contradecirse. Una actitud muy importante en estos casos es la coherencia, explicar el por qué de alguna decisión a tomar y actuar de la misma manera que se les pide a los hijos que actúen, escuchando con atención, mirando a los ojos y manteniendo una actitud calma, resaltando lo que hacen bien y poniendo límites que tengan valor sin chantajearlos emocionalmente con dichos como que la mamá se entristecerá si persiste en su conducta.

Si algo está mal, está mal y hay que decírselo, de lo contrario, ¿quién se lo dirá?. Se supone que los padres son los que deben acompañar el crecimiento y dar algunas señales de lo que está bien o mal, para eso son los adultos.

El tiempo que se supone se "gasta" en hablar y enseñan o modificar o corregir, redundará en beneficio futuro. Por último entender que la puesta de límites no avala que el adulto se sobrepase y sea demasiado extricto; los límites sirven para evitar que los niños y niñas crezcan teniendo poca resistencia a la frustración o vayan en camino de ser malos perdedores.

Decirles a los hijos que los amamos y hacer que se sientan amados es muy buno, pero también hay que hacerles saber que no siempre todo cuanto hacen está bien. La profesora Ángels Geis, experta en estos temas dice que "Pensar que ésto ya lo aprenderá en el colegio, es una equivocación porque la escuela cada año tiene unos profesores diferentes y sólo ocupa un veinticinco por ciento del tiempo del niño"